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Opinión

Redacción Capital

España boca abajo

Por José Francisco Rodríguez, presidente de Capital

JF

La tasa de inflación se dispara por la subida de los precios de la energía y de materias primas, pero lo hace en el peor momento para España. Sucede justo cuando el consumo se tenía que convertir en el motor de la recuperación de una economía que, en nuestro caso, tanto depende del poder de gasto de los consumidores.

Ya en los años 70 con Adolfo Suarez de presidente vivimos una situación en la que la inflación se desbocó, pero al contrario de lo que sucede en la actualidad, todo el foco de las políticas de aquel Gobierno se centró en controlar dicha subida siendo plenamente conscientes de que suponía un freno económico a la recuperación que afectaba a todos los indicadores: la competitividad, las exportaciones y, por supuesto, las políticas sociales.

Lógicamente, comparto la estrategia de priorizar el control a la inflación y a minimizar su impacto. Da igual si es estructural o no porque cada mes que sube, nos lastra aún más en el proceso de recuperación y sigue dilapidando euros a costa de la deuda, que, como ya conocemos, está en limites muy por encima del resto de países europeos.

Todo esto me resulta aún más sorprendente cuando seguimos observando cómo se siguen corriendo cortinas de humo de todo tipo en lugar de vertebrar una contención de la inflación, mirando la realidad en lugar de posicionarse ideológicamente.

La inflación nos hará más pobres y lo seremos cada vez más conforme empeoremos respecto a los países europeos, que, por cierto, también sufren las consecuencias de los costes energéticos. Tenemos un grave problema de perspectiva, donde los mensajes vacíos de justificación argumentan cualquier indicador negativo en lugar de ponerse manos a la obra bajo la idea de poner en marcha medidas a medio plazo, no al corto plazo. Por eso habría que apartar las medidas anticíclicas.

No es el momento incrementar los impuestos, de la intención gubernativa de controlar las instituciones, de subvencionar todo o de obstaculizar las mejores prácticas para la creación de empresas y atraer inversiones. Sin embargo, estamos viendo lo contrario. Y esto cada día me genera una mayor inquietud.

Estoy convencido que ya se ha iniciado la batalla electoral, pero ahora es el momento de las reformas con respaldos mayoritarios y de permitir que las empresas crezcan y mejoren su competitividad y, así, creen empleo. Aunque, por cierto, España sigue siendo el país de la OCDE con mayor tasa de paro.

De hecho, según los últimos datos del organismo, nuestro país dobla la media de los países de la OCDE y triplica la del G7. En concreto, la tasa del mes de febrero fue del 12,6% mientras que en la OCDE se ubicó en el 5,2% y entre los países del G7 en el 4,2%.

España tiene un problema estructural como es elevado déficit público y una muy alta deuda pública, con un sistema de pensiones al límite, de un desempleo elevadísimo, pero tiene un problema mayor: la falta de perspectiva para llegar a acuerdos de estado económicos. No puede ser que el objetivo principal solo sea llegar a la presidencia de la UE prevista para el segundo trimestre de 2023. El “manual de resistencia” empieza a ser agua. Y no solo eso. Probablemente el impacto de la inflación será más duradero de lo que nos dicen. Pero, recuerden, estamos ya en campaña electoral. Por eso, en este punto, solo puedo citar a Shakespeare: “Malgasté el tiempo, ahora el tiempo me malgasta a mí”.

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