El escenario político en Argentina se encuentra en un punto de alta tensión debido a la convocatoria de una marcha hacia el Congreso en Buenos Aires por parte de la Confederación General del Trabajo (CGT) y la Confederación Argentina de Trabajadores del Transporte (CATT). Los sindicatos muestran su rechazo a la reforma laboral que actualmente se debate en el Senado, una iniciativa promovida por el presidente argentino Javier Milei.
La CGT, en un comunicado vehemente, instó a los senadores a adoptar una postura «con responsabilidad» a la hora de votar la reforma. Según este sindicato, el proyecto de ley en cuestión «no resuelve los problemas del trabajo, solo los agrava». La oposición a la reforma no se limita a la CGT; también la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE) ha organizado un paro nacional que ha logrado un notable 92% de adhesión. Rodolfo Aguiar, secretario general de ATE Nacional, advirtió que la reforma laboral representa «la mayor ofensiva que haya existido en democracia contra los trabajadores».
La reforma impulsada por Milei introduce un total de 28 modificaciones que abarcan desde estímulos para la inversión y el empleo formal, hasta la actualización de créditos laborales y la reducción de la litigiosidad. Además, se plantean cambios significativos como limitaciones a asambleas y huelgas, la creación de un banco de horas para compensar horas extra con tiempo libre y el establecimiento de un «salario dinámico».
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El debate en el Senado se anticipa como crucial y potencialmente divisivo, ya que la reforma cuenta con el apoyo de los votos del oficialismo, pero enfrenta una férrea resistencia entre los sectores sindicales y políticos de oposición.
