La España urbana, la llamada “España abarrotada”, concentra hoy buena parte de las tensiones económicas que enfrentan los hogares españoles. Un reciente análisis territorial de Foro NESI, basado en el IX Informe FOESSA y con más de 12.000 hogares encuestados, evidencia que la economía doméstica no es uniforme: a medida que aumenta el tamaño de la ciudad, también lo hace la vulnerabilidad económica. Las grandes urbes, con más de 500.000 habitantes, se sitúan como los territorios donde las familias sufren mayor presión financiera, mientras que ciudades pequeñas y municipios rurales presentan una resiliencia significativamente mayor.
Los datos del estudio son contundentes. El 56% de los hogares en grandes ciudades llega a fin de mes con dificultad, cifra que refleja un estrés económico constante. Esta tensión se traduce en retrasos en pagos esenciales, recortes en gastos cotidianos y mayor exposición a la precariedad laboral. Por ejemplo, casi dos de cada diez hogares urbanos ha retrasado el pago de suministros básicos —luz, agua, gas o calefacción— al menos una vez al año, frente al 7% en municipios pequeños. En cuanto a la vivienda, entre un 6% y un 7% de los hogares de Madrid o Barcelona ha experimentado retrasos en los pagos, lo que evidencia que la presión económica urbana afecta incluso a los derechos básicos.
La vulnerabilidad se extiende más allá de los pagos esenciales. Según el informe, el 43% de los hogares urbanos ha enfrentado problemas relacionados con la vivienda, como avisos de corte de suministros o amenazas de desalojo, frente al 22% de los pequeños municipios. Además, el 62% de las familias en grandes ciudades declara dificultades para afrontar gastos imprevistos, material escolar o necesidades básicas, y el 61% ha tenido que reducir el gasto en ocio, casi 20 puntos más que en localidades menos pobladas. Esto demuestra que vivir en un entorno con abundante oferta de servicios no garantiza accesibilidad ni bienestar.
La precariedad laboral agrava aún más la situación. En la “España abarrotada”, el 27% de la población trabaja de forma irregular o informal, mientras que en ciudades medianas y pequeñas esta cifra no supera el 6%. La menor proporción de empleo indefinido limita la capacidad de planificación económica y aumenta la vulnerabilidad ante cualquier imprevisto en los ingresos. Así, la densidad urbana, el alto coste de la vida y la inestabilidad laboral configuran un círculo de tensión que afecta a millones de hogares.
Diego Isabel La Moneda, director de Foro NESI, subraya que la vida en grandes ciudades no garantiza mayor bienestar económico: “El sobrecoste de la vida urbana acelera los retrasos en pagos y recortes diarios, mientras que territorios menos poblados muestran más resiliencia. Es un desequilibrio territorial que no podemos normalizar”. Por ello, el informe apuesta por un modelo de equilibrio territorial, con descentralización económica y laboral, que redistribuya oportunidades y reduzca la presión sobre las familias urbanas.
En definitiva, la “España abarrotada” no solo se define por su densidad poblacional, sino también por la tensión que la vida urbana ejerce sobre la economía doméstica. Las grandes ciudades concentran retrasos en pagos, recortes de gastos y precariedad laboral, mientras que la España más pequeña y rural mantiene cierta estabilidad. La clave para un bienestar económico más equilibrado radica en abordar estas desigualdades territoriales y construir un modelo donde la densidad no sea sinónimo de vulnerabilidad.


