miércoles 05 • octubre 2022

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Residuos sanitarios: la nueva pandemia 

La OMS alerta de que, en los últimos dos años, se han generado y tratado de forma incorrecta más de 146.000 toneladas de desechos plásticos 

Alberto Remacha (proyecto Libera): “Los residuos se convierten en microplásticos, es un problema global que no se soluciona solo recogiendo basura” 

Este mes de marzo se cumplen dos años desde que la pandemia de la Covid-19 diera un giro de 360 grados a la vida de gran parte del planeta. En materia económica y de sostenibilidad, también. Los confinamientos y la distancia social bajaron, en un primer momento, los niveles de contaminación de grandes ciudades como Madrid o Barcelona hasta niveles que no se alcanzaban desde hacía décadas. Para paliar el primer momento de desabastecimiento de material sanitario, muchas empresas cambiaron su producción para tratar de llenar este hueco del mercado. Y, después de esto, la obligatoriedad del uso de mascarillas llegaba a toda la población. 

¿Cuál es el problema? El aumento incontrolado de residuos sanitarios y la difícil gestión de los mismos para la población. Hasta un punto en el que, hoy, dos años después, la Organización Mundial de la Salud (OMS) cuenta ya por toneladas la crisis climática provocada por los residuos sanitarios derivados de la pandemia, desde mascarillas hasta guantes, Equipos de Protección Individual (EPI) y pruebas diagnósticas. 

De hecho, la OMS acaba de publicar un informe, este mes de febrero, en el que alerta de cómo la crisis sanitaria ha devenido en una crisis de residuos debido al incorrecto tratamiento de los mismos. “Decenas de miles de toneladas de residuos médicos adicionales han ejercido una enorme presión sobre los sistemas de gestión de desechos de atención médica en todo el mundo, amenazando la salud humana y ambiental y exponiendo una necesidad imperiosa de mejorar las prácticas de gestión de desechos”, alerta el organismo de Naciones Unidas para la salud en el documento. 

Para elaborarlo, los autores se han basado en estimaciones que parten de las 87.000 toneladas de equipos de detección y protección personal adquiridos entre marzo de 2020 y noviembre de 2021 y que se enviaron a los países para hacer frente a la crisis. De esta manera, en el demoledor informe de la OMS, tan solo se tienen en cuenta el material sanitario enviado por la organización, lo cual es tan solo una parte del total que se ha utilizado a lo largo de toda la pandemia. 

Según los cálculos presentados en el informe, de los 140 millones de kits de pruebas diagnósticas que se repartieron en esos meses, se habrían generado 2.600 toneladas en residuos no infecciosos, de tipo plástico en su mayoría. Asimismo, la OMS estima que se habrían desechado 731.000 litros de residuos químicos. Las vacunas también han tenido su parte en este entramado de contaminación. 

Y es que la OMS alerta en el informe de que, desde diciembre de 2020, se han administrado más de 8.000 millones de dosis en todo el mundo, lo que habría originado, en consecuencia, aproximadamente 144.000 toneladas de desperdiciosque incluyen jeringas, agujas y cajas. De esta manera, estaríamos hablando de la suma de más de 146.600 toneladas de residuos generados en apenas dos años.  

En cuanto a los datos de desperdicios relacionados con los equipos de protección y pruebas diagnósticas, la OMS subraya que “solo proporciona una indicación inicial de la escala del problema de desechos de la Covid-19”. “No se tiene en cuenta ninguno de los productos básicos de la Covid-19 adquiridos fuera de la iniciativa, ni los residuos generados por el público, como máscaras médicas desechables”, reconocen los autores, quienes advierten, asimismo, que cerca del 30% de los establecimientos sanitarios de todo el mundo no están correctamente equipados para eliminar de forma correcta este tipo de residuos. 

En el caso de los países en vías de desarrollo, esta cifra alcanza el 60% de los centros hospitalarios, con el consiguiente problema de seguridad laboral. “Esta situación expone potencialmente a los trabajadores de la salud a lesiones por pinchazos de agujas, quemaduras y microorganismos patógenos, al mismo tiempo que afecta a las comunidades que viven cerca de los vertederos y sitios para la eliminación de desechos mal administrados a través del aire contaminado generado por la quema de desechos, la mala calidad del agua o las plagas”, explica la OMS. 

