Economía

El caos ferroviario paraliza el transporte de mercancías: carreteras saturadas y riesgo de desabastecimiento

Materias primas retenidas y producción detenida mientras se buscan soluciones temporales

Suspendida la circulación de trenes entre Valdemusa y Calañas por riesgo de desprendimiento.
Por Redacción Capital

El sistema de transporte de mercancías en Europa y, en particular, en España atraviesa en estos momentos una crisis logística de enorme envergadura, cuyo núcleo se encuentra en un colapso del transporte ferroviario que está afectando directamente a las cadenas de suministro nacionales e internacionales. Esta crisis tiene varias raíces, entre las que destacan el accidente ferroviario grave en Adamuz, la interrupción de infraestructuras clave, la falta de alternativas viables de transporte y, cada vez más, los efectos de condiciones meteorológicas extremas como las intensas lluvias, nevadas e invierno duro que han azotado múltiples zonas del continente.

En Cataluña, la crisis ferroviaria se desencadenó tras un accidente mortal en Gelida y el cierre del túnel de Rubí, que han provocado la caída de hasta un 80% del tráfico de trenes de mercancías por el corredor que conecta el puerto de Barcelona con Europa a través del túnel del Pertús. Normalmente por ese corredor circulan entre seis y diez trenes diarios, pero ahora solo lo hacen uno o dos, y no siempre con regularidad. Este bloqueo de la principal vía ferroviaria de paso de mercancías hacia Francia y otros países como Alemania, Polonia, Bélgica o Austria ha aislado prácticamente al Puerto de Barcelona, el más importante de España, que gestiona miles de contenedores semanales.

Ante esta situación, las empresas se han visto obligadas a tomar medidas de emergencia. Algunas han tenido que retener producción o incluso detenerla, como es el caso de varias industrias químicas y logísticas que dependen directamente del ferrocarril para recibir materias primas esenciales: sin trenes, no pueden operar. Otras han recurrido al transporte por carretera, pero esta alternativa ya está al borde del colapso: las carreteras como la AP‑7 están cortadas o saturadas, y el desvío masivo de camiones hacia vías secundarias está generando graves congestiones y aumentando los costes y tiempos de tránsito.

El problema no es solo local: en toda Europa, las condiciones climáticas extremas del invierno, con nevadas, hielo y heladas severas, han agravado la situación logística. Fuertes nevadas y temperaturas bajo cero han causado interrupciones en trenes y carreteras en Alemania, Francia y otros países, obligando incluso a suspender servicios de trenes y vuelos y provocando restricciones de tráfico para camiones en amplias regiones francesas.

Estos fenómenos meteorológicos extremos no solo afectan al movimiento de trenes, sino también a las operaciones en grandes puertos europeos, donde el hielo, la nieve y las heladas ralentizan las tareas de manipulación de mercancías y el acceso de camiones y trenes a las terminales. De este modo, la capacidad logística se ve atacada por múltiples frentes: ferrocarril, carreteras y puertos sufren simultáneamente, reduciendo la capacidad operativa general y acumulando retrasos en las cadenas globales de suministro.

El resultado inmediato de estas disrupciones es que, en varias zonas industriales, el riesgo de desabastecimiento empieza a ser palpable. Empresas que dependen de importaciones de materias primas o de exportaciones puntuales ven sus operaciones comprometidas, y los inventarios que normalmente se mueven con rapidez por tren ahora quedan atrapados en terminales o deben ser redistribuidos por carretera, a un coste muy mayor y con retrasos significativos. Incluso asociaciones sectoriales alertan de que las interrupciones en la logística podrían poner en “jaque” el suministro de mercancías si no se resuelven pronto.

Muchos expertos señalan que esta crisis no es solo el resultado de eventos aislados, sino que pone en evidencia la fragilidad estructural de las infraestructuras de transporte. La falta de inversión en mantenimiento ferroviario y en resiliencia climática se traduce en una red vulnerable ante eventos que, por otra parte, son cada vez más frecuentes debido al cambio climático. Y aunque se planifica la reapertura progresiva de los corredores afectados, la recuperación será lenta y la presión sobre camiones y carreteras solo aumentará en las próximas semanas.

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