Tecnología, IA

La nueva geografía de los centros de datos: por qué España puede convertirse en un gran hub digital europeo

La inteligencia artificial (IA) está transformando el mapa de las infraestructuras digitales. En este nuevo ecosistema, España está apareciendo en el radar de los grandes inversores internacionales por su producción de energías renovables y su enorme disponibilidad de suelo para construir grandes infraestructuras

Por Alberto M.

Hasta hace unos pocos años, los centros de datos apenas aparecían en las conversaciones económicas. Eran una infraestructura crítica para el funcionamiento de internet, pero permanecían fuera del foco mediático. Sin embargo, la irrupción de la inteligencia artificial (IA) generativa ha cambiado por completo esa percepción. Cada consulta realizada a un modelo de lenguaje, cada proceso de entrenamiento y cada servicio en la nube dependen de instalaciones físicas capaces de alojar decenas de miles de servidores funcionando de forma ininterrumpida.

Este cambio ha desencadenado una nueva ola de interés inversor en estas infraestructuras que alimentan la IA. Los gigantes de Silicon Valley están acelerando la construcción de nuevos centros de datos en todo el mundo para responder a una demanda que no deja de crecer, y España se está posicionando como un destino muy atractivo para recibir una parte importante de esa inversión.

Desde hace varias décadas, el mercado europeo se ha articulado en torno al denominado como grupo FLAP-D (Fráncfort, Londres, Ámsterdam, París y Dublín). Estas ciudades han estado concentrando la mayor parte de las infraestructuras tecnológicas del continente gracias a la proximidad con grandes clientes empresariales, redes de telecomunicaciones consolidadas y una abundante conectividad internacional.

Sin embargo, ese liderazgo empieza a mostrar signos de declive. En algunos de estos mercados, la disponibilidad de suelo industrial es cada vez más limitada, los costes inmobiliarios han aumentado de forma significativa y las redes eléctricas tienen dificultades para absorber la nueva demanda de la IA. Ámsterdam, sin ir más lejos, llegó a imponer restricciones temporales al desarrollo de nuevos centros de datos debido a preocupaciones relacionadas con el consumo energético y la planificación urbanística. Dublín, por su parte, afronta un intenso debate en sus órganos de gobierno sobre el peso que estas instalaciones tendrían en el consumo eléctrico del país.

Ese escenario ha llevado a los grandes operadores a buscar nuevas ubicaciones dentro de Europa y España -especialmente, Madrid- aparecen como uno de los principales beneficiarios de esa redistribución. Según inmobiliarias como CBRE y Cushman & Wakefield, la capital española figura entre los mercados europeos con mayor crecimiento previsto para centros de datos, impulsado por unas características que no se encuentran en otros países del continente.

Además, el impacto económico de la construcción de un centro de datos no solo repercute en las empresas que lo impulsan o en las tecnológicas que lo explotan, sino que beneficia directa o indirectamente a otras muchas compañías de múltiples sectores. La construcción de un campus de varios cientos de megavatios moviliza durante años a empresas constructoras, de ingeniería, fabricantes de transformadores, empresas de climatización industrial, instaladores eléctricos, operadores de telecomunicaciones o proveedores de sistemas de seguridad. Una vez que empieza a funcionar, el empleo directo suele ser relativamente reducido en comparación con el volumen de la inversión, pero el efecto tractor sobre la cadena de suministro resulta mucho más amplio.

Las ventajas de invertir en España

Una de esas características únicas que tiene nuestro país se encuentra en el fondo del mar. España se ha convertido en uno de los principales puntos de entrada de cables submarinos de fibra óptica que conectan Europa con América, África y Oriente Medio. Sistemas como Marea -desarrollado por Microsoft y Meta junto a Telxius (Telefónica)-, Grace Hopper (Google), 2Africa (liderado por Meta y un consorcio internacional) o Medusa refuerzan el papel de la Península Ibérica como nodo estratégico para las comunicaciones globales.

Estos cables transportan gran parte del tráfico internacional de datos web y reducen la latencia (las interrupciones y fallos en la descarga de esos datos) entre continentes, un factor especialmente relevante para los servicios cloud y las aplicaciones de inteligencia artificial (IA) que requieren intercambiar grandes volúmenes de información en tiempo real. A diferencia de hace veinte años, cuando España ocupaba una posición totalmente periférica en la economía digital europea, hoy su localización constituye una ventaja competitiva para alojar infraestructuras de procesamiento de datos.

“España reúne varios activos estratégicos que cada vez es más difícil encontrar juntos en un único mercado europeo”, comentan desde IREN, una empresa que opera centros de datos de alto rendimiento enfocados en IA y que está presente también en España. “La demanda de capacidad de computación de IA en Europa está creciendo por parte de un amplio abanico de clientes, incluidos aquellos que requieren capacidad local por consideraciones regulatorias”, añaden.

Si la conectividad explica dónde pueden instalarse los centros de datos, la electricidad determina dónde resulta rentable hacerlo. No es ningún secreto que los nuevos complejos dedicados a IA consumen cantidades de energía muy superiores a las instalaciones convencionales. Las unidades de procesamiento gráfico (GPU, por sus siglas en inglés) de última generación desarrolladas por Nvidia, AMD o Intel incrementan de forma considerable la densidad de potencia, obligando a rediseñar tanto la alimentación eléctrica como los sistemas de refrigeración.

“IREN sigue experimentando una demanda que supera la capacidad disponible, la adopción de la IA a nivel empresarial se está profundizando en todo el mundo”, enfatizan desde la compañía, y aseguran que “la demanda es real y seguirá creciendo. El verdadero reto está en convertir esa demanda en infraestructura operativa”.

Frente a esto, España parte con varias ventajas. El fuerte desarrollo de las energías renovables durante los últimos años ha incrementado la disponibilidad de electricidad principalmente de origen eólico y solar. Según Red Eléctrica de España, las renovables representan ya una parte mayoritaria de la generación eléctrica anual en el sistema peninsular.

IREN: “España reúne varios activos estratégicos que cada vez es más difícil encontrar juntos en un único mercado europeo”

“Lo que ha cambiado no es solo España, es el propio mercado tecnológico”, asegura Daniil Shulgin, Country Manager de JetBrains en nuestro país. “Durante muchos años, la expansión internacional consistía en abrir una oficina o acceder a un mercado de talento más barato. Hoy las empresas buscan lugares donde puedan construir partes reales de su organización tecnológica global, con equipos de ingeniería, capacidad de investigación, infraestructura y productos que se usan en todo el mundo”, explica.

Gigantes como Microsoft, Google, Amazon o Meta se han comprometido a reducir la huella de carbono de sus operaciones, por lo tanto, disponer de acceso a electricidad renovable constituye un elemento muy competitivo a la hora de seleccionar nuevas ubicaciones para sus infraestructuras.

Daniil Shulgin (JetBrains): “Las empresas buscan lugares donde puedan construir partes reales de su organización tecnológica global”

Aunque en este momento Madrid concentra la mayor parte de las posibilidades, la nueva ola de inversión está modificando el equilibrio territorial. La disponibilidad de grandes superficies de suelo, y la proximidad a corredores económicos como Barcelona o Valencia, están situando a autonomías como Aragón y Castilla-La Mancha entre las candidatas para albergar algunos de los mayores campus de centros de datos del país.

Alesander Gómez Dehesa, Country Manager de TIMIA en España, afirma que “Madrid seguirá siendo un mercado estratégico por su posición como principal nodo de conectividad del país, pero veremos una descentralización progresiva hacia otras comunidades capaces de ofrecer mejores condiciones energéticas y mayor margen de expansión”.

Alesander Gómez (Timia): “Veremos una descentralización progresiva hacia comunidades capaces de ofrecer mejores condiciones energéticas y mayor margen de expansión”

Gómez Dehesa se muestra convencido de que, al final, estas regiones “no competirán únicamente por construir centros de datos, sino por convertirse en ecosistemas donde convivan infraestructuras, innovación, empresas tecnológicas y talento. Las regiones que sean capaces de responder a esa demanda de computación estarán mejor posicionadas para liderar el desarrollo de esta industria en los próximos años”, añade.

El principal competidor de España son los países nórdicos, básicamente porque sus bajas temperaturas reducen los costes de refrigerar los servidores, al menos durante el invierno. Además, el norte de Europa también cuenta con una descomunal capacidad de generar energía hidroeléctrica. Irlanda también es otro de los rivales más duros que tiene nuestro país a la hora de atraer inversión debido a la presencia histórica de multinacionales tecnológicas. Por su parte, Francia intenta aprovechar el peso de su parque nuclear e Italia acelera el desarrollo de nuevos proyectos, especialmente en el entorno de Milán.

Una oportunidad que dependerá de la ejecución

España varios de los factores clave que demandan los grandes operadores internacionales de infraestructuras tecnológicas, lo que ha reforzado su atractivo dentro del mapa europeo de centros de datos. Sin embargo, convertir esas ventajas en un liderazgo consolidado dependerá de cuestiones mucho más prosaicas, como la capacidad de nuestro país para ampliar la red eléctrica, la agilidad administrativa en lo que a leyes y normas se refiere, la formación de profesionales especializados y la coordinación entre administraciones, operadores y promotores privados.

Daniil Shulgin, de JetBrains, advierte de que “conviene no ilusionarse demasiado con la inversión anunciada. La adopción de IA avanza muy rápido, muchas veces más rápido de lo que las empresas pueden adaptar sus sistemas”. “Un anuncio de inversión en infraestructura no es lo mismo que un ecosistema tecnológico funcionando, y añadir más capacidad no crea más valor de forma automática”, aclara.

Según Shulgin, “estamos viendo un patrón similar en la IA empresarial. Muchas empresas han comprado herramientas, pero pocas han construido un sistema coherente para gestionarlas. La siguiente fase tendrá menos que ver con cuántas herramientas o proyectos se han anunciado y más con si las empresas son capaces de conectarlos, entender su coste y confiar en los resultados”.

La experiencia de otros mercados europeos demuestra que el crecimiento acelerado puede generar tensiones sobre las infraestructuras existentes. También evidencia que las decisiones de inversión se toman a escala internacional y que el capital se desplaza allí donde encuentra mejores condiciones para desplegar proyectos de largo plazo.

Por eso, más que preguntarse si España será el próximo gran hub digital de Europa, quizá la cuestión relevante sea otra, si nuestro país será capaz de mantener durante los próximos años las condiciones que hoy lo sitúan entre los destinos preferentes para que se asiente y crezca una industria que ya se ha convertido en una pieza esencial de la economía global.

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