“La Covid-19 ha obligado al mundo a tener en cuenta las brechas y los aspectos desatendidos del flujo de desechos y cómo producimos, usamos y desechamos nuestros recursos para el cuidado de la salud, desde la cuna hasta la tumba”, subraya la Dra. Maria Neira, Directora de Medio Ambiente, Clima. Cambio y Salud en la OMS. Con todo, en nuestro país ya había organizaciones que desde el pasado año alertaban acerca de la gravedad de la situación. Es el caso del proyecto Libera, creado por SEO/BirdLife en alianza con Ecoembes con el objetivo de reducir la basura en los espacios naturales y que ha advertido y elaborado campañas para evitar esta situación. 

La pandemia eleva un 400% el volumen de residuos 

Alberto Remacha, portavoz del proyecto Libera, explica que, con la pandemia, la producción de mascarillas y guantes ha sido exponencial y, por tanto, el abandono también. “Nosotros, a través de la incidencia ciudadana, hacemos cuatro encuentros al año en los que miles de voluntarios salen al campo a recoger basura y a caracterizarla”, explica. Es decir, en cada uno de estos encuentros, los voluntarios recogen y clasifican la basura que encuentran, lo cual da como resultado una información que se vuelcan en una base de datos –que está alojada en el servidor del Ministerio para la Transición Ecológica- y que les permite medir los niveles de abandono, el tipo de basura, etc. 

Lo que sí hemos podido ver, analizando los últimos datos de 2020 en comparación con 2019, es que ha habido muchísimo incremento”, apunta. “En 2019 los voluntarios registraron unos 290 residuos médicos abandonados en áreas naturales, mientras que en 2020 ya iban por 1.600”, señala. Es decir, en apenas un año hubo un incremento del 400%, y, tal como indica Remacha, “por cómo va la evaluación de 2021, podemos suponer que este crecimiento ha continuado de forma exponencial”.  

Remacha reconoce que, por su finalidad y tipo de uso, este material tiene que ser desechables. “En lo que entramos es en el no abandono de estos residuos en el medio natural, así como en su gestión adecuada”, explica. De hecho, al abandonar una mascarilla en el campo o en la playa, no solo se está gestionando mal un residuo potencialmente infeccioso, sino que equivale, para el medio ambiente, a desechar plástico de forma incorrecta. 

“Entonces, esos residuos se van degradando en microplásticos”, dice Remacha. “Es el caso de los guantes, por ejemplo, ya que son muy transmisibles al medio ambiente tanto a través del suelo, si es en el campo, como a través de los ríos, que llegan hasta el mar”, asevera.  

La generación de estos residuos plásticos médicos es muy difícil de gestionar”, continúa Remacha, consciente de que se trata de “una situación de emergencia en la que no se puede prohibir que se produzcan, porque tampoco hay muchas más alternativas y la población las necesita para protegerse. Si, existen mascarillas reutilizables, y cuanto más se usen estas, menos residuos van al campo, pero en el caso de los guantes no hay mucha alternativa, porque deben ser desechados”, dice. 

Sin embargo, reconoce que, si no se tratan de manera correcta, estos residuos pueden traer consecuencias para el ser humano tan graves como la propia pandemia. “También hay muchas ocasiones en las que nos encontramos grandes acumulaciones de residuos higiénicos, como las toallitas húmedas, las cuales se acumulan en los cauces de los ríos y causan acumulaciones de cientos de toneladas”, relata.  

En el proyecto Libera llevan años denunciando el abandono de residuos plásticos. “Cada año vamos creciendo, y, con esto, vamos sumando entidades y organizaciones que se suman al proyecto y que, a su vez, divulgan y sensibilizan a más personas ante el problema”, explica, consciente de que se trata de “un problema global que no se soluciona solo recogiendo la basura”. “Esta se va a seguir acumulando si no cesa la fuente de abandono, y esto solo se puede lograr si millones de personas se conciencian de que el tratamiento de los residuos debe tenerse en cuenta”, asevera. 

El Gobierno de España, durante la desescalada, hizo público un manual para deshacerse de este tipo de material, poniendo en valor el reciclaje en los puntos limpios –esos lugares donde se pueden llevar para su reciclaje aquellos desechos que no tienen cabida en los contenedores habituales–. Si bien es cierto que durante las semanas en las que estuvieron en vigor las medidas más estrictas de confinamiento los puntos limpios permanecieron cerrados, a partir de mayo de 2020 estas zonas fueron reabriendo paulatinamente. 

