El sector turístico en Venezuela ha entrado en un período de profunda incertidumbre tras la reciente detención del presidente Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, por parte de fuerzas estadounidenses en una operación militar llevada a cabo en Caracas el 3 de enero. Esta intervención ha puesto en suspenso los ambiciosos planes de crecimiento que proyectaban un repunte histórico para 2026.
Pese a cerrar el año 2025 con cifras récord en el ámbito turístico, la intervención militar y el anuncio del presidente estadounidense, Donald Trump, sobre que su país «gobernará» Venezuela hasta que se complete una transición, han afectado gravemente los planes de apertura internacional del país. El Ministerio de Turismo de Venezuela había anticipado un aumento significativo en el número de visitantes para 2026, destacando la llegada de más de 6.000 turistas rusos mediante acuerdos con operadoras como Pegas Touristik y Hover Tour. Asimismo, se había lanzado el producto multidestino China-Cuba-Venezuela, con la intención de activar nuevas rutas aéreas y diversificar la oferta turística hacia el oriente y sur del país.
El 2025 había sido calificado de «histórico» por el Ejecutivo venezolano, al registrar 3.443.966 llegadas de turistas internacionales, lo que significó un crecimiento del 44,56 % respecto al año anterior. Además, durante las temporadas altas, se realizaron más de 12,2 millones de movilizaciones internas. El país validó más de 1.250 rutas turísticas, con planes de alcanzar las 3.000 en 2026, y capacitó a 363.152 personas en el sector turístico. A esto se sumó una importante inversión de 4,5 millones de dólares en proyectos hoteleros y extrahoteleros.
El turismo se presentaba como uno de los 14 motores productivos en el modelo de desarrollo nacional de Venezuela
Sin embargo, la reciente intervención ha paralizado la administración del país y generado tensiones diplomáticas con Rusia, que ha calificado el acto como una «agresión armada». Esta situación pone en duda la viabilidad de los convenios y acuerdos previamente establecidos, así como la estabilidad política necesaria para el desarrollo del sector.
La reconfiguración del poder en Venezuela, con grandes empresas estadounidenses supuestamente llamadas a reparar infraestructuras, ha alterado radicalmente el panorama turístico. En este contexto de conmoción, las previsiones para el año en curso quedan suspendidas. Las asociaciones privadas, como la Asociación Venezolana de Agencias de Viajes y Turismo (AVAVIT), que habían visto en 2026 una «oportunidad de oro» para el sector, ahora enfrentan un futuro incierto en medio de cambios políticos y económicos sin precedentes.


