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De urgencia social a ingrediente clave en la RSC: por qué la empresa debe promover la inclusión

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Capital analiza el impacto de los ODS en el ámbito empresarial con Ingeus; Fundación Adelias; Fundación Santa María la Real del Patrimonio Histórico y Discatel

La inclusión ha pasado de se un lema de pancarta a cuestión política y objetivo empresarial. Desde que los Objetivos de Desarrollo Sostenible que marca la ONU en la Agenda 2030 se han convertido en la vara que todo lo mide, cuestiones como el fin de las desigualdades sociales (ODS-10) acaban por extrapolarse a cada estrato social. La inclusión de todos los colectivos desfavorecidos es una urgencia que incumbe a la ciudadanía, al sector público y al sector privado. Algunas empresas en España ya están manos a la obra.

Capital entrevista a Gregori Cascante, CEO de Ingeus; Samira Brigüech, presidenta de la Fundación Adelias en España; a Álvaro Retortillo Osuna, director general de la Fundación Santa María la Real del Patrimonio Histórico y a José Luis Goytre, director de Discatel, proyecto de Responsabilidad Social de la AEERC (Asociación Española de Expertos en la Relación con Clientes).

Empleo e inclusión social

“El empleo es un elemento central en la vida de las personas, no solo es una cuestión económica”, explica Gregori Cascante, CEO de Ingeus en España. Se trata de “un factor esencial a  la hora de generar integración social y el primer paso para activar a las personas en situación de vulnerabilidad, desde el punto de vista de su bienestar no solo económico, sino también emocional”, añade Álvaro Retortillo, director general de la Fundación Santa María la Real del Patrimonio Histórico.

Conseguir un contrato lo suficientemente estable, “con una remuneración digna que permita la subsistencia y una mínima planificación de su futuro respecto a la vivienda y educación de sus hijos” es una necesidad básica, según José Luis Goytre, director de Discatel.

Goytre explica que hay, al menos, cuatro colectivos frágiles: “inmigrantes, mayores de 50 años, personas en exclusión social y personas con alguna discapacidad. Y dentro de ellos, de forma transversal, las mujeres”. Cascante explica que “los colectivos clásicos” son los que más riesgos presentan en términos de inserción laboral. Retortillo señala las características transversales que comparten los colectivos más desfavorecidos a nivel socio-económico: falta de empleo, permanencia en empleos precarios, salud física, psicológica y mental o el género.

“Actualmente vemos un agravamiento de las situaciones de exclusión que se hace estructural de forma más general en mujeres, mayores de 45 años, jóvenes sin estudios o población migrante, entre otros, a causa de situaciones como el desempleo de larga duración”, detalla.

“Cada año en paro reduce a la mitad las posibilidades de encontrar un empleo”

Gregori Cascante, CEO de Ingeus

“Hay una frontera a partir de los 56-57 años que hace muy difícil que una persona encuentre empleo”, explica Cascante. Sin embargo, coincide con Retortillo: todavía es más tajante la variable del tiempo en desempleo. La falta de continuidad en la experiencia laboral es el factor más determinante, según la experiencia de su empresa, especializada en la cuestión. “Cada año en desempleo reduce a la mitad las posibilidades de encontrar empleo”. Otra consecuencia es que la red de contactos, un ámbito fundamental en los tiempos que corren, mengua, volviendo a reducir las posibilidades de conseguir trabajo. “El paro acostumbra a pasar factura”, asegura el CEO de Ingeus.

Aunque el deterioro se da en diferentes niveles, la autoconfianza y el estado anímico son los mayores estragos. También, el empeoramiento de las capacidades cognitivas e incluso técnicas, el desentreno… Para más inri, desde hace año y medio, como consecuencia de la pandemia, cobra peso una vulnerabilidad sobrevenida sectorial: “Si has tenido la mala suerte de pertenecer a un “sector pandémico” -por llamarlo de alguna manera-, date por fastidiado”, añade Cascante. En su opinión, hay que “corregir el mercado para que incentive la no discriminación”.

