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Ramón Palacín (EY Abogados): “Ojalá tuviéramos más campeones nacionales”

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La abogacía sobresale entre los sectores que mejor han resistido la crisis sanitaria y económica. Gracias, especialmente, a servicios como los relacionados con los diferentes conflictos de carácter tributario. Ramón Palacín, socio director de EY Abogados, analiza con Capital la actualidad del sector, la reforma fiscal en ciernes y las claves que podrían conseguir dos objetivos que deben ir siempre en un mismo sentido: crecimiento económico y aumento de la recaudación.

En su opinión, ¿la reforma tributaria que prepara el Gobierno -por lo menos, lo que vamos conociendo- va en la línea correcta?

Tengo mis dudas, los primeros pasos no son especialmente esperanzadores. La reflexión acerca del sistema fiscal en Epaña debe ser de conjunto, pero aprecio un exceso de dogmatismo, y, por tanto, de anticipación de las conclusiones, ante el trabajo del grupo de expertos constituido por el Ministerio de Hacienda. Existe un déficit de recaudación respecto al PIB, especialmente si nos comparamos con Francia o con Alemania. Y debemos compararnos con estas economías porque nuestro modelo de estado del bienestar es similar, a diferencia de otros, como el anglosajón, en el que el peso de los ingresos fiscales respecto del PIB es mucho menor. Ahora bien, cuando concluimos que la brecha fis[1]cal procede del déficit de contribución de las empresas y de las personas con mayores niveles de renta, estamos prejuzgando una conclusión que debería alcanzarse en el seno del comité de expertos. Yo creo que es posible que en esa reflexión inicial sobre ideología y falte técnica tributaria.

¿Qué cree que falla en el sistema fiscal?

 Si analizamos el IVA, vemos que es el impuesto en el que tenemos más millones de euros de déficit de recauda[1]ción respecto a países como Francia. Tenemos muchos productos y servicios a tipo reducido que, en otros países, están a tipo general. Ese es un factor que debemos tener en cuenta. Por otro lado, la propia progresividad del IRPF, es decir, la escala de tipos impositivos del IRPF, ya es altísima. No tenemos tipos marginales -o tipos máximos- más bajos que los que pagan los alemanes o los franceses, en general. Son tan altos como los de estos países. El problema es de renta per cápita. En España tenemos menos contribuyentes de rentas medias y altas, en términos estadísticos, que los que hay en Francia y Alemania. Es un problema de estructura económica y de estratificación de la renta. La propia eficacia de la política fiscal para lograr un efecto redistributivo ha quedado claro que no funciona. Es más fácil redistribuir rentas a través del gasto público y recaudar más, probablemente, a través de una estructura fiscal que incentive el crecimiento, la innovación o el emprendimiento, que a través del mecanismo contrario.

¿Y qué propone para mejorar este déficit de recaudación?

Deberíamos reconsiderar ciertas exenciones o bonificaciones en el IVA, no modificar demasiado el IRPF y entender que la situación que tenemos en el impuesto de Sociedades es semejante a la de países de nuestro entorno. En el plan de la Administración Biden para el impuesto de Sociedades, la recaudación es inferior a la que registra España en porcentaje del PIB. Nuestro país está casi en la media de la OCDE en cuanto a recaudación por Sociedades, en el entorno del 2%, prácticamente al nivel de Francia y Alemania.

¿Qué perfil de empresas necesita España si quiere elevar la recaudación por Sociedades?

 En su momento se acuño el término “campeones nacionales”, y, aunque estamos orgullosos de ser un país de autónomos y microempresas, la mayor parte de la recaudación procede de las empresas más grandes. Ojalá tuviéramos más. Si la estructura media del impuesto sobre Sociedades favoreciera la consolidación fiscal o la fusión de empresas medianas para crear otras más grandes, probablemente mejoraríamos a todos los niveles. Una empresa más grande tiene más capacidad de inversión, de mantenimiento del empleo o de internacionalización.