A pesar de ello, la realidad es que este tipo de residuos rara vez llega a los puntos limpios, ni en España ni en muchos países. Teniendo esto en cuenta, y alertando, nuevamente, de la necesidad de poner en marcha medidas urgentes, la OMS ha insistido en su recomendación de usar paquetes ecológicos, materiales reciclables y biodegradables y equipos de protección personal (guantes y mascarillas) reutilizables. Pero, sobre todo, la organización invita a la inversión en tecnologías de tratamiento de residuos que no exigen su quemado o, directamente, en el sector del reciclaje. “Un cambio sistémico en la forma en que la atención de la salud gestiona sus desechos incluiría un escrutinio mayor y sistemático y mejores prácticas de adquisición”, abunda. 

Prendas de moda, la “segunda vida” de las mascarillas 

Quienes han llegado a este punto son las jóvenes de Bäloop, una start up que ha encontrado en las mascarillas desechadas el material perfecto para completar su proceso de reciclaje de prendas de moda. Laura González, del departamento de Producción de Bäloop explica que esta iniciativa comenzó “reciclando la ropa del textil post consumo, es decir, de la moda, y con ella hacíamos un material no tejido”. 

Igualmente, para las aplicaciones que querían desarrollar necesitaban complementar este no tejido con algún tipo de resina que le otorgara una cierta rigidez. “Pero, claro, éramos muy reticentes a utilizar resina porque se pierde bastante valor ecológico, así que estábamos buscando alternativas”, señala. Entonces, a raíz de la pandemia, en la cual se empezó a generar muchísimo residuo de este tipo, contemplaron la posibilidad de incorporar las mascarillas. Y fue un éxito. 

“Ya lo habíamos pensado antes con el textil sanitario de un solo uso que se utiliza en los hospitales, como las batas o los gorros, pero, justo a raíz de la pandemia, se empezó a generar muchísimo residuo de estas características”, dice González. “Hicimos la prueba y, efectivamente, comprobamos que nos funcionaba para lo que habíamos pensado desarrollar, que son láminas planas con características plásticas a partir 100% de residuos”, sostiene. “Entonces, a partir de aquí conseguimos utilizar todo el residuo textil, una parte sanitaria, y otra, del sector de la moda”, añade. 

En el caso de las mascarillas, cuentan con la colaboración de algunos centros médicos públicos y privados de Barcelona. “Se hace la recogida selectiva de este material con unos contenedores que les hemos proporcionado”, explica González. Después de esto, en primer lugar, se lleva a higienizar el material para poder manipularlo y, posteriormente, lo que hacen es triturarlo. “Nosotros lo hacemos con una maquinaria específica y, posteriormente, elaboramos el no tejido, que se compacta y se crea la lámina plástica”, añade. 

Todo empezó con un concurso universitario, “Recircular challenge”, que trataba de promover la economía circular a través de los proyectos universitarios, y el año que se presentaron justamente la temática era sobre los residuos textiles. “Fuimos las ganadoras de ese concurso y, a partir de ahí, entramos en un programa de emprendedores de la propia universidad y con ello hemos continuado, porque ha levantado bastante interés tanto a nivel institucional y público como de empresa privada”, relata González.  

Estas jóvenes consideran, por su experiencia, que en la cuestión de la concienciación ciudadana sí que se ha avanzado mucho. “La ciudadanía ha participado mucho y nos ha ayudado muchísimo”, dice. “Sin embargo, de momento no podemos decir lo mismo de las instituciones públicas, porque, aunque sí que hay mucho interés, no recibimos el apoyo suficiente”, explica, aunque es consciente de que no se trata de “falta de voluntad, sino todo el entramado burocrático, toda la jerarquía que se establece en las instituciones públicas es muy difícil que te digan ‘sí, adelante’. Es todo muy largo y complicado”, asevera.  

En una situación como la que está atravesando el planeta actualmente, en la que existe un problema muy grave sobre todo en lo relacionado con los residuos sanitarios, es precisamente cuando más necesario es que estas cosas se resuelvan de forma rápida y eficaz. “Nos preocupa mucho la falta de agilidad”, confirma González. En cuanto a perspectiva de futuro para Bäloop, explica que están estableciendo contactos con diferentes industrias a las que les pueda interesar el material para desarrollar sus propios productos. “Nosotras, al fin y al cabo, lo que elaboramos es el material”, dice, y “en función de lo que necesite cada industria, se puede adaptar nuestro material”. 

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