L’Oréal ha movido ficha para incorporar a un perfil de primera fila a su cúpula. El grupo francés propondrá a Pablo Isla como vicepresidente y miembro del consejo de administración, un nombramiento que se someterá a votación en la Junta General de Accionistas del 24 de abril de este año y, de salir adelante, lo situará como vicepresidente junto a Jean-Victor Meyers tras la junta. La propuesta llega impulsada por Nestlé, accionista histórico de L’Oréal con alrededor del 20% del capital, y cuenta con el aval del comité de nombramientos y gobierno corporativo.
Con este movimiento, L’Oréal busca reforzar su gobierno corporativo con alguien que combina tres activos poco frecuentes en el mismo currículum: visión estratégica probada, experiencia de transformación a gran escala y pulso internacional. La compañía, de hecho, ha subrayado precisamente ese encaje. Es decir, la capacidad de Isla para ejecutar planes de cambio con crecimiento global, y su conocimiento de regulación, riesgos y gobernanza.
Isla llega a esta candidatura en un punto especialmente sólido de su carrera. Abogado del Estado de formación y con primeros años entre el sector público y el financiero, su salto al liderazgo empresarial se consolidó en Altadis (2000-2005) y, sobre todo, en Inditex, donde fue consejero delegado (2005-2011) y después presidente ejecutivo (2011-2022). En ese periodo el grupo aceleró su internacionalización y completó un giro decisivo hacia la omnicanalidad y el negocio online, en paralelo a una creciente agenda de eficiencia y sostenibilidad.
Tras su etapa en Inditex, su perfil se ha ido "europeizando" aún más desde los consejos de grandes multinacionales, y especialmente desde Nestlé. La propia compañía suiza anunció