¿No sería necesario también reducir tipos en algunas de las figuras tributarias?

Es posible que debieran hacerse algunos cambios que permitieran a las empresas que lo están pasando peor, o que arriesgan más, tener cierto alivio fiscal. Es el caso, por ejemplo, de la compensación de las bases imponibles negativas, que debería permitir un mayor alivio a las empresas que han tenido mayores problemas en los últimos años, sobre todo en 2020. Además, contamos con incentivos a la innovación como el patent box están a la altura de lo que hacen los países de nuestro entorno. Yo propondría, si es posible, que se activen los mecanismos de concertación, es decir, que exista la posibilidad de que los contribuyentes, cuando utilizan este tipo de figuras, gocen de una seguridad jurídica que hoy no tienen.

¿Y cómo podríamos mejorar el funcionamiento de la Agencia Tributaria?

Básicamente, la recaudación de la Agencia Tributaria (AEAT) en actas de inspección asciende al 1,5% del PIB. Eso quiere decir que, en la práctica, se cuenta con la actividad inspectora como mecanismo para reducir el déficit público. Por tanto, la presión que existe para que la Agencia Tributaria cumpla sus objetivos de inspección y logre el encaje presupuestario, es altísimo. Eso no favorece la seguridad jurídica. La formulación de los objetivos de la AEAT, sin perjuicio de que deba tener previsiones macroeconómicas, debería escapar de la lógica partidista y de los programas de Gobierno. Deberíamos abogar por un papel más neutral y más institucional para la AEAT, al nivel de otros reguladores. Las líneas de actuación deberían tener un control parlamentario, igual que los principales nombramientos. Me parece que hablamos mucho de transparencia, pero ningún Gobierno se ha planteado nunca esto.

¿Qué le parece la propuesta de armonizar tributos como el de Sociedades o el de determinados servicios digitales (tasa Google) a nivel global?

Somos uno de los pocos países que adoptó la tasa Google, y creo que fue un error. Cinco países de la UE (Alemania, Francia, Italia, España y Reino Unido, que ya no está) enviaron una carta a la Comisión Europea (CE) invitando a la participación activa en el debate de la imposición digital a nivel de la OCDE y a la toma de soluciones aceleradas. Por unas razones o por otras, todos han ido cayendo. Francia anunció una condonación o devolución de los impuestos cobrados cuando se aprobara la normativa a nivel OCDE; Alemania se descolgó alegando problemas aduaneros por el incremento de costes de exportación a EEUU que iba a tener. España, Italia y Francia, a medias, se han quedado solos con la tasa Google. La administración Trump estableció una reforma fiscal muy medita[1]da, con una relación muy estrecha entre política comercial y política fiscal. En el mundo actual, es un grave error no vincular ambas cosas.

¿Cree que las multinacionales, como se dice en determinados ámbitos, realmente pagan pocos impuestos?

Ciertas multinacionales pagan pocos impuestos, pero no es el caso, desde luego, de las españolas. El problema reside en que algunos negocios, especialmente los digitales, tienen la capacidad, cada vez más acusada, de elegir la estructura tributaria y los lugares en los que pagan impuestos. En negocios regulados, esto es muy difícil. En sectores con una movilidad tan grande del capital, como los negocios digitales, es cierto que ese efecto lo hemos percibido en determinados casos. Las Administraciones Tributarias reprochan a las multinacionales que pagan pocos impuestos, pero nunca las administraciones tributarias han contado con mecanismos de control y rastreo como los que tienen ahora.

Se cumplen dos años desde que asumió la codirección de EY Abogados, ¿qué balance hace de este periodo?

