El Informe Europeo de Pagos de Consumidores (ECPR), elaborado por Intrum, revela que el 61% de los consumidores españoles son considerados «consumidores adaptativos». Este grupo, que representa a seis de cada diez españoles, ha demostrado ser capaz de gestionar su economía cotidiana y adaptarse a sus gastos, aunque generalmente con poco margen para afrontar imprevistos.
Por detrás de los consumidores adaptativos se encuentran los consumidores resilientes, que comprenden el 23% de la población. Este segmento muestra una mayor capacidad para afrontar situaciones adversas. En el polo opuesto del espectro están los consumidores frágiles, que representan el 14% de los encuestados y presentan más dificultades para cumplir con sus obligaciones financieras.
Con motivo del Día Mundial de los Derechos del Consumidor, celebrado el 15 de marzo, el estudio pone de relieve la importancia de fomentar hábitos financieros saludables. Estos hábitos son esenciales para mejorar la toma de decisiones económicas de los ciudadanos.
El informe subraya que el nivel de ingresos no es el único determinante de la estabilidad financiera. Algunos consumidores con ingresos superiores a la media experimentan problemas para gestionar sus deudas, mientras que otros con rentas más limitadas logran mantener una situación económica estable. El análisis sugiere que
la relación con el dinero, los hábitos, la mentalidad y las experiencias previas pueden ser tan determinantes como el nivel de ingresos en la salud financiera de los hogares
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Además, se identifica que las personas de mayor edad suelen presentar mayores niveles de resiliencia financiera, algo que los autores del informe vinculan al aprendizaje acumulado a lo largo del tiempo. Entre los comportamientos asociados a la vulnerabilidad económica, destacan la falta de ahorro para emergencias y la tendencia a priorizar el consumo inmediato.
Los consumidores frágiles tienden a asumir un mayor riesgo financiero a largo plazo, lo que incrementa su dependencia del endeudamiento. El informe también detecta altos niveles de ansiedad ante decisiones económicas relevantes, como la compra de una vivienda o la planificación de la jubilación. En algunos casos, el gasto se usa como método para aliviar el estrés o el aburrimiento, lo que podría empeorar su situación financiera.
