Opinión

El crédito comercial, un engranaje clave de la liquidez empresarial
Enrique García-Delgado
Director de Crédito de RibéSalat

El crédito comercial, un engranaje clave de la liquidez empresarial

Hablar de crédito comercial es hablar de uno de los engranajes menos visibles, pero más decisivos de la actividad empresarial. Determina cómo fluye la liquidez, condiciona la confianza entre empresas y define la capacidad de sostener el crecimiento. En un contexto de tipos de interés aún elevados y, lo que es peor, inciertos, y de una demanda que evoluciona de forma dispar según sectores, muchas compañías se ven obligadas a analizar con mayor cuidado su tesorería y su exposición al riesgo de impago.

Aunque la morosidad bancaria cerró 2024 en el 3,32%, su nivel más bajo desde 2008, según el Banco de España, este dato no debe confundirnos: la morosidad bancaria refleja sobre todo el riesgo asumido por las entidades de crédito, no el conjunto de las operaciones comerciales entre empresas.

Los datos sobre pagos entre empresas muestran una realidad diferente. Según el Observatorio de Morosidad de Cepyme, el periodo medio de pago en el segundo semestre de 2024 se situó en torno a los 80 días, unos 20 días por encima del plazo legal de 60. Este retraso implica un coste financiero estimado de 2.750 millones de euros en solo seis meses, que afecta especialmente a pymes con márgenes más reducidos y menor acceso al crédito.

Además, un estudio de Crédito y Caución e Iberinform revela que una de cada cuatro empresas españolas sufrió impagos significativos en 2024 y el 78 % percibió un deterioro en la solvencia o liquidez de sus clientes. Esto evidencia que la presión en la cadena de pagos sigue siendo un problema estructural, no sólo coyuntural.

El resultado es claro: la gestión del crédito comercial -entendido como la práctica de vender a plazos, generalmente entre 30 y 90 días- se ha convertido en un factor estratégico. Aceptar plazos largos puede facilitar ventas a corto plazo, pero eleva significativamente la exposición a impagos y tensiones de tesorería.

Por ello, tradicionalmente, las empresas han recurrido a instrumentos como el factoring bancario para anticipar cobros. Sin embargo, estas líneas suelen consumir Cirbe -el registro central de riesgos del Banco de España-, reduciendo la capacidad de endeudamiento disponible y encareciendo otras líneas de financiación. Además, las entidades bancarias han endurecido sus políticas de concesión en el actual ciclo de tipos elevados.

En este contexto, se observa un creciente interés por fórmulas de financiación alternativa: vehículos no bancarios como aseguradoras o fondos que permiten estructurar líneas de anticipo de facturas o confirming fuera del circuito bancario tradicional. Al no consumir Cirbe, estas operaciones pueden aportar flexibilidad al balance y diversificar las fuentes de financiación. No obstante, suelen requerir una gestión rigurosa, costes financieros específicos y una evaluación precisa de la cartera de clientes.

De forma paralela, el seguro de crédito comercial se ha consolidado como una herramienta para proteger las cuentas a cobrar frente a impagos inesperados. Aunque no elimina el riesgo operativo (la necesidad de controlar bien la solvencia de los clientes), sí proporciona un colchón financiero en caso de incumplimientos graves y facilita, en muchos casos, el acceso a financiación mediante la cesión de pólizas o garantías asociadas.

Estas soluciones no son recetas mágicas. Su aplicación debe estudiarse caso a caso, valorando factores como el perfil de los clientes, la estacionalidad de las ventas o la capacidad de absorción de costes financieros adicionales. De hecho, un uso excesivo o mal planificado de mecanismos de anticipo puede tensionar márgenes y generar dependencia de la financiación externa.

Por eso, el desafío para las direcciones financieras pasa por diseñar una estrategia integral de gestión del riesgo de crédito. Esto implica reforzar las políticas de análisis de clientes, establecer límites de exposición razonables, negociar condiciones de pago equilibradas y planificar bien la tesorería para evitar cuellos de botella.

La disciplina de pagos y la gestión del crédito comercial no son solo tareas contables o administrativas, se han convertido en elementos clave para sostener la competitividad y la resiliencia

La experiencia reciente, marcada por la pandemia, la inflación y la subida de tipos, ha puesto de manifiesto la vulnerabilidad de muchas empresas a shocks externos. En este sentido, fortalecer la disciplina de pagos y mejorar la gestión del crédito comercial no son solo tareas contables o administrativas, sino que se han convertido en elementos clave para sostener la competitividad y la resiliencia del tejido productivo.

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