En las empresas actuales, la diversidad no solo se percibe en los perfiles profesionales o en la experiencia, sino también en la edad y en los momentos vitales de los empleados. Mantener la salud y el bienestar de una plantilla multigeneracional se ha convertido en un desafío estratégico, donde el factor edad juega un papel determinante. Javier Díaz Berlanas, responsable del área de Empresa Saludable de Quirónprevención, insiste en que las compañías que buscan resultados reales deben ir más allá del cumplimiento legal y situar la prevención en el centro de su estrategia, apostando por la personalización y la adaptación a cada colectivo.
La edad y sus implicaciones en la salud laboral
Existen dos grandes factores que condicionan la salud de una plantilla: la edad y los hábitos. Mientras que la primera es inmutable, los hábitos ofrecen un campo de acción claro para las empresas. La promoción de una alimentación equilibrada, la actividad física regular o la gestión del estrés pueden influir de manera positiva en parámetros de salud clave, como el colesterol, la glucosa o el peso. Sin embargo, para que estas intervenciones sean eficaces, es necesario primero comprender a quién se dirigen.
Recopilar y analizar datos es la base de cualquier estrategia de prevención efectiva. En Quirónprevención, por ejemplo, se realizan más de dos millones de exámenes de salud al año. Esto genera un ‘big data’ que permite identificar patrones y necesidades de los distintos grupos dentro de las plantillas. Conocer estas diferencias no solo permite diseñar acciones más precisas, sino también anticiparse a problemas de salud y orientar campañas de manera más eficiente.
Personalización: la clave del éxito
Un programa de empresa saludable no puede ser genérico si busca generar impacto real. Para Díaz Berlanas, la personalización es fundamental: “Los mensajes, servicios y formatos deben ajustarse a lo que cada generación y cada individuo considera una prioridad en su momento vital”. Aunque todos los empleados se benefician de pilares universales como la actividad física, la nutrición y el bienestar emocional, las necesidades y motivaciones varían según la edad.
Los empleados más mayores, conocidos como boomers, tienden a centrarse en parámetros clínicos, como colesterol, glucosa o peso, y muestran preocupación por la transición hacia la jubilación. Su acercamiento al bienestar emocional suele ser más gradual y requiere un acompañamiento que los ayude a enfrentar miedos o incertidumbres. Por su parte, la Generación X se enfrenta principalmente a desafíos emocionales, derivados del estrés, la ansiedad o las dificultades de conciliación. A estas preocupaciones se suman los primeros signos de sobrepeso y sedentarismo, por lo que los programas que combinan actividad física, educación en hábitos y gestión emocional resultan especialmente efectivos.
“La diferenciación real en los programas de empresa saludable viene por la personalización”, Javier Díaz Berlanas, responsable del área de Empresa Saludable de Quirónprevención
En cuanto a millennials y centennials, la salud está estrechamente ligada a la imagen y al rendimiento físico. Su interés por el deporte y la nutrición es elevado, pero a menudo descuidan riesgos menos visibles, como adicciones, desconexión digital o consumo de alcohol y tabaco. Para estos grupos, los programas deben equilibrar la motivación para mantener un estilo de vida activo con la educación sobre hábitos saludables y la gestión del bienestar emocional.
Además de la segmentación generacional, es esencial considerar el momento vital de cada empleado. Embarazo, cuidado de hijos, regreso al trabajo tras bajas o atención a familiares mayores generan necesidades muy concretas dentro de una misma generación. La tendencia actual en programas de empresa saludable es combinar un menú común de acciones con itinerarios específicos por generación y momento vital, manteniendo una experiencia homogénea y a la vez personalizada.
Un enfoque integral de la salud
Uno de los conceptos fundamentales en la prevención laboral es entender que la salud no se fragmenta, según explica Díaz Berlanas: “Los empleados no tienen ‘salud laboral’ en la oficina y ‘salud personal’ en casa. Solo existe una única salud que se desarrolla en múltiples esferas -laboral, personal y familiar-, y que se ve afectada por factores físicos, emocionales y sociales”.
