martes 09 • agosto 2022

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Qué hay detrás del esperado colapso de Sri Lanka

La crisis económica se lleva por delante al presidente y deja la isla casi sin recursos

Las imágenes de miles de manifestantes dándose un chapuzón en la piscina del hasta ahora presidente de Sri Lanka, Gotabaya Rajapaksa, han dado la vuelta al mundo. La riada humana había asaltado previamente la mansión presidencial como colofón a una serie de acontecimientos que acabaría con la dimisión del líder del país.

Gotabaya Rajapaksa, el hasta ahora presidente de Sri Lanka, abandonará su cargo este mismo miércoles para garantizar una transición pacífica y democrática. El primer ministro, Ranil Wickremesinghe, no ha querido esperar tanto para anunciar que deja su cargo ante las protestas de la población. En una declaración en vídeo difundida poco antes de la medianoche local, el presidente pedía a la población que “respete la ley y mantenga la paz” mientras se produce el traspaso de poder.

Las senda económica que ha tomado el país desde hace algunos años ha terminado como se esperaba: crisis, desabastecimiento, cortes de luz, falta de suministros y colapso total. Pero para entender qué ha provocado esta situación, primero hay que conocer la situación del país unos años atrás.

Los conflictos internos

La antigua Ceilán, ahora llamada Sri Lanka, es un país insular situado en el Océano Índico y separado de la India por apenas 30 kilómetros de distancia. Antigua colonia inglesa, logró su independencia en 1948, y desde entonces los conflictos étnicos internos han sido el pan de cada día. La población de la isla es un 70% budista, pero las minorías musulmanas (9%), los hindúes (12%) y los cristianos (7,6%) componen una amalgama de poblaciones que no son del agrado de los gobiernos del país.

Esto se pudo ver durante la guerra civil que se extendió desde 1984 hasta prácticamente el año 2009. Aunque en 2002 el movimiento insurgente Tigres de Liberación del Eelam Tamil (LTTE) acordó con el gobierno de entonces un alto al fuego, las operaciones de esta guerrilla se prolongaron hasta 2009. En ese año, una ofensiva lanzada por el propio gobierno terminó con la vida de los principales líderes de la guerrilla y desarticuló la misma, con un alto coste de bajas civiles.

Sin embargo, las tensiones continuaron hasta que un acontecimiento reciente terminó por dinamitar la ya de por sí deteriorada convivencia de la población.

La llegada de “Terminator”

El 21 de abril de 2019, una serie de atentados contra tres templos cristianos y cinco hoteles de lujo se saldaban con la muerte de 260 personas y dejaban más de 500 heridos. Ante el estupor del momento, el hasta ahora presidente Gotabaya Rajapaksa aprovechó para presentarse como candidato a las elecciones. El atentado, obra de extremistas musulmanes asociados con el Estado Islámico, minó aún más la confianza que los budistas y el resto de las minorías tenían en la población musulmana.

Rajapaksa ganó las elecciones y prometió cambiar tanto la tendencia económica como social. No en vano, el nuevo presidente era el anterior ministro de defensa, y su hermano Mahinda se había convertido en el nuevo primer ministro. Gracias a aquella insistencia para eliminar a la guerrilla, Gotabaya se ganó el sobrenombre de Terminator.

Por si fuera poco, la dimisión del primer ministro Wickremesinghe es algo casi anecdótico. Los habitantes de Sri Lanka están acostumbrados a ver como el bastón de mando pasa por diferentes manos, pero con la sensación de que el liderazgo del país está siempre en las mismas cabezas. Los hermanos Rajapaksa son un gran ejemplo de ello, pero el hasta ahora primer ministro puede jactarse de haber estado en el Gobierno otras tres veces: de 1993 a 1994, de 2001 a 2004 y de 2015 a 2019.

Estas sensaciones han provocado un profundo desprecio por parte de la población, que culpa al clan familiar de los problemas económicos en los que se ve envuelto el país.

Hacia el colapso total

La economía de Sri Lanka es prominentemente agrícola, aunque en las últimas décadas las exportaciones textiles han llegado a representar el 63% del total. Durante los años 90 el PIB del país llegó a crecer a un ritmo del 5,5% anual, pero la crisis económica provocada por las sequías no permitió la mejora de la renta de los habitantes. Para el año 2004, y ya con más recursos, el Gobierno del momento cumplió la promesa electoral inyectando hasta 180 millones de dólares en subvenciones para combustibles.

Es aquí donde comienza a gestarse el colapso. Las subvenciones en diferentes sectores se disparan hasta que el Gobierno se da cuenta de que la deuda del país es demasiado grande como para continuar con el despilfarro de lo público. Sin embargo, en vez de buscar una reducción del déficit, se optó por la solución contraria.

Ante una crisis interna más que previsible y a las puertas de la gran crisis de 2008, el Ejecutivo decide que la mejor forma de gestionar el dinero es imprimir billetes para seguir invirtiendo en otros sectores. Para ello, se crean hasta 650 millones de dólares, lo que para esa época representaba el 3% del Producto Interior Bruto.

En un principio, esta política fiscal expansionista logró reducir la pobreza extrema del 15,2% al 7,6%, y el desempleo bajó del 7,2% al 4,9%. Sin embargo, la inflación comenzó a dispararse hasta alcanzar un 18%, porcentaje que se acentuó con la llegada de la crisis de 2008.

Pandemia, Guerra de Ucrania y colapso final

La política económica de Sri Lanka parecía estar tocando a su fin tras la gran crisis, pero las mejoras en ciertos sectores económicos parecían dar un pequeño respiro al país insular. La inflación, eso sí, continuaba escalando cada vez más deprisa. En 2009 ya superaba el 24%, según los datos del Fondo Monetario Internacional.

La llegada del Covid-19 terminó por cambiar el paradigma. En estos dos años, la crisis ha azotado con fuerza a los países desarrollados, pero se ha dejado notar más en aquellos cuya situación económica era precaria.

Para entender la magnitud de lo que está viviendo Sri Lanka basta con mirar los datos de la inflación según el Banco Mundial. En 2021, y con la Covid-19 todavía presente, la inflación se había estancado en el 7%, aunque mostraba síntomas de nuevas subidas.

La coyuntura económica provocada por el aumento de la inflación global y las terribles consecuencias que está teniendo para el mercado la Guerra de Ucrania han hecho el resto. Rajapaksa no ha sido capaz de cambiar la tendencia inflacionaria ni las políticas que la provocaban, y para finales de marzo la inflación alcanzó la escalofriante cifra del 55%.

Es entonces cuando comienzan las primeras manifestaciones en la capital, Colombo. Las protestas fueron reprimidas con violencia, pero el precio de los combustibles y de los alimentos ha seguido aumentando. Los medicamentos escasean, y los apagones están empezando a durar 13 horas al día. Ante semejante situación, cientos de miles de manifestantes salieron a las calles el fin de semana para protestar por las insostenibles políticas, terminando con unas curiosas imágenes en la piscina presidencial

Lo más urgente ahora no es la destitución del Gobierno, sino la actuación internacional. La situación es tan grave que la inflación podría llegar a superar el 70% en los próximos meses. La deuda antes mencionada es ahora mismo impagable. El país asiático de 22 millones de habitantes, se dirige hacia un precipicio difícil de evitar.

Según el propio primer ministro, se necesitan unos 6.000 millones de dólares en ayudas inmediatas para que el país pueda simplemente sobrevivir a los próximos meses. China, India y el Fondo Monetario Internacional están dispuestos a colaborar, pero la gravedad de los hechos necesita de una actitud apremiante y desinteresada.

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