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Irán, un conflicto de décadas: del golpe de 1953 a la guerra abierta en Oriente Próximo

La actual escalada militar contra Irán es el resultado de una larga rivalidad política, estratégica e ideológica que enfrenta desde hace más de setenta años a Teherán con Estados Unidos, Israel y varias potencias regionales

Por Marta Díaz de Santos

El conflicto que hoy sacude Oriente Próximo no ha surgido de forma repentina. Aunque los ataques y la confrontación directa de los últimos meses han colocado a Irán en el centro de la tensión internacional, las raíces de esta crisis se encuentran en un proceso histórico complejo que combina factores geopolíticos, económicos, religiosos e ideológicos. Comprender el origen del enfrentamiento exige retroceder varias décadas y analizar cómo se ha construido la rivalidad entre Irán y las potencias occidentales, así como con Israel y otros actores regionales.

Uno de los momentos clave se produjo en 1953, cuando Estados Unidos y Reino Unido apoyaron el derrocamiento del primer ministro iraní Mohamed Mosaddeq. Su decisión de nacionalizar la industria petrolera chocó con los intereses occidentales, que temían perder el control sobre un recurso estratégico. El golpe de Estado restauró el poder del sah y convirtió a Irán en un aliado de Washington en Oriente Próximo durante la Guerra Fría. Sin embargo, este episodio generó un profundo resentimiento en la sociedad iraní, que percibió la intervención extranjera como una humillación nacional y una injerencia en su soberanía.

Este malestar fue uno de los factores que desembocaron en la Revolución Islámica de 1979. El nuevo régimen, liderado por el clero chií, rompió con Estados Unidos, expulsó a sus aliados y transformó el país en una república islámica con una fuerte identidad antioccidental. Desde entonces, las relaciones entre ambos países han estado marcadas por la desconfianza, las sanciones económicas y la confrontación indirecta. La toma de la embajada estadounidense en Teherán ese mismo año simbolizó el inicio de una nueva etapa de hostilidad.

La dimensión ideológica del conflicto también ha sido fundamental. Irán aspira a liderar el mundo chií y a expandir su influencia regional, lo que ha generado tensiones con países de mayoría suní como Arabia Saudí y otros aliados de Estados Unidos. Esta rivalidad se ha reflejado en múltiples conflictos en la región, donde Teherán ha apoyado a milicias y gobiernos aliados en países como Irak, Siria, Líbano o Yemen. Esta estrategia, basada en alianzas indirectas, ha permitido a Irán ampliar su poder sin enfrentarse directamente a sus adversarios durante años.

Israel considera a Irán una amenaza existencial. Las autoridades iraníes han cuestionado la legitimidad del Estado israelí, mientras que Israel teme el fortalecimiento de grupos aliados de Teherán en sus fronteras, especialmente en Líbano. Durante décadas, el enfrentamiento entre ambos países se desarrolló a través de operaciones encubiertas, sabotajes, ataques cibernéticos y asesinatos selectivos de científicos vinculados al programa nuclear iraní.

El programa nuclear se ha convertido en el principal punto de fricción en el siglo XXI. Irán sostiene que sus actividades tienen fines civiles, como la generación de energía, pero Estados Unidos, Israel y otras potencias sospechan que el país busca desarrollar armas nucleares. Las negociaciones internacionales intentaron limitar este programa mediante acuerdos y controles, pero los avances y retrocesos han sido constantes. Las sanciones económicas han debilitado la economía iraní, aunque no han logrado frenar completamente sus avances tecnológicos.

En los últimos años, el equilibrio de la llamada “guerra en la sombra” comenzó a romperse. El uso de drones, misiles de largo alcance y ataques contra infraestructuras estratégicas incrementó la tensión. Se produjeron enfrentamientos indirectos en varios frentes y ataques contra petroleros, bases militares y objetivos civiles. Este proceso condujo a una escalada gradual que culminó en ataques directos entre Irán e Israel, algo que durante décadas se había evitado para impedir una guerra abierta.

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