“Las personas no tienen ‘salud por compartimentos’; solo contamos con una única salud que se desarrolla en distintas esferas, y por eso es fundamental un enfoque integral que contemple lo físico, emocional y social”
Adoptar un enfoque integral permite combinar servicios médicos, programas de nutrición y actividad física, apoyo emocional y condiciones del entorno, como menús saludables, vending equilibrado o espacios deportivos. Este enfoque mejora la adherencia: un empleado que entra en el programa atraído por la conciliación o la salud financiera puede acabar explorando otros pilares, incrementando el impacto general sobre la plantilla.
Tecnología y comunicación como motores de participación
El éxito de los programas de prevención depende en gran medida de cómo se comunican y se facilitan a los empleados. Contar con plataformas tecnológicas que centralicen contenidos, actividades y recursos es fundamental. Estas herramientas permiten ofrecer talleres, retos, consultas y material educativo de manera accesible, fomentando la participación y el seguimiento individualizado.
Un ecosistema tecnológico bien diseñado “combina la experiencia del empleado, los servicios de intervención y la gestión del programa”, detalla Díaz Berlanas. Así, los empleados acceden fácilmente a contenidos y retos, mientras que las asesorías en psicología, nutrición o actividad física permiten personalizar sin necesidad de planes clínicos individuales. La medición de indicadores de uso, satisfacción y evolución en salud garantiza que los programas se ajusten continuamente a las necesidades reales de la plantilla.
“Los datos son determinantes: conocer subpoblaciones, necesidades y riesgos permite priorizar acciones con impacto real”
Personalización sin estigmatización
Adaptar los programas a colectivos específicos, como embarazadas, cuidadores o empleados con cargas familiares, requiere sensibilidad. La identificación debe ser voluntaria y respetar la privacidad, evitando que los participantes se sientan señalados. Además, no todos los integrantes de un grupo tienen las mismas necesidades: la etapa del embarazo, la intensidad de la carga familiar o la disponibilidad de tiempo marcan diferencias importantes. Por ello, la tendencia se dirige hacia contenidos híbridos (digitales y presenciales) y servicios individuales como asesorías o coaching, que permiten abordar necesidades concretas de manera escalable.
Beneficios de un enfoque multigeneracional
Diseñar programas teniendo en cuenta la edad y el momento vital aporta múltiples ventajas. Permite priorizar intervenciones con impacto real sobre la salud, aumentar la implicación y motivación de los empleados, reducir absentismo y siniestralidad, y mejorar el clima laboral. Además, ayuda a preparar a los empleados mayores para una transición saludable hacia la jubilación, mientras que los más jóvenes adquieren hábitos que los acompañarán durante toda su carrera profesional.
Invertir en prevención y personalización no es solo un acto de responsabilidad social, sino una estrategia que impacta directamente en el rendimiento y en la cultura de la empresa. El enfoque integral, apoyado en datos y tecnología, asegura que las acciones no solo sean visibles, sino efectivas y sostenibles.
Hacia un modelo sostenible de empresa saludable
El modelo One-Health de Quirónprevención ejemplifica cómo la integración de la salud física, emocional y social puede transformar la prevención en las organizaciones. Gestionar todas las áreas relacionadas -servicios médicos, restauración, espacios deportivos, seguros-, y apoyarse en datos y tecnología permite diseñar programas que generan resultados medibles y tangibles.
Conocer las subpoblaciones dentro de la plantilla, adaptar contenidos y servicios a sus necesidades y medir continuamente los resultados es la fórmula para asegurar que la inversión en salud no se quede en buenas intenciones, sino que produzca beneficios reales. La personalización, basada en datos y en la comprensión de cada generación y momento vital, se convierte así en el eje central de cualquier programa de empresa saludable que aspire a ser efectivo y duradero.




