Gafas anaranjadas, lámparas de luz roja, dispositivos LED para estimular el cerebro y audios de tonos binaurales que prometen más energía, mejor descanso y mayor claridad mental. En los últimos años, las terapias basadas en luz y sonido han saltado de los laboratorios de neurociencia al estilo de vida de futbolistas de élite, ejecutivos, celebridades y biohackers. ¿Qué hay realmente detrás de estas tendencias? ¿Dónde termina la ciencia y empieza el marketing?
La relación entre luz, sonido y cerebro no es nueva. Desde hace décadas, disciplinas como la cronobiología estudian cómo la exposición lumínica regula los ritmos circadianos, el sueño, la vigilia y procesos hormonales clave como la secreción de melatonina. Más recientemente, la neurociencia ha comenzado a explorar cómo ciertos estímulos luminosos y sonoros pueden modular la actividad cerebral.
En paralelo, el auge de la industria del bienestar ha convertido estos hallazgos en productos de consumo: gafas que filtran la luz azul, bombillas rojizas para la noche, paneles de luz infrarroja, auriculares con sonidos binaurales y dispositivos que prometen ‘recargar energía’ u ‘optimizar el cerebro’.
Fotobiomodulación: cuando la luz deja de ser solo iluminación
Uno de los campos con mayor respaldo científico es la fotobiomodulación, una técnica no invasiva basada en el uso de luz de baja intensidad (láser o LED) para estimular tejidos con fisiología alterada. Un estudio publicado en marzo de 2024 en Journal of Affective Disorders, liderado por la Universidad de Barcelona, mostró que la fotobiomodulación aplicada de forma combinada al cerebro y al intestino logró revertir alteraciones cognitivas asociadas al estrés crónico en modelos animales. El trabajo, encabezado por el profesor Albert Giralt, identificó mecanismos moleculares concretos, como la restauración de la vía SIRT1 y la reducción de la neuroinflamación.
“La fotobiomodulación es una tecnología no invasiva, bien tolerada y sin los efectos secundarios de muchos tratamientos farmacológicos”, explicaba Giralt, subrayando su potencial como terapia coadyuvante en depresión resistente y trastornos neurológicos. Este tipo de luz, generalmente en el rango del rojo e infrarrojo cercano, entre 600 y 950 nanómetros, no debe confundirse con la iluminación ambiental. En contextos clínicos, se emplean dispositivos controlados, con pulsos específicos y protocolos estandarizados.
Luz, sonido y ondas gamma: una nueva vía contra el Alzheimer
Más allá del bienestar, la investigación en luz y sonido ha entrado de lleno en el terreno de las enfermedades neurodegenerativas. Desde 2016, el laboratorio del MIT dirigido por la neurocientífica Li-Huei Tsai ha demostrado que la estimulación sensorial a 40 Hz (ondas gamma), mediante luz y sonido, reduce la acumulación de placas beta-amiloide y tau en modelos animales de Alzheimer.
Estos hallazgos dieron paso a ensayos en humanos. En 2025, un estudio preliminar publicado en PLOS One y desarrollado por equipos de la Universidad Técnica de Dinamarca, UC Berkeley y el Hospital Universitario de Zelanda mostró mejoras en memoria y lenguaje en pacientes con Alzheimer leve que utilizaron durante 30 minutos diarios un dispositivo de estimulación lumínica imperceptible. “El reto era inducir ondas gamma sin recurrir a luces parpadeantes molestas o potencialmente peligrosas”, contó el profesor Paul Michael Petersen, uno de los inventores. Las resonancias magnéticas revelaron incluso un ligero aumento de volumen en áreas cerebrales clave en los pacientes tratados, frente al deterioro observado en el grupo placebo.
Aun así, los propios investigadores insisten en la cautela. “Muchas terapias que funcionan en ratones no se traducen automáticamente en humanos”, advertía Tsai. La empresa OptoCeutics ha iniciado estudios más amplios para validar seguridad y eficacia.
Tonos binaurales: promesas, límites y evidencia
En el ámbito del sonido, los tonos binaurales se han popularizado como herramientas para reducir el estrés, mejorar la concentración o inducir estados meditativos. La técnica consiste en reproducir dos frecuencias ligeramente distintas en cada oído, generando un “batido” que el cerebro interpreta como una tercera frecuencia.
Diversos estudios sugieren que esta estimulación puede modular estados mentales asociados a ondas delta, theta, alfa o gamma. Sin embargo, la evidencia es heterogénea. Algunas investigaciones muestran mejoras subjetivas en relajación o atención; otras no encuentran diferencias significativas frente a estímulos sonoros convencionales.
La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), en colaboración con la red Cochrane, concluyó recientemente que los resultados sobre calidad del sueño son inconsistentes y de baja certeza. No hay consenso científico para considerar los tonos binaurales una terapia clínica, aunque sí pueden funcionar como herramienta complementaria para determinadas personas.
Futbolistas, VIP y el efecto altavoz
El salto definitivo de estas prácticas al gran público ha llegado de la mano de deportistas de élite. El caso del futbolista Marcos Llorente es paradigmático. El jugador del Atlético de Madrid ha declarado que solo utiliza luz roja en casa, emplea gafas con filtros amarillos y rojos y evita la luz artificial tras la puesta de sol. “La luz roja no es que tenga un beneficio mágico, sino que elimina el efecto perjudicial de la luz azul por la noche”, matiza la doctora María de los Ángeles Bonmatí, experta en ritmos circadianos de la Universidad de Murcia. “El problema es llevar estas recomendaciones al extremo”.
Bonmatí recuerda que la luz natural diurna, que incluye espectro azul, es esencial para sincronizar el reloj biológico, y que la activación cognitiva -uso de pantallas, trabajo mental- es tan relevante como la iluminación.
¿Funcionan las gafas anaranjadas?
Las gafas con filtros ámbar o naranja sí cuentan con cierta evidencia. Un estudio publicado en Journal of Adolescent Health mostró que adolescentes que las usaron por la tarde experimentaron mayor somnolencia nocturna. Otros trabajos en adultos observaron mejoras subjetivas en la calidad del sueño. Aun así, como señalan expertos en sueño como Eduard Estivill o Àlex Ferré, no son una solución milagro. “Basta con usar luces cálidas y reducir pantallas por la noche”, coinciden.
Ciencia, mercado y pensamiento crítico
La popularidad de las terapias de luz y sonido refleja una búsqueda legítima de bienestar en una sociedad fatigada, sobreestimulada y con graves problemas de sueño. Pero también evidencia el riesgo de simplificar hallazgos científicos complejos en mensajes comerciales.
La fotobiomodulación y la estimulación gamma representan líneas de investigación prometedoras, especialmente en neurología. Los tonos binaurales y la iluminación cálida pueden ser herramientas útiles, siempre que se entiendan como complementos y no como soluciones universales.
Entre la ciencia y el marketing existe una frontera fina. Cruzarla sin pensamiento crítico puede convertir la innovación en moda pasajera. Mantenerla exige algo tan básico (y tan difícil) como distinguir entre lo que está demostrado, lo que está en estudio y lo que, simplemente, suena bien.


