Cuando parecía que la gran batalla de Hollywood se decidiría en despachos y hojas de cálculo, el pulso por Warner Bros. Discovery (WBD) ha dado un salto al barro político y judicial. Por un lado, Netflix estudia rehacer su propuesta para que sea totalmente en efectivo, un gesto pensado para desactivar el argumento más potente de su rival. Por otro, Paramount Skydance, que ha lanzado una oferta hostil superior por toda la compañía, ha pasado a la ofensiva con una demanda para impugnar el proceso por el que el consejo de Warner se inclina por Netflix. El resultado es una guerra de tres bandas que pone en juego estudios, streaming, franquicias y, sobre todo, quién manda en el mundo del entretenimiento de Hollywood.
Netflix quiere licenciar contenidos, sí, pero también quiere quedarse con el motor. A finales de 2025 se anunció un pacto por el que Netflix compraría el negocio de estudios y streaming de WBD (el paquete que suele describirse como Warner Bros. y HBO/HBO Max) en una estructura que mezclaba efectivo y acciones. En las cifras divulgadas, esa propuesta se traducía en torno a 27,75 dólares por acción, con 23,25 dólares en efectivo y 4,50 dólares en acciones de Netflix. La arquitectura tenía una lógica, la de permitir a Netflix limitar la salida de caja y, al mismo tiempo, ofrecer a los accionistas de Warner una exposición futura al crecimiento del comprador. Pero también tenía un problema y es que frente a un competidor decidido a forzar una subasta, el componente en acciones hace el precio “menos limpio” y más discutible.
Ahí entra Paramount Skydance, que irrumpe con un golpe sobre la mesa: una oferta hostil por toda WBD (el corazón de estudios y streaming, además de los activos tradicionales) por unos 108.400 millones de dólares, descrita como totalmente en efectivo y citada en torno a 30 dólares por acción. Ese todo en "cash" no era un era un mensaje claro: pago directo, valoración sencilla, y una prima aparente sobre el acuerdo vigente con Netflix. Así, Paramount trató de colocar a Warner en una posición incómoda... ¿por qué elegir una propuesta inferior y además parcialmente pagada con papel?
La respuesta, según lo que se ha ido filtrando en coberturas financieras, no se limita al precio nominal. En grandes operaciones, el consejo suele vender una idea por encima de todas, la "certeza de cierre". Y ahí es donde Warner ha justificado su preferencia por Netflix. Es decir, menos riesgo de financiación, más facilidad de ejecución y, por tanto, mayor probabilidad de que el acuerdo se materialice sin sobresaltos. También pesa, según se ha publicado, el coste de romper el pacto ya encaminado con Netflix (penalizaciones y fricciones contractuales que pueden convertir un “"me pagan más" en un "me sale más caro cambiar"). En otras palabras, Warner parece sugerir que la oferta más alta puede no ser la mejor si tiene más probabilidades de atascarse o de explotar por el camino.
Pero Paramount no ha aceptado esa explicación como suficiente. Y aquí se produce el giro que convierte el caso en un auténtico reportaje de conflicto corporativo... Paramount Skydance ha denunciado a Warner. La demanda pretende forzar a la compañía a revelar más detalle sobre el proceso de decisión. Es decir, qué análisis internos y de asesores se usaron, cómo se valoraron las distintas piezas del negocio (incluida la parte tradicional) y con qué argumentos el consejo concluye que el acuerdo con Netflix es superior pese a existir una propuesta alternativa más alta. Además, Paramount ha agitado el fantasma de una proxy fight, una ofensiva para cambiar la correlación de fuerzas en el consejo mediante el voto de los accionistas. Algo así como si no me compras, te obligo a explicar, documento a documento, por qué no lo haces.
Netflix vio por dónde se le podía escapar la operación. Paramount estaba imponiendo un argumento muy simple y eficaz, “todo en efectivo”. Por eso, la última información apunta a que Netflix estudia modificar su oferta para que también sea 100% cash y retirar el componente en acciones. Con ese cambio, Netflix busca que la comparación entre propuestas sea más directa para los accionistas y, de paso, neutralizar la idea de que la oferta de Paramount es “más clara” o “más segura” por pagarse íntegramente en caja. Si Netflix logra hacerlo sin encarecer demasiado la compra ni tensionar su balance, a Warner le resultará más difícil justificar por qué prefiere su acuerdo; y la ofensiva legal de Paramount perdería parte de su fuerza narrativa.
Lo que se disputa aquí es, además del precio, el control de activos que alimentan el negocio en la era del streaming. Estudios, catálogos y franquicias que empujan suscripciones, generan taquilla y sostienen un ecosistema de licencias y merchandising. Además, hay un mensaje estratégico de fondo y es que si Netflix consigue hacerse con un gran estudio y un gran servicio de streaming, daría un salto histórico al integrar producción y plataforma a gran escala. Si, en cambio, se impone Paramount, el mercado lo interpretará como una victoria de la "industria tradicional" en una batalla de consolidación frente al gigante del streaming.
A corto plazo, el desenlace depende de tres señales concretas. La primera, si Netflix presenta oficialmente una oferta 100% en efectivo y con qué cifras y condiciones; la segunda, hasta dónde llega la demanda de Paramount y si obliga a Warner a revelar documentos o valoraciones relevantes; y la tercera, si la amenaza de una proxy fight pasa de advertencia a guerra abierta por el control del consejo. Hasta que esas piezas se muevan, el conflicto seguirá subiendo de tono en el terreno que más pesa. Es decir, quién pone más dinero sobre la mesa, quién ofrece más garantías de cierre y quién está dispuesto a estirar el pulso hasta el final.
