Durante décadas, la historia de Inditex ha sido inseparable de dos nombres. Amancio Ortega, el fundador, y Pablo Isla, el gestor que profesionalizó el grupo y lo convirtió en la mayor empresa cotizada de España. Hoy, el relato ha cambiado. La presidencia está en manos de Marta Ortega y la gestión ejecutiva recae en el consejero delegado Óscar García Maceiras. Y, pese al cambio, el gigante textil continúa creciendo.
Los resultados presentados este miércoles lo confirman. Inditex cerró su ejercicio fiscal 2025 con un beneficio neto récord de 6.220 millones de euros, un 6 % más que el año anterior, y encadenó cuatro ejercicios consecutivos con ganancias históricas.
Las ventas también alcanzaron un máximo histórico. Hablamos de 39.864 millones de euros, con Zara como principal motor del grupo, responsable de más de 28.000 millones de facturación. Es, en la práctica, la confirmación de que el relevo en la cúpula no ha alterado la capacidad del grupo para generar beneficios. Al contrario, Inditex ha logrado mantener márgenes y crecimiento incluso en un contexto de inflación, tensiones geopolíticas y desaceleración del consumo en varios mercados.
Marta Ortega y Maceiras, nuevo equilibrio de poder
El cambio generacional comenzó a materializarse en 2022, cuando Marta Ortega asumió la presidencia del grupo fundado por su padre. Desde entonces, el día a día de la compañía recae en el consejero delegado, Óscar García Maceiras, un perfil técnico y discreto que llegó al cargo en 2021.
El reparto de responsabilidades también se refleja en las retribuciones. En el ejercicio 2025, Marta Ortega percibió un salario de un millón de euros, prácticamente simbólico para la presidencia de una compañía de este tamaño. El CEO, en cambio, recibió 11,549 millones de euros en remuneración total, incluyendo salario, incentivos y retribución variable, más de once veces la cantidad percibida por la presidenta. La diferencia refleja el modelo de gobierno corporativo que Inditex ha consolidado en los últimos años. Es decir, una presidencia de carácter institucional y estratégico, encarnada por la familia fundadora, y una gestión ejecutiva profesionalizada que concentra las decisiones operativas. Ese equilibrio recuerda al esquema que funcionó durante años con Amancio Ortega y Pablo Isla (el fundador marcaba la cultura y el rumbo, mientras el gestor ejecutaba la estrategia).
Un modelo que sigue generando caja
Si algo caracteriza al grupo gallego es su capacidad para generar liquidez. El consejo de administración ha propuesto un dividendo de 1,75 euros por acción con cargo a los resultados de 2025, un 4 % más que el año anterior. En total, la compañía distribuirá más de 5.454 millones de euros entre sus accionistas, siguiendo su política habitual de repartir aproximadamente el 60 % del beneficio anual como dividendo ordinario, al que suele añadirse un pago extraordinario.
El principal beneficiario vuelve a ser el fundador. Amancio Ortega, que controla alrededor del 59,29 % del capital, ingresará este año 3.234 millones de euros en dividendos, una de las mayores remuneraciones anuales que recibe un empresario europeo de su propia compañía.
Aunque retirado de la gestión diaria, Ortega sigue siendo el gran accionista del grupo a través de sus sociedades Pontegadea y Partler Participaciones. Esa posición le permite mantener influencia estratégica mientras transforma los dividendos del textil en inversiones inmobiliarias alrededor del mundo.
Más eficiencia (y menos tiendas)
Otro de los cambios silenciosos de Inditex en la última década ha sido su transformación operativa. El grupo ha reducido el número de tiendas tradicionales mientras apuesta por establecimientos más grandes, integrados con el canal digital y situados en las principales arterias comerciales. En 2025, la compañía operaba 5.460 tiendas en todo el mundo, tras un proceso de optimización que incluyó 190 aperturas, 217 reformas y 293 absorciones de establecimientos.
Este rediseño del modelo comercial ha permitido elevar la rentabilidad. El grupo registró un margen bruto de 23.222 millones de euros (58,3 % de las ventas) y un EBITDA de 11.267 millones, cifras que muestran la fortaleza de su estructura de costes. Además, el grupo continúa invirtiendo en logística y tecnología. Entre sus últimos proyectos destaca una inversión de 1.800 millones de euros en un nuevo centro logístico en Zaragoza, clave para acelerar el modelo de producción y distribución que distingue a Zara.
Zara, corazón del sistema y el legado invisible de Amancio Ortega
Aunque Inditex controla ocho marcas, entre ellas Bershka, Massimo Dutti, Stradivarius u Oysho, el verdadero motor sigue siendo Zara. La marca concentra más de dos tercios del negocio y funciona como el laboratorio de innovación del grupo. El modelo sigue basándose en los mismos principios que definieron el proyecto original de Amancio Ortega en los años setenta: ciclos de producción rápidos, control de la cadena logística y una relación directa con el cliente final. Ese enfoque ha permitido a Inditex mantener márgenes muy superiores a los de muchos competidores. En 2025, el grupo registró un margen operativo del 20,1 %, muy por encima de rivales internacionales como H&M.
Aunque el foco mediático se ha desplazado hacia Marta Ortega y el equipo directivo, el fundador sigue presente en el ADN de la compañía. Inditex continúa operando bajo principios que él implantó hace décadas: decisiones rápidas, proximidad entre diseño y producción, y una estructura organizativa relativamente ligera.
Ese legado explica que, incluso con una nueva generación al frente, el grupo siga funcionando con una lógica muy similar a la de sus primeros años. La paradoja del gigante textil es que, cuanto menos visible se vuelve su fundador, más evidente resulta la solidez del sistema que creó. Porque el verdadero triunfo de Amancio Ortega, más allá de levantar Zara, ha sido construir una empresa capaz de seguir creciendo cuando él ya no estaba al mando.