Brecha de género y discriminación positiva

Otra cuestión a corregir según el CEO de Ingeus es la brecha de género. Con las políticas de discriminación positiva, “hay que ser eficientes, hacer las cosas bien y ver cuáles funcionan y cuáles no funcionan”. Contar con mecanismos que actúen de forma inversa a lo que se prevé, hacer experimentos, evaluar, comparar con la gestión en instituciones de diferente naturaleza… “Muchas veces el diablo está en los detalles”, asegura Cascante.

“A partir de esta generalidad, hay que configurar políticas públicas razonables. Mi impresión es que hay un exceso de ideología y una falta de afinamiento en lo que buscamos, el bien común que permita reducir las discriminaciones”, detalla el CEO de Ingeus.

En este sentido, la Fundación Santa María la Real señala que suele tener mejores ratios de éxito en términos de inserción cuando los programas son especializados. Retortillo explica que “actualmente, en torno al 60% de las mujeres que participan encuentran un empleo, sin embargo, la calidad del empleo en el caso de las mujeres es más baja. Se genera más empleabilidad, pero en muchas ocasiones de un carácter más precario”.

Algo similar ocurre en el sector de atención al cliente: según Discatel, “en 2020, las mujeres representan el 71% de los Contact Center en España”. El ratio en personas con discapacidad representa el 3% del total, añade Goytre desde la especialización de su proyecto.

“Cualquier empresa, por pequeña que sea, puede hacer RSC perfectamente”

Samira Brigüech, presidenta de la Fundación Adelias

Personas con discapacidad

Discatel, proyecto dedicado a mejorar, entre otras cosas, la empleabilidad de personas con discapacidad, explica que las necesidades laborales específicas del colectivo varían según el tipo y grado de discapacidad. Goytre enumera: “herramientas de apoyo, accesibilidad en el centro de trabajo y otras cuestiones relacionadas con la usabilidad, eliminación de barreras, etc”. “La accesibilidad es fundamental para la inclusión social de las personas con discapacidad. En un sector que crece en los últimos años, su apuesta ha sido “capacitar aún más a las personas con discapacidad en todas estas nuevas tecnologías y conocimientos digitales”.

El acompañamiento, que dura hasta los procesos de selección, contempla también herramientas de socialización. Manejar formularios o comunicación vía mail, Whatsapp,  Skype, Zoom… es fundamental. Por lo específico del sector, además, el componente social es fundamental: “Atender, cuidar y ayudar a personas (clientes) es cuestión de aptitud y vocación”, explica Marisol Peñafiel, la coordinadora de Discatel.

Infancia

En cualquier caso, el colectivo más sensible es la infancia, un ámbito tan protegido como incuestionable. Según Samira Brigüech, presidenta de la Fundación Adelias, “está demostrado científicamente… Los primeros años para un niño son fundamentales para su desarrollo a nivel cognitivo, a nivel de autoestima, de inquietudes, su desarrollo psico-emocional, su desarrollo físico…”. Por otro lado, cuando además se ha sufrido una experiencia traumática, las secuelas se vuelven grandes conflictos que sanar en el futuro.

En su posterior inserción al mundo laboral, este perfil se desarrolla distinto: “El pasado siempre vuelve, de una forma o de otra, pero vuelve, aunque tú no seas consciente de ello”. Es un perfil que tiende a obsesiones, inseguridades o necesidad de aprobación ajena. Saber encontrar el equilibrio es la clave, según la experiencia personal de Brigüech.

La brecha digital es una pieza importante del puzzle. La falta de acceso a la digitalización es un factor de riesgo en el abandono escolar y el desempleo. “El mínimo nivel de capacidad digital es un punto de partida: si no se tiene, las posibilidades se reducen de una manera radical. En España, el problema afecta a mucha gente, centenares de miles”, según el experto. En muchas ocasiones, el apoyo que necesita este colectivo pasa de la formación al propio soporte material, según explica Retortillo.

El constante cambio en el entorno laboral provoca que “cada vez más rápido, necesitamos desarrollar la habilidad de anticiparnos y entender que el aprendizaje ahora tiene que desarrollarse a lo largo de toda la vida”. La evolución, además, precisa también flexibilidad, adaptación al cambio, creatividad e inteligencia emocional.

