A las ocho de la mañana, la sala de espera del centro de salud ya está casi llena. En la puerta de la consulta, un médico de familia encadena pacientes a un ritmo que apenas le deja respirar entre uno y otro. Un piso más arriba, en un instituto del mismo barrio, un profesor de Secundaria termina de corregir los exámenes que no le dio tiempo a revisar la noche anterior. A pocos metros, en el ayuntamiento, una auxiliar administrativa abre su ventanilla mientras la cola empieza a doblar el pasillo. Los tres son empleados públicos, los tres tienen plaza fija y los tres sostienen, a su manera, el funcionamiento de lo común. Pero si uno mira sus nóminas, la idea de que "todos los funcionarios cobran lo mismo" se desmorona en segundos.
En España, el sueldo de los funcionarios es el resultado de una arquitectura compleja de grupos, subgrupos, complementos y pagas extra. El Ministerio de Hacienda fija cada año, en los Presupuestos Generales del Estado, un salario base para cada grupo funcionarial (A1, A2, C1, C2 y agrupación profesional) y una tabla de complementos de destino por nivel de puesto. Sobre ese armazón se añaden los complementos específicos que decide cada administración y otros factores como la antigüedad, las guardias o la productividad.
La teoría dice que a mayor titulación y mayor responsabilidad, mayor sueldo. En la práctica, eso se traduce en una brecha notable entre los llamados "cuerpos altos"; es decir, médicos, jueces, fiscales, inspectores, ingenieros superiores, y los cuerpos de base; o sea, auxiliares, administrativos, conserjes, subalternos.
Tomemos al médico de familia que atiende en Atención Primaria. Pertenece al grupo A1, el más alto, con un sueldo base anual que ronda los 17.460 euros brutos sin contar antigüedad. A eso se le suma un complemento de destino elevado y un complemento específico que reconoce la dureza y responsabilidad del puesto. Pero el verdadero salto llega con las guardias: horas extra en noches, festivos y fines de semana que convierten semanas de 37,5 horas teóricas en maratones de 60 o más. Según un estudio del Sindicato Médico de Granada (SIMEG) sobre retribuciones en la sanidad pública, un médico de Atención Primaria sin guardias se mueve en un rango aproximado de 30.000 a algo más de 52.000 euros netos anuales, dependiendo de la comunidad autónoma y del tipo de médico. Cuando se añaden guardias, muchas, la horquilla se eleva y puede situarse entre los 41.000 y casi 68.000 euros netos al año.
En los hospitales la situación no es muy distinta: los facultativos combinan sueldos base similares con complementos específicos muy altos y un sistema de guardias que, al mismo tiempo, engorda la nómina y vacía las horas de descanso. No es extraño que un médico especialista con varios años de experiencia supere con holgura los 60.000 euros netos anuales si realiza muchas guardias, sobre todo en determinadas comunidades. La contrapartida es obvia: turnos de 24 horas, decisiones clínicas bajo presión constante y una responsabilidad directa sobre la vida de los pacientes que pocos trabajos soportan.
Más abajo en la escala, pero todavía en el terreno de la alta cualificación, se sitúan los docentes. Un maestro de Primaria o un profesor de Secundaria también pertenece a los grupos altos (A1 o A2 según el cuerpo), ha cursado una carrera, un máster y ha superado una oposición. Sin embargo, sus salarios están lejos del techo que alcanzan muchos médicos o determinados cuerpos de élite de la administración. Un informe de UGT sobre retribuciones docentes en la enseñanza pública para 2024 sitúa el sueldo de un maestro que empieza entre unos 2.300 y 2.800 euros brutos mensuales, y el de un profesor de Secundaria, sin antigüedad, entre unos 2.600 y 3.200 euros brutos al mes, en función de la comunidad autónoma.
