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El negocio de Oriente Medio (petróleo, datos y poder)

De los pozos de petróleo a los centros de datos, Oriente Medio concentra inversiones energéticas, tecnológicas y militares de alcance global. Este reportaje examina qué empresas operan allí y qué cifras respaldan su apuesta

Por Marta Díaz de Santos

Este lunes, dos de marzo, una noticia simbolizó el nuevo mapa empresarial de Oriente Medio. Amazon Web Services ha reconocido daños y disrupciones en centros de datos situados en Emiratos Árabes Unidos y Baréin tras los ataques con drones. El episodio, además de ser un incidente técnico, ha marcado un cambio de era. Si durante décadas la infraestructura crítica regional fueron refinerías, oleoductos y terminales de exportación, hoy también lo son los servidores y las regiones cloud que alojan datos gubernamentales, financieros y corporativos.

La creciente presencia de gigantes tecnológicos responde a compromisos de inversión de gran magnitud. Microsoft ha anunciado planes plurianuales de inversión en Emiratos Árabes Unidos que, según informaciones públicas recogidas por Reuters, ascienden a más de 15.000 millones de dólares en el periodo 2023-2029. Amazon Web Services proyecta invertir más de 5.000 millones de dólares en Arabia Saudí para establecer infraestructura en la nube, mientras que Google Cloud y socios vinculados al fondo soberano saudí han comunicado planes de inversión en inteligencia artificial por valor de 10.000 millones de dólares. Oracle, por su parte, ha destinado alrededor de 1.500 millones a ampliar su presencia cloud en el reino.

Son infraestructuras físicas, centros de datos, redes de conectividad y alianzas estratégicas con capital estatal

Sin embargo, la base financiera que hace posible esta expansión sigue siendo la energía. Saudi Aramco declaró en su informe anual de 2024 un beneficio neto de 398.400 millones de riales saudíes, equivalentes a unos 106.200 millones de dólares. Son cifras que sitúan a la compañía entre las más rentables del mundo y que explican la capacidad del Estado saudí para sostener megaproyectos, financiar diversificación económica y participar en adquisiciones internacionales. En paralelo, QatarEnergy impulsa la expansión del yacimiento North Field, el mayor campo de gas natural del planeta. El objetivo declarado es elevar la capacidad de producción de gas natural licuado desde 77 millones de toneladas anuales hasta 126 millones para 2027, con el inicio de nuevas fases productivas previsto para la segunda mitad de 2026. Ese gas, además de alimentar a Asia y Europa, garantiza contratos a largo plazo para navieras, aseguradoras, ingenierías y traders energéticos globales.

La diversificación económica se materializa en hormigón y acero. Arabia Saudí ha lanzado bajo el paraguas de su Visión 2030 una batería de proyectos urbanos e industriales sin precedentes. NEOM, la ciudad futurista en el noroeste del país, ha firmado acuerdos con conglomerados como Samsung C&T para crear empresas conjuntas enfocadas en automatización y tecnologías de construcción avanzada, con inversiones iniciales superiores a 1.300 millones de riales. Empresas de ingeniería y gestión de proyectos como Bechtel participan como consultoras en desarrollos específicos dentro del complejo, reflejando el papel de las multinacionales occidentales en la ejecución de la nueva estrategia saudí.

En el ámbito logístico, la región explota su posición geográfica estratégica. DP World, con sede en Dubái, reportó en 2024 ingresos récord de 20.000 millones de dólares y un EBITDA ajustado de 5.500 millones. La compañía gestiona puertos y terminales en múltiples continentes, pero su base en el Golfo le permite capitalizar el tránsito entre Asia, Europa y África.

Tras las tensiones recurrentes en el mar Rojo y el golfo Pérsico, la infraestructura portuaria se convierte en activo geopolítico

El papel de los fondos soberanos es decisivo. El Public Investment Fund (PIF) de Arabia Saudí declaró activos bajo gestión por valor de 913.000 millones de dólares al cierre de 2024, con un crecimiento interanual del 19 %. Mubadala, el fondo de Abu Dabi, comunicó activos de aproximadamente 330.000 millones de dólares. ADIA, también con sede en Abu Dabi, mantiene una cartera global diversificada con fuerte exposición a Norteamérica. Estos fondos no solo invierten en el exterior: actúan como socios estratégicos de multinacionales que desean implantarse en la región, condicionando contratos a transferencia tecnológica, empleo local y participación accionarial.

El sector petroquímico muestra otro eje de interés corporativo. OMV y ADNOC han anunciado acuerdos para combinar activos y crear un gran campeón mundial en el negocio de poliolefinas, en operaciones que incluyen adquisiciones valoradas en más de 13.000 millones de dólares. El objetivo es avanzar en la cadena de valor, desde la extracción de hidrocarburos hasta la producción de materiales industriales de alto margen.

En defensa, los datos del Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI) indican que Oriente Medio sigue siendo uno de los principales destinos de exportaciones de armas. Entre 2020 y 2024, países europeos como Italia, Francia y Alemania figuran entre los principales suministradores a la región. Ello implica contratos multimillonarios para fabricantes de sistemas de combate, aeronaves, misiles y tecnología de vigilancia, así como acuerdos de mantenimiento y formación a largo plazo.

Según el World Investment Report 2025 de la UNCTAD, aunque la inversión extranjera directa global descendió en 2024, Asia Occidental se mantuvo relativamente sólida, impulsada en gran medida por los flujos hacia Emiratos Árabes Unidos. La región concentra capital en polos muy definidos (Dubái, Abu Dabi, Riad, Doha) y en sectores estratégicos, como son la energía, tecnología, logística, defensa y turismo de alto nivel.

El resultado es un ecosistema empresarial donde conviven gigantes energéticos estatales, tecnológicas estadounidenses y chinas, contratistas europeos, fondos soberanos con vocación global y grupos industriales asiáticos. Operar en Oriente Medio significa acceder a contratos de miles de millones de dólares, pero también asumir un entorno donde la seguridad, la diplomacia y la volatilidad forman parte del cálculo financiero. Allí, el riesgo es una línea estructural del balance.

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