domingo 27 • noviembre 2022

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Chema Martínez: “Eres tú quien construye tu propio muro”

“Antes tenías una determinada edad y estabas condenado a tener que estar en el sillón de tu casa, ahora somos capaces de marcarnos objetivos y nos hemos dado cuenta de que estar sano es mucho mejor” 

“Cuantos más fracasos acumules, más herramientas y soluciones tendrás para el futuro” 

“Puedo pasar sin desayunar, sin comer o sin cenar, pero no sin correr” 

Chema Martínez. Una vuelta. 400 metros. Plata. El máximo escalón del pódium está cerca, pero a su vez es necesario un último empujón. José Ríos, en cabeza. Esprinta. La campana suena y el bloque de cabeza avanza veloz. Martínez segundo, a rebufo, esperando su momento. 300 metros. Cambio de ritmo del madrileño. Adelanta a su compañero en el equipo nacional. Dieter Baumann le sigue. Últimos metros. Ríos cede y el alemán le supera. 

Mientras, Chema ‘Chemita’ Martínez se aproxima a su oro, su primer gran metal. Pero quiere asegurarlo. Confía en él, no mira atrás, enfoca su mirada en el objetivo. Baumann prosigue su escalada, pero el español se mantiene inquebrantable. Las gradas ya intuyen qué himno sonará en la ceremonia de las medallas, pero el protagonista aún no. No lo da por sentado. Llega. Traspasa la línea de meta y eleva los brazos. Podría haberlo hecho antes, pero decide ser cauto hasta el final, hasta que supera la barrera terrestre de cal blanca. Ahora sí: es campeón de Europa en los 10.000 metros.  

Así fue cómo Chema Martínez alcanzó el oro de su carrera, el que venía persiguiendo desde años atrás. Lo hizo en Múnich 2002, con una marca de 27:48:65, un tiempo estratosférico para un amateur que él recorrió sin despeinarse y seguro de sí mismo.

“Era consciente de todo, pero sabía que tenía que llegar a la meta. Por eso, en los últimos 300 metros nunca miré atrás. Eso denota confianza, estaba convencido de que era mi día y no pensaba en los demás”, recuerda este fondista español en conversación con Capital. Y asegura que, tanto en una carrera, como en la vida, “siempre pueden surgir imprevistos y [la victoria] es el fruto de la concentración, del deseo de cruzar la meta, justo cuando la cruzas”, porque “ni antes lo consigues ni un metro siquiera, sino en ese momento”. 

Concentración y esfuerzo  

Por eso, Martínez considera la concentración vital en los objetivos. Y él ha tenido muchos a lo largo de su carrera deportiva, la cual pasó de situarle como uno de los mejores corredores europeos de 10.000 metros a lanzarse a por los 42 kilómetros y 195 metros de la maratón, la prueba más exigente e histórica del atletismo. Aunque, para este madrileño, lo cierto es que la primera tiene mayores retos por delante.

La concentración en una y en otra es prácticamente la misma, pero en una más corta, como el 10.000 metros, la intensidad es mucho mayor y el umbral de tolerancia al sufrimiento es mucho más alta. Por eso, tienes que ser capaz de esforzarte un poquito más, porque el dolor es mucho más intenso y en esos 28 minutos surgen miles de emociones”

Así estuvo él durante 18 años, compitiendo al más alto nivel, pese a que en este tiempo no todo fueron buenas noticias. “Los momentos en los que has alcanzado tus objetivos son los que menos, pese a que son los que más recuerdas, pero durante toda mi vida he pasado muchos obstáculos y he tenido que superar muchos malos resultados que, a su vez, me han dado herramientas para conseguir la victoria”, apunta Martínez, quien cree que “lo que he conseguido ha sido fruto de todas las veces que no lo he logrado”. 

“Al final, un deportista tiene que estar acostumbrado a esos momentos de dificultad y superarlo, porque si no, no va a llegar nunca a ser un deportista de élite”, insiste. Ocurre igual en cualquier estrato de la vida, de la empresa, “las dificultades están en nuestro camino, pero cuanta más experiencia y fracasos acumules, más herramientas y soluciones tendrás para el futuro”.  

Pero, ¿qué ocurre con los grandes muros que de repente aparecen y se predisponen como una frontera entre el objetivo final y el propio ser? La distancia del maratón tiene uno: el kilómetro 32. Una barrera que Martínez ha superado en decenas de ocasiones, pese a que el cuerpo se pone al límite. Y no todo el mundo lo logra. Para él, este tipo de ‘obstáculos’ tienen una fácil solución. 

“El muro no deja de ser un poco la respuesta de tu organismo cuando llega a su límite, tu cuerpo te viene a decir que te has pasado y si no has entrenado es inquebrantable. Por eso la necesidad de utilizar tus herramientas, de realizar una gestión de propio recuerdo, de lo que eres capaz de hacer, y con esos recursos, a base de paciencia, ser capaz de conseguirlo y llegar a la meta”, afirma. Porque, tal y como apunta el atleta, “al final, eres tú quien construye tu propio muro”.  

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La importancia del deporte en la empresa y en la vida 

Actualmente cada vez son más las personas que buscan superar esta pared impuesta en atletismo y sumar maratones o carreras populares. Algo que Martínez celebra. “Llevamos muchos años viendo un boom de carreras populares, porque el deporte te da muchas cosas buenas. Y en los nuevos tiempos nos hemos dado cuenta de lo importante que es el deporte. Antes tenías una determinada edad y estabas condenado a tener que estar en el sillón de tu casa. Ahora no. Ahora somos capaces de marcarnos objetivos, independientemente de la edad, y todo el mundo se ha dado cuenta de que estar sano es mucho mejor”.  

Aunque, ahora bien, pese a que la población adulta “se ha dado cuenta de las bondades de llevar un estilo de vida sano”, también considera que “las familias tienen que ser capaces de educar a los pequeños, que son los que no tienen conciencia de que ese estilo de vida es lo que les permitirá ser mejores”. Por eso, entiende que “si los niños ven en sus casas unos hábitos de vida sanos, será más fácil que lo apliquen a modo de espejo”.  

Además, insiste en que “creo que descuidamos la actividad física en la escuela y habría que dar una vuelta de rosca al sistema educativo para incorporar más actividad física en sus múltiples variantes, porque es algo muy importante”. De hecho, las cifras así lo demuestran.  

La preocupación por la obesidad y sobrepeso infantil en España son cada vez más alarmantes. Según alertó la Sociedad Española de Obesidad (SEEDO), un 72% de los niños realizan menos actividad física que antes de la pandemia, y eso que, antes del confinamiento, un 40% de los niños de entre seis y nueve años tenían tasas de peso no adecuado, lo que impulsaba que un 80% de ellos se convertirían en adultos obesos si no se ponía remedio.  

Estas cifras entre los adultos tampoco difieren en exceso. Tal y como desvela el Estudio Nutricional de la Población Española (ENPE), el 53,6% de los españoles tiene obesidad o sobrepeso. Sin embargo, Martínez considera que, pese a las cifras, hay un lado opuesto de personas que apuestan cada vez más por el deporte y la salud como forma de vida.  

Esta mentalidad la ha observado precisamente en las charlas que realiza con empresas que buscan asesoramiento para fomentar el deporte entre sus empleados y que ha impulsado tras su retirada del deporte al más alto nivel, aunque no de la competición.

“Cada vez son más las empresas que se involucran mucho e incorporan el deseo de fomentar entornos que faciliten la eficiencia de cada empleado. Y el deporte es uno de ellos. Al final, una empresa quiere un estilo de vida saludable donde depositar todo el talento a nivel grupal e individual, e incorporar hábitos saludables fomenta que el empleado se sienta bien y pueda seguir mejorando individualmente”. 

Aunque, reconoce, se ha encontrado de todo. “Muchas veces a lo mejor te encuentras una falta de actitud porque hacer todos los días lo mismo puede suponer perder la motivación”, reconoce Martínez, quien cree que “una de las claves es tener claros los objetivos para definir así que el día a día sea mucho mejor”.

A esto hay que sumar “saber trabajar en grupo en las empresas”, porque “crear un buen ambiente de trabajo donde exista una buena actitud y una buena manera de compaginar las virtudes individuales para unirlas en el fin común te permite delegar y que cada uno tenga su protagonismo”. 

Una mentalidad a contrarreloj 

El suyo, ahora mismo, también está en las redes sociales. Y es que este madrileño ha pasado de atleta a influencer, o quizás comparta ambas profesiones. Sin embargo, puntualiza, al final sus labores en las redes sociales son sólo una “extensión” de su propio ser. “Mis redes son una prolongación de lo que soy y quien me sigue puede ver mi vida de tal forma que luego cuando me conocen observan que soy igual”.  

“Al final, las redes tienen que reflejar que he seguido trabajando desde hace muchos años y que lo doy todo en cada uno de mis objetivos, como también es seguir evolucionando e innovando, actualizándome. Es otra de las capacidades del trabajo: cada vez que nos planteamos algo, ponerlo todo de nuestra parte para cumplirlo”. Por eso, Chema Martínez trata de actualizarse “las 24 horas del día”. 

En este punto, la cuestión es clara: ¿cómo es posible que un deportista, teniendo en cuenta que una de las bases del deporte también es el descanso, no cese su actividad un minuto? La respuesta para Martínez es aún más concisa: “Yo lo del descanso lo compro, pero no voy a descansar nunca”. 

“Siempre trato de seguir superándome, y esa ambición y exceso de querer a mí me puede jugar en contra porque creo que el descanso es importante, pero no lo incorporo”, apunta este madrileño que pasó de correr los 5.000 metros a los 10.000, los 42 kilómetros de la maratón y, ya retirado de la alta competición, lanzarse a los ultramaratones.  

“Si quieres llegar a alcanzar tu mejor versión al final todo es importante. Un buen descanso lo es, pero también una buena nutrición y una buena hidratación”. Por eso, añade: “No puedo desconectar nunca del mundo, porque es uno de mis sellos de identidad, el de alguien muy trabajador y que todavía está deseando tener nuevos retos. Soy un emprendedor y un trabajador”.  

No solo eso, también un corredor. Porque, ¿dejará alguna vez las zapatillas este atleta? Martínez, sincero, lo niega. “No voy a poder de hacerlo nunca. Y eso que ya llevo más de 200.000 kilómetros. Puedo pasar sin desayunar, sin comer o sin cenar, pero no sin correr. El deporte me hace bien, me hace mejor, e, independientemente al ritmo que tenga que seguir corriendo en mi vida, no me la imagino sin correr”. 

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