Traducido al año, un docente puede rondar los 32.000-38.000 euros brutos en los primeros años de carrera, por debajo de muchos facultativos con guardias, pero por encima de la mayoría del personal administrativo. En su caso, los complementos vienen de otro lado: tutorías, cargos como jefatura de estudios o dirección, bilingüismo, formación adicional. Su jornada se reparte entre horas lectivas, guardias de patio o pasillo, reuniones con familias y claustros, y una parte importante de trabajo invisible que se hace fuera de horario: corrección de exámenes, preparación de clases, elaboración de materiales. Pocas veces ese extra se refleja directamente en la nómina, aunque sí en la sensación de carga que arrastran.
Más abajo aún en el abanico salarial, y sin embargo en la base de la pirámide funcional, se encuentran administrativos, auxiliares y personal subalterno. Un administrativo del grupo C1, según las tablas basadas en los Presupuestos Generales y las nóminas tipo que difunden academias y sindicatos, se sitúa habitualmente en un rango de 1.500 a 1.800 euros brutos mensuales en los primeros años, lo que supone alrededor de 21.000 a 24.000 euros brutos anuales con 14 pagas. Un auxiliar administrativo del grupo C2 parte de un sueldo base mucho más modesto: algo más de 700 euros brutos al mes, a los que se añaden complementos de destino y específicos que, en puestos estándar, permiten llegar a unos 1.300-1.400 euros brutos mensuales, es decir, entre 18.000 y 19.000 euros brutos anuales.
En el último escalón aparecen con frecuencia los conserjes, ordenanzas o subalternos, encuadrados en la agrupación profesional de menor nivel. Sus retribuciones, según las tablas de muchas corporaciones locales, se mueven generalmente en un rango de 1.200 a 1.500 euros brutos al mes, también en 14 pagas. Son ellos quienes abren y cierran centros, controlan accesos, resuelven pequeñas incidencias del día a día y aportan una presencia constante en colegios, institutos, edificios administrativos o juzgados. Su trabajo sostiene la rutina de lo público, pero su salario está muy lejos del de los cuerpos altos.
Las razones de esta brecha son en parte históricas. La función pública ha premiado siempre, de forma muy marcada, la titulación y la responsabilidad formal. Preparar oposiciones a juez, inspector o determinadas plazas de médico especialista supone años de estudio a tiempo completo, una barrera de entrada que el sistema trata de compensar con sueldos altos una vez superada. Los complementos específicos de estos cuerpos, en justicia, hacienda, inspecciones, se diseñan para reconocer que sus decisiones pueden tener un impacto millonario o trastocar la vida de muchas personas.
En el lado contrario, los puestos de apoyo, como los auxiliares, conserjes o subalternos, han sido considerados durante décadas como trabajos de baja cualificación, fáciles de cubrir y sustituibles. Sus complementos se han mantenido contenidos, incluso en contextos de inflación, lo que ha hecho que su poder adquisitivo se resienta con más fuerza. Aunque sus tareas son básicas para que la maquinaria funcione (sin quien abra el edificio, ordene los expedientes o gestione las citas, la oficina se paraliza), esa relevancia no se traduce en la misma retribución que la que recibe quien firma al final del documento.
Al otro lado, tampoco todo es oro en la cúspide. El médico que triplica su sueldo base a fuerza de guardias lo hace a costa de su descanso y su vida personal. El juez o el fiscal que percibe un complemento elevado carga con una exposición pública, una responsabilidad jurídica y, a veces, una presión mediática que no todos están dispuestos a asumir. Muchos médicos jóvenes se plantean marcharse a otros países europeos donde cobran más y trabajan menos horas; algunos docentes cambian la escuela pública por el sector privado o por otras salidas profesionales cuando la frustración supera cierto límite.
Mientras tanto, la vida sigue su curso cada mañana: el médico entra a su guardia, el profesor se planta ante los alumnos, la administrativa enciende su ordenador y el conserje abre la puerta del edificio antes de que amanezca. Todos trabajan bajo el paraguas del Estado, todos aparecen en las estadísticas de "empleo público". Pero cuando el mes termina y llega la nómina, queda claro que no todos los funcionarios cobran lo mismo, ni se parecen demasiado entre sí las vidas que esos sueldos permiten construir.