“la ciudadanía debe tener unas capacidades digitales mínimas”

Álvaro Retortillo, director general de la Fundación Santa María la Real del Patrimonio Histórico

Concretamente, en el caso de Discatel, “el teletrabajo facilita enormemente a las personas con movilidad reducida, la posibilidad de trabajar desde su domicilio”.

¿Cómo ayudar?

La Fundación Adelias propone varias fórmulas: hacer voluntariado, reciclar y donar equipos aunque no se quiera, otros temas medioambientales, donar talento…  “hay que mover conciencias”. Hacer cosas no es tan complicado… “Solo hay que dar un paso hacia delante, y cualquier empresa, por pequeña que sea, hasta la frutería de la esquina, puede hacer RSC perfectamente”.

Cuando alguien pregunta “¿Yo qué puedo hacer? Es que no sé… Pues piensa un poco”.

Brigüech: “Un niño, al final, si tiene una buena educación tecnológica, tiene acceso a un ordenador, a Internet, hay una oportunidad de autoempleo. Porque el teletrabajo ha abierto una cantidad de oportunidades inmensas…” En su opinión, “sobrevivir no es suficiente, hay que formarles para que puedan tener un futuro, hay que darles una caña, como aquel que dice”.

“Vamos a tener un chute de financiación comunitaria muy focalizada en digitalización y verde, the next generation”. El trabajo en los próximos años no será absolutamente robótico-digitalizado, sino que creará nuevos empleos a su alrededor.Sin embargo, aunque el cambio digital es bestial, también es progresivo, explica Cascante.  “Hay que tener cuidado con algunos discursos que dicen que todos vamos a ser, prácticamente, o programadores, o youtubers o diseñadores de robots, ¿no? Sigue habiendo sectores industriales, de servicios… y así va a seguir siendo durante mucho tiempo”.

El CEO de Ingeus cree que interpretar mal las tendencias y los cambios puede llevar a darles más importancia de la que tienen, “yo creo que es un error, ese equilibrio hay que hacerlo”. Que el sector contact center crezca de forma exponencial demuestra “la viabilidad social y económica del teletrabajo y de la incorporación en las empresas de las personas con discapacidad, con talento, desde cualquier lugar”.

El teletrabajo, de hecho, es uno de los pilares en la estrategia de Discatel: “ha sido esencial para mantener la actividad económica del país”, explican.

Salud mental

En los Labs profesionales de la Fundación Santa María la Real, combinan la formación en habilidades y la filosofía de trabajo con el desarrollo en programas como sus lanzaderas, con formación técnica en profesionales de alta demanda. Gracias a la ayuda de empresas del sector, han podido sumergirse en campos como el desarrollo web, el e-commerce…

El próximo proyecto que la Fundación Adelias plantea a la Comunidad de Madrid se centra en la salud mental en niños y adolescentes tras la pandemia. “Los chavales se han enfrentado a muchas cosas que tienen que aprender a manejar”, explica su fundadora. De momento, el plan es hacer terapias grupales donde se promueva el debate y se toquen temas importantes para el colectivo. 

Brigüech lo tiene claro: “El dinero no es la cuestión, es el compromiso, la conciencia social”. En su opinión, “debería ser una obligación, si soy una empresa, tengo que hacer algo para la sociedad civil”. No solo las grandes empresas tienen que ser sensibles, “no se les puede dejar solo a las ONGs, colabora con las ONGs, aunque seas el frutero de la esquina, o el bar, también tienes que hacer algo”.

“La accesibilidad es fundamental para la inclusión social de las personas con discapacidad”

José Luis Goytre, director de Discatel

Sector privado y RSC

La Fundación Adelias explica que la RSC (Responsabilidad Social Corporativa) tiene un gran impacto en su trabajo. “Como empresa, lo que hacemos es mover conciencias”. Según Brigüech, las empresas acostumbran a tener su actividad RSC en otro país. “No puede ser que la RSC sea a nivel mundial y aquí, en nuestra localidad, no se haga nada. Hay que buscar fórmulas locales para hacer la cadena del bien más larga y tener que tener un proyecto de RSC local”.