 Es un balance bueno, nunca pensé que tendría la oportunidad de liderar un despacho de abogados como EY Abogados, el quinto a nivel nacional y el segundo del segmento de las Big Four, con una facturación de 135 millones de euros y 900 profesionales. EY Abogados es lo que es gracias a las personas que trabajan en ella. Es muy gratificante. Fundamentalmente, somos lo que son nuestros socios, nuestros abogados y nuestros equipos. Gracias a nuestra calidad e innovación, los clientes confían en nosotros para solucionar sus propios problemas. Los despachos de abogados tienden a ser demasiado endogámicos y a mirar qué les hace mejores que los demás, y la clave para mí reside en pensar cómo podemos ayudar mejor a nuestros clientes. Antes de la pandemia, en diciembre de 2019, nos juntamos todos los socios en una reunión para elaborar el propósito, la misión de la firma. Más allá de la rentabilidad financiera que pudiéramos aportar. Fue un punto de inflexión, generamos mucha empatía, confianza y credibilidad en el proyecto.

¿Cuál es la propuesta de valor que permitirá a la firma crecer en este entorno competitivo?

Gira en torno a tres ejes fundamentales. El primero de ellos es el de la creación de valor a través de la innovación. Adoptamos soluciones distintas, flexibles y adaptadas al momento en el que vivamos. El segundo, es la confianza para las propias empresas, que son nuestros clientes. Somos una firma de servicios profesionales que buscar aportar confianza y valor a las empresas, como motor de la economía. El tercero es el talento, ya que las personas lo son todo en este negocio. Detrás de una empresa siempre hay un equipo de personas y esas personas son a las que tenemos que conquistar. Son personas que te prescriben, y, cada vez que salimos de una reunión, cuando nos vamos, tenemos que buscar que hablen de nosotros.

La Firma ha sido muy activa en la incorporación de profesionales, ¿qué busca EY Abogados cuando refuerza su equipo?

La primera clave es el crecimiento. Si queremos estar a la vanguardia, tenemos que ver si lo que hay fuera mejora los recursos que hay dentro. Esto no implica infravalorar a nuestros profesionales, es al revés. Cuando incorporamos a alguien que viene de fuera y los que están dentro se preocupan por cómo afecta esto a su futuro, siempre les digo que los que vengan al equipo deben hacerlo para sumar, para aportar. Si podemos ir a mayor velocidad y mejor, adelante.

¿Qué previsiones se fija EY Abogados para 2021?

Nosotros estamos logrando un crecimiento sostenido de la actividad, del 5%, pero, puesto en contexto con el comportamiento del conjunto de la economía, es altísimo. De más de 10 puntos, seguramente. Nos favorece trabajar con sectores de la economía que han padecido menos la crisis, como es el caso de las grandes empresas de telecomunicaciones, energéticas y financieras. Nuestra actividad está concentrada en el segmento menos perjudicado. Además, la abogacía incorpora un componente anticíclico. Hay servicios cuya demanda crece en periodos de crisis, como las refinanciaciones, los problemas de tesorería o los mecanismos de externalización (outsourcing) como herramientas para ahorrar costes. También incluimos aquí los servicios de contabilidad o los de compliance (cumplimiento) fiscal. Si la firma ha innovado lo suficiente, está bien posicionada. La controversia tributaria y la controversia mercantil han subido, con muchos pleitos en el sector retail con conflictos entre inquilinos y arrendadores. Todo ello abre muchas oportunidades a la abogacía.

EY Abogados acaba de ser designado como administrador concursal de Abengoa, ¿qué futuro podemos esperar para la empresa?

Depende del propio contenido de la administración concursal y de qué posibilidades de viabilidad haya. Confío en las posibilidades de reflotar o revivir la actividad económica de Abengoa, un icono de España en materia de renovables. El concurso, en sí mismo, es una herramienta para intentar garantizar la viabilidad futura de la empresa. Estoy seguro de que nuestro equipo, que conoce bien los entresijos de la compañía por nuestra experiencia previa con concursos en otras filiales, tiene la capacidad para hacerlo. También dependerá de la decisión que los jueces tomen y de la flexibilidad de los acreedores.

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