Por Guillermo García-Muchacho, fundador de Cokrea.

Quien hoy en día lleva un reloj de manecillas sabe que no es una cosa muy actual. Y, sin embargo, existen y cohabitan con las nuevas propuestas de Apple u otras marcas. No es nostalgia, es por el valor intrínseco y oculto que nos trae un reloj de pulsera: prestigio, elegancia o respeto por el tiempo propio. Lo mismo pasó con el periódico en papel cuando nació el digital; o con la radio cuando nació la televisión. En esta línea, algunos early-birds llegaron a exclamar que, sin estar nadie prevenido, “ha llegado el fin de los puestos de trabajo”.

Quizá en aquel entonces nadie había preguntado ni al propio trabajador, que ya ha dejado claro en varias encuestas que solo en un pequeño porcentaje no quiere volver a saber nada del puesto presencial. El resto, entienden que aunque puede aumentar su calidad de vida gracias a una flexibilización, es necesario seguir acudiendo a una oficina. Simplemente, entonces, tendremos que aprender que van a convivir varias formas de trabajar. Y eso sí es adelantarse a lo que viene.

Los puestos de trabajo se van a desligar, de este modo, de algunas de sus características que no contextualizan correctamente con la realidad. Como el horario fijo en un sitio cada día o el seguimiento por parte de la empresa basándose únicamente en la presencialidad. De hecho, las nuevas generaciones ya encuentran estos conceptos lejanos, como una anécdota del pasado.

En este sentido, uno de los grandes brindis que nos hace la tecnología es el poder de omnipresencialidad y que ya es real en el trabajo. Somos capaces de estar en todas partes al mismo tiempo. Esto no solo permite que de cuando en cuando podamos conectarnos desde casa, si no que nos lleva a obtener oportunidades laborales sin límite geográfico, crear grupos de trabajo desperdigados por el globo o trabajar por objetivos o módulos de una manera mucho más natural.

Este cambio, que en el último lustro se ha venido dando de forma gradual, ha sido precipitado por la pandemia. Nosotros apostamos por una propuesta que permitiera puestos de trabajo híbridos con un valor diferencial para el cliente, ya que sus proyectos se atienden por equipos creados ad hoc, no por los que están en la oficina. El mejor talento queda, de este modo, a disposición de las empresas con un match perfecto que no observa límites geográficos ni presenciales.

Esta nueva forma de hacer las cosas ha dado lugar, de este modo, a puestos de empleo “híbridos”, en los que, a pesar de que se tenga una cualidad y rol específico, se puede participar de diversos proyectos y equipos a la vez. Por ejemplo, en el futuro las empresas no van a tener las oficinas en un coworking, sino que van a tener puestos de trabajo a su disposición allá donde viaje y según las necesidades que tenga. El puesto de trabajo brindará miles de contactos de networking, una rutina que no es rutina y múltiples espacios definidos por aspectos tan nuevos y evidentes, como por ejemplo ir a trabajar al coworking más cercano o llevar a cabo un proyecto con un nuevo equipo al que solo veo en persona una vez al mes.

Esta tendencia nos lleva al matchma-king. En esta línea, en Cokrea nos definimos como un “marketplace de talento creativo”, que innova dentro del el sector creativo y consiste en una dinámica de talento ad-hoc y on-demand, es decir, que los creativos trabajan para proyectos adaptados a sus cualidades técnicas, y por demanda. Siempre hemos creído en un modelo de puestos heterogéneos y de rotación, bajo el paradigma de la omnipresencialidad. En esta línea, es posible afirmar que es un win–win en rentabilidad para ambas partes.