Según Cascante, se trata de “tener una buena acción colectiva, plantear el bien común como elemento central del interés privado, para que ese interés privado tenga una dimensión colectiva”.

Cómo mide la Fundación Santa María la Real su impacto social podría ser una buena fórmula de evaluar el impacto social de proyectos de esta índole. Según explica su director, el Retorno Social de la Inversión (SROI) analiza cómo repercute a nivel social la inversión que se hace en un proyecto por parte de administraciones públicas y empresas. Gracias a un departamento interno especializado en la cuestión, “a día de hoy, por ejemplo, sabemos que programas como las Lanzaderas generan 2,6 euros de retorno a nivel social por cada euro invertido”.

Alianzas multisectoriales y colaboración público-privada

La fundadora de la Fundación Adelias cree que “hace falta más colaboración público-privada”. Según Brigüech, “el Gobierno va por un lado y las empresas privadas, por otro”. Durante la pandemia, la falta de acuerdo entre lo público y lo privado en temas realmente graves ha demostrado que “no aprovechamos los recursos de todos”.

Sin embargo, la parte privada ha insistido más en este punto, “contad con nuestros hospitales, con nuestra gente, derivadnos pacientes… si La Paz está petada, mandadlos aquí, hablemos”. Que en Madrid se vacune en el Corte Inglés o el Santander le parece “un hito, un logro enorme”. Lo compara con el caso estadounidense, donde los wall-mart se han puesto a disposición de la sociedad para la implementación de las vacunas.

Cascante coincide: “la pandemia ha obligado, al menos, a cambiar el discurso e incorporar la acción público-privada”. Él compara la situación española con Australia, donde la colaboración público-privada funciona. “Ahí hay una discusión en la que tengo más dudas que certezas”, explica. “¿Y si el sector privado no es capaz de generar empleo?”. En su opinión, la clave sería generar empleo público.

Propuestas como un sistema de garantía le generan muchas dudas, pero cree que hay que darle vueltas. La propia UE marca el camino en términos de empleo: “Hay una exigencia en la implementación de los next generation que van en esta vía”. Pero critica lo ancladas que están las culturas, las prevenciones ideológicas y las formas de hacer.

Retortillo, desde la Fundación Santa María la Real, está de acuerdo: “cada vez es más evidente la necesidad de llevar a cabo proyectos que combinen la participación de varios agentes”. Sin embargo, cree que “aún queda un largo camino por recorrer en varios niveles”. Señala la necesidad de reforzar las políticas de empleo para las personas en situación de mayor vulnerabilidad, combinándolas con un sistema de servicios asistenciales suficientes. Brigüech, por su parte, afirma que el cambio es paulatino, pero “hay que aprovecharlo para seguir esa estela”. Algo hemos avanzado.

En este punto, cuidar los detalles es, para Cascante, esencial. Por una parte, se necesita una Administración mucho más sensible, más flexible, que controle menos el proceso y más los resultados y, por otra, un sector privado consciente de su responsabilidad, que “no es generar beneficios, sino participar en que todo esto funcione un poco mejor para todos”. Aunque haya habido mejoras, aún estamos lejos de un verdadero mecanismo de colaboración. La propuesta de Retortillo va más allá: también habría que reforzar “la colaboración entre los propios agentes sociales del mismo nivel como pueden ser entidades sociales o las propias administraciones públicas, donde la gestión, en ambos casos, suele estar atomizada y fraccionada”.

Políticas y ayudas estatales

Según Retortillo, el papel del gobierno es crucial en la lucha contra la exclusión social, en los últimos años se han reactivado políticas sociales, en muchos casos insuficientes.

En la mayoría de ocasiones, las ayudas estatales se destinan a las grandes ONGs, no a pequeñas fundaciones. La Fundación Adelias asegura que jamás ha recibido una subvención: “todos los euros que han entrado han sido patrimonio personal, familiar y de amigos”. Brigüech señala la gran dependencia de fondos personales en proyectos como el suyo, aunque la ambición será mayor en un tiempo: “Tendremos que aspirar a ciertas ayudas que permitan ejecutar bien nuestro trabajo”.

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