Por José Francisco Rodríguez, Presidente de Revista Capital

Ha tardado un año, pero la recuperación económica está en marcha. Siempre es necesario incorporar un grado de incertidumbre, y no solo por posibles variantes del virus, sino por la mayor exposición a cambios jurídicos o legales que puedan afectar al tejido comercial y económico de la empresa española. A priori, y a la vista de los últimos informes como el BBVA Research, la reactivación del consumo mejora las perspectivas de cara al último trimestre del 2021, incluso con una intensa recuperación.

La economía española, una de las más castigadas por el Covid de toda la OCDE, crecerá con fuerza a lo largo de los próximos meses, pero no lo suficiente, pendiente de importantes reformas que afectan al tejido empresarial español. Según los datos del PIB, nuestro país es la economía europea más alejada de su nivel anterior a la crisis, un 6,8% por debajo, lo que supone casi el doble que la Unión Europea.

Algunos de los indicadores son claves, como son las nuevas afiliaciones que se está produciendo y la incorporación de trabajadores que salen de los ERTE, lo que casi con toda seguridad va a suponer un alza de las previsiones de crecimiento. Pero quizás, tenemos que entender las razones de este crecimiento, que se basa fundamentalmente en un fuerte incremento de la demanda interna. Ésta se está regenerando después de la eliminación de las restricciones el pasado mes de mayo y está provocando un fuerte incremento de la demanda interna. El uso de las tarjetas de crédito se ha disparado. Según diferentes fuentes, más de un 10% respecto al mismo mes del año pasado.

Pero no debemos caer en el error de la complacencia, porque lo cierto es que varios sectores muy importantes para nuestra economía estaban en una situación límite, y, simplemente, están recuperando una parte de la actividad. Sectores como la restauración o el gasto en turismo crecen rápidamente, pero solo en la senda de recuperar los resultados previos a la pandemia. En estos momentos, vemos como la recuperación de los sectores tradicionales confluye con la irrupción de las nuevas actividades apoyadas por los fondos europeos y, como ejemplo, el proyecto de reimpulso del “Espacio Nissan” y su apuesta por la industria de automoción electrificada.

La empresa, centrada en su recuperación

Estamos de acuerdo en que el consumo en servicios crece más que el de producción, pero con expectativas positivas, según refleja el indicador de expectativas económicas de la encuesta mensual que elabora el CIS. Pero también con incertidumbres, y un amplio debate sobre el impacto que puedan generas los fondos europeos en la economía productiva este año. Países como Estados Unidos y Canadá, que tienen avanzado el proceso de vacunación, vuelven a niveles de PIB anteriores a la pandemia. Esta especie de rebote económico está generando tensiones en la demanda de algunas materias primas, e incluso logísticos y riesgos inflacionistas, pero casi una lógica consecuencia del crecimiento tan acelerado de las diferentes economías.

En el caso de España, aún con muchas dudas de diferente naturaleza, las empresas han estado hasta ahora centradas casi al 100% en recuperar los niveles anteriores. A partir de este mes, vamos a volver a prestar atención al 2022 y a los proyectos de desarrollo empresarial y económico para el próximo año, basado en parte, en los apoyos de la Comisión Europea con el plan de recuperación. El Indicador de Confianza Empresarial Armonizado (ICEA) se disparó un 12,3% en el segundo trimestre del año, y esto refleja una mejora de las perspectivas que se trasladará a la economía.

Pero no nos dejemos llevar por el entusiasmo. El apoyo económico puede que lo tengamos, pero aspectos como el consumo interno, la capacidad de exportación, y los estímulos fiscales a la empresa, van a ser imprescindibles en 2022. Y sin dejar de observar de cerca la evolución de la inflación. La eliminación de algunos aranceles con EEUU es una medida que ayuda, pero un incremento de la inflación, aunque sea transitorio, perjudicará a las exportaciones. 

En cualquier caso, echo de menos un proyecto nacional vertical por sectores, que trascienda al nivel de las CCAA. Con este plan, apoyado en los Fondos Europeos, conseguiríamos dinamizar no solo sectores como el turismo, sino desarrollar e impulsar otros sectores manufactureros con potencial de crecimiento. Es el caso de industrias como la armamentística o la naval; el sector farmacéutico; los vehículos industriales; el transporte ferroviario, marítimo y aéreo, etc. 

Estoy convencido que España sigue teniendo una oportunidad como hub no solo de servicios, sino también industrial, pero una de las tareas prioritarias tiene que ser la eliminación de incertidumbres para atraer la inversión, el emprendimiento y el talento a largo plazo. Y a esto se le llama Pacto de estado.