viernes 20 • mayo 2022

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La vida, como epicentro del crecimiento sostenible

Por Alejandra Nuño, socióloga y experta en crecimiento empresarial  

crecimiento

Ahora que comienza el 2022, y tras haber realizado el pertinente balance, toca pensar en cuál podría ser el mejor cinturón de seguridad que nos mantenga en la senda del crecimiento sostenible. Sin dudarlo, si hay una apuesta segura, esa es la salud y el bienestar, porque si hay algo que hemos sacado en conclusión en todo lo que a corporativo se refiere es que “todo es salud.”  

La pandemia ha tenido, y tiene, múltiples variantes, y no todas son negativas. A raíz de la Covid-19 nació el fenómeno de la gran resignación americana, donde miles de trabajadores dejaban sus trabajos sin tener planes b de contingencia, y, por primera vez, esto no fue un problema, porque se habían llenado de autoconfianza (Antohony Klotz, 2021). Tener una nómina o un contrato fijo dejó de ser una fortaleza infranqueable para mitigar la incertidumbre. Y sinceramente, no pasó y no pasa nada.  

A consecuencia, se podría decir que estamos viviendo una encrucijada de autoafirmación. La paralización global del mundo abrió los ojos a miles de profesionales invitándoles a soñar, un caldo de cultivo que incentivó nuevas líneas de ser, de trabajar, de conciliar y de tomar las riendas de nuestras vidas, incluidas las laborales. 

Si añadimos el acceso al mercado global, facilitado por la democratización tecnológica, y la posibilidad de erigir nuestras voces dentro del accesible ecosistema digital, y, además, lo juntamos con el auge del e-commerce, vemos que se generó un pico de ansia de libertad que claudicó en la búsqueda activa de nuevos horizontes laborales. Incluido el autoempleo.   

Lejos de ser esta herejía un canto al no esfuerzo, personalmente, lo considero un avance social, tanto para las empresas como para las personas. Y detallo el porqué de mi razonamiento.

 La cultura del cuidado, en el centro de los negocios

Ante este nuevo contexto donde se ha producido un cambio perceptivo sobre lo que el trabajo debe significar para las personas, son muchas las empresas que, sin titubeos y con gran agilidad, han integrado en su propuesta de valor un pacto firme con “la cultura del cuidado”. Es decir, poner la vida en el centro de los negocios, humanizando transversalmente toda la operativa de la organización porque la salud es modelo de gestión en sí mismo. Sin salud y sin bienestar no hay crecimiento sostenible. 

Las corporaciones que asumen este compromiso cumplen con una integración real de la diversidad que concibe la pluralidad humana como fuente inagotable de riqueza, y más, cuando se compite por valor desarrollando soluciones múltiples. Son compañías que empoderan y llenan de autoestima a los equipos, recompensando el esfuerzo y la meritocracia, bajo la batuta de un liderazgo humanista al servicio de los demás. 

Estas organizaciones cuentan con jerarquías horizontales, que hablan con claridad y humildad, dando valor “al don de la palabra”, comunicarse significa reconocerse. Se concibe el trabajo en espacios que se adecuan a lo humano, y no al revés, diseñados de forma saludable que permiten colaborar en conjunto, o, por el contrario, pensar en soledad, y que son un incentivo para la creatividad. Empresas que saben que hay que generar climas de confianza y lo demuestran siendo flexibles. Por tanto, las compañías tienen una gran oportunidad para madurar en valor, poniendo a las personas, o a la vida, en el centro del negocio.  

En segunda instancia, todas aquellas personas que han decidido diseñar sus propias estructuras laborales –“job crafting”- puede ser una gran oportunidad para incentivar la excelencia y nuestras propias propuestas de valor bajo la batuta del “long life learning”. Una fórmula para capitalizar y diverisificar la experiencia, y un ejemplo podría ser el capital humano senior. No contar con ese conocimiento para el tejido productivo sería una gran pérdida que no nos podeos permitir. 

Hoy en día, se puede elegir como se quiere vivir y trabajar porque existen múltiples combinaciones y formatos (por proyectos, jornadas de cuatro días, la academia, etc.). Ser dueños de nuestra propia conciliación puede ser más honesto, fuente de autoestima que nos somete a un continuo compromiso con la excelencia. Puede, en definitiva, que sea más sano al ser fruto de la libertad y de vivir en coherencia con la vida, con la salud y con nuestro propio bienestar. Por tanto, también puede ser un avance. 

Como conclusión, vivimos en una sociedad dominada por el cambio, seamos recios con nosotros mismos, comprometiéndonos siempre con la excelencia, tengamos amplitud de miras hacia la diversidad humana, llenémonos de confianza para trabajar por valor y, por tanto, con flexibilidad, porque lo que importa verdaderamente son los resultados. Y esto se puede hacer desde estructuras honestas y sanas, colectivas o individuales. Tenemos una gran oportunidad de crecer en rentabilidad sostenible, al mismo tiempo que crecemos en capital social. Pero, eso sí, siempre, siempre, siempre al son de la vida, porque “todo es salud”.  

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