Revista Capital

OTAN y UE: el reto de redefinir la estrategia de defensa común

La guerra de Ucrania y la rivalidad EEUU-China aceleran el rearme europeo y el gasto en Defensa. Diego Mazón (The Grey) analiza los retos de España para convertirlo en capacidades reales

Por Esther Alonso Vaquerizo

Nos encontramos en un contexto geopolítico que recuerda mucho al que rodeó los acontecimientos de la Guerra Fría. El conflicto de Ucrania, que exige un rearme europeo, y la puja por la hegemonía entre EEUU y China, sitúan a la OTAN y al viejo continente ante un reto cuyas implicaciones políticas, económicas e industriales, prometen transformar de forma drástica la defensa europea.

En 1949, doce naciones firmaron el Tratado de Washington para dar nacimiento a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), una alianza militar cuyo objetivo fundamental era contener la influencia de la Unión Soviética (antigua URSS) y asegurar la defensa mutua en Europa occidental. Casi ocho décadas más tarde, el conflicto con Rusia en el flanco este y la escalada del gasto en Defensa recuperan la tensión existente en los instantes previos al inicio del Telón de Acero, si bien en la ecuación internacional de hoy participan nuevos agentes e intereses.

Para Diego Mazón, director general de The Grey, el actual escenario es la continuación lógica del giro estratégico que dio Estados Unidos hace una década cuando, en la cumbre de Gales de 2014, el entonces presidente Barack Obama informó de que la estrategia militar del país se orientaba hacia Asia, para contener el avance de China, requiriendo que Europa realizase un mayor esfuerzo en Defensa para contener el flanco este.

Fotos cedidas por la OTAN

“Estados Unidos quería cambiar su eje estratégico al Pacífico y que Europa protegiese a la alianza frente a la amenaza rusa”, afirma Mazón. El cambio de estrategia norteamericana tuvo su reflejo en el gasto de los aliados europeos. De acuerdo con el informe reciente ‘Una radiografía del gasto en Defensa en España’, llevado a cabo por BBVA Research, desde 2014, el gasto de los países europeos de la OTAN en esta partida se ha incrementado en una media de 1,1 puntos porcentuales del PIB.

Es cierto, puntualiza el entrevistado, que la guerra de Ucrania ha servido como catalizador para acelerar estas decisiones, especialmente entre los países más próximos a Rusia -como las repúblicas bálticas, Polonia, Alemania y Rumanía-, que han tomado conciencia de la necesidad de reforzar unas capacidades militares de las que hasta ahora carecían para hacer frente a la amenaza rusa.

Por otro lado, el conflicto con Rusia, sumado al imparable avance de China, han hecho que Donald Trump presione para avanzar en el plan establecido, si bien sus acciones no suponen un cambio de rumbo respecto a las de sus predecesores. “Trump no dice nada distinto de lo que ya dijeron Obama o Biden; lo que cambia es la forma de decirlo, motivada seguramente por el avance de China y el desafío que esto supone para la hegemonía estadounidense”, subraya el analista.

Este giro hacia el Pacífico también ha motivado nuevas actuaciones en la OTAN, prueba de ello es la invitación a las últimas cumbres de la alianza de países representantes del flanco más inmediato frente a China, como Japón, Australia, Nueva Zelanda y Corea del Sur. “La OTAN nace de la Segunda Guerra Mundial, de la lucha de bloques de Occidente frente a la amenaza comunista, y, en aquel momento, China no entraba en la ecuación, o lo hacía en mucha menor medida”, recuerda Mazón.

Una Europa no tan unida

Durante décadas, la mayoría de los países de Europa había reducido su gasto en Defensa al considerar poco probable un conflicto en el continente. El nuevo escenario geopolítico de inseguridad ha cambiado la situación, motivando que los miembros europeos de la OTAN aumenten notablemente su inversión militar. Así, el gasto del 2% del PIB en Defensa ha pasado de ser una recomendación a una obligación mínima.

Fotos cedidas por la OTAN

Hasta ahora, Estados Unidos había asumido buena parte del coste de la seguridad europea. Pero el aumento de la inestabilidad y los gastos empujan al gigante americano a que inste a los países del viejo continente a reforzar sus propias capacidades. “Europa debería depender menos de que EEUU tenga más o menos fuerzas en territorio europeo”, sostiene el experto consultado, aunque recuerda que Washington tiene la obligación de responder ante cualquier amenaza que afecte a la Alianza Atlántica por su condición de aliado.

De acuerdo con el análisis ‘La política de defensa de la UE en cifras’, publicado por el Consejo Europeo, el gasto de los estados miembros en Defensa aumentó en 2025 por undécimo año consecutivo hasta alcanzar los 418.000 millones de euros. Además, se espera que en el presente año alcance los 454.000 millones, lo que significa un 8,6 % más en comparación con el año anterior y un 75,3 % en comparación con 2021. Cabe señalar que en 2015 el gasto en esta partida ascendió al 2,2 % del PIB de los Estados miembros de la UE, desde el 1,9 % de 2024. En 2026, se calcula que alcanzará el 2,4 %.

Pero el reto europeo va más allá del aumento del gasto militar. Su principal dificultad en este contexto reside en que los tratados comunitarios no contemplan una defensa europea integrada, por lo que la UE no puede asumir el papel doctrinal y operativo que corresponde a la OTAN. Su capacidad de actuación se concentra principalmente en el impulso de la industria de defensa, mientras que las decisiones militares y estratégicas permanecen en el ámbito de la Alianza.

Fotos cedidas por la OTAN

Para Mazón, esta fragmentación constituye precisamente uno de los principales obstáculos para reforzar la seguridad del continente. “El gran reto es conseguir una política de defensa europea, que no existe”, apunta. Una integración que, a su juicio, permitiría que Europa tuviera una mayor capacidad de actuación dentro de la propia OTAN, en lugar de que cada Estado miembro actúe por separado.

Si bien es cierto que la presión de Estados Unidos para que los aliados europeos incrementen su contribución a la defensa puede favorecer este proceso, no sustituye la ausencia de una política común que articule los componentes doctrinales y operativos.

España en el frente de la batalla económica

Nuestro país tiene un papel complejo dentro de la OTAN. Aunque el Gobierno de Pedro Sánchez ha cuestionado públicamente el incremento del gasto en Defensa reclamado por Estados Unidos, en la cumbre de La Haya asumió, como el resto de aliados, el compromiso de elevarlo hasta el 5% del PIB. Sin embargo, la capacidad real de alcanzar ese objetivo genera dudas. “Una cosa es el compromiso del gasto y otra, el gasto. El esfuerzo que exigiría ese porcentaje resulta especialmente elevado para España, ya que supondría movilizar alrededor de 90.000 millones de euros, una cantidad que tendría que integrarse en el presupuesto operativo del Estado, del que dependen los distintos ministerios”, explica el director de The Grey.

Fotos cedidas por la OTAN

El compromiso llega, no obstante, en un momento de fuerte incremento del gasto español en Defensa. Según el informe mencionado de BBVA Research, las decisiones de gasto aprobadas por el Consejo de Ministros alcanzaron en 2025 una media anual de 4.750 millones de euros, un 550,7% más que los 730 millones de media registrados entre 2013 y 2024. El estudio señala, además que España habría alcanzado el objetivo del 2% del PIB en defensa, aunque precisa que estas cifras corresponden a decisiones de gasto aprobadas y no equivalen necesariamente a gasto efectivamente ejecutado.

Es importante recordar, además, que la ausencia de Presupuestos Generales del Estado dificulta la puesta en marcha de nuevos programas y la transformación de los compromisos anunciados en adquisiciones reales. La falta de unas cuentas actualizadas también complica la financiación de los gastos corrientes vinculados al funcionamiento de las Fuerzas Armadas, desde el mantenimiento hasta el combustible, al tiempo que ralentiza la adquisición de nuevas capacidades militares. Para Mazón, esta situación supone un obstáculo añadido para que el incremento anunciado se traduzca en una mejora efectiva de las capacidades de Defensa del país.

En el ámbito industrial, el incremento del gasto europeo abre una ventana de oportunidad para España, aunque el país parte por detrás de las principales potencias del sector. Francia, Alemania e Italia cuentan con grandes grupos como Dassault Aviation, Thales, Rheinmetall, Leonardo o Fincantieri, mientras que España dispone de compañías como Navantia, Indra, Santa Bárbara Sistemas y Airbus, aunque estas dos últimas cuentan con capital extranjero.

Fotos cedidas por la OTAN

El contexto ofrece, por tanto, posibilidades de crecimiento para la industria española, pero también exige capacidad de ejecución. Mientras otros países europeos están acelerando sus inversiones y programas de modernización, España acumula retrasos en la puesta en marcha de los suyos. “Estamos ante una oportunidad enorme, pero tenemos que ser realistas”, apunta Mazón, que considera que la falta de Presupuestos y de un mayor impulso político está limitando la capacidad del país para competir en la primera división de la industria europea de defensa.

El flanco sur: una asignatura pendiente

El flanco sur se ha convertido en una de las asignaturas pendientes de la arquitectura de seguridad europea. La actividad de grupos terroristas y las redes de tráfico de personas, armas y drogas en el norte de África sitúan al Mediterráneo como una de las principales vías de entrada de estas amenazas hacia Europa. En este contexto, la reciente entrada masiva de población civil en Ceuta vuelve a poner el foco en las limitaciones de la respuesta europea ante situaciones de presión en su frontera sur.

Para Mazón, la OTAN debería reforzar su atención sobre esta zona y otorgarle un mayor peso estratégico. La situación actual de Ceuta evidencia, además, las dificultades para articular una respuesta desde el ámbito militar cuando se trata de una entrada de población civil y no de una agresión armada. “Ese flanco sur de la OTAN hay que reivindicarlo mucho más vehementemente y darle mucha más relevancia”, sostiene.

El contexto regional también está marcado por el creciente peso militar de Marruecos. El país ha estrechado su cooperación en materia de defensa con Estados Unidos e Israel, en un proceso de modernización que ha reforzado sus capacidades militares y tecnológicas. El experto opina que este desarrollo exige que España mantenga una vigilancia especial sobre la evolución de su vecino.

“Marruecos está experimentando en los dos últimos años un incremento de capacidades importante”, afirma, antes de poner como ejemplo la construcción de fábricas de drones y la adquisición de carros de combate estadounidenses e israelíes de última generación. “No hay que perder de vista al vecino”, subraya.

Fotos cedidas por la OTAN

El inestable contexto actual, marcado por la competición entre EEUU y China, la guerra en Ucrania y la creciente presión en el Mediterráneo, dan un protagonismo inusitado a la Defensa. Además, las nuevas y costosas formas de guerra -que combinan la industria armamentística, los drones, la inteligencia artificial (IA) y las capacidades tecnológicas avanzadas- han transformado el campo de batalla, mientras que la diplomacia tradicional sufre para mantener su peso disuasorio.

Es una suerte de nueva Guerra Fría, más templada quizá, pero igualmente marcada por el equilibrio de fuerzas. En este tablero, más que nunca, mantenerse unidos y construir una estrategia común será clave para preservar ese equilibrio y sostener la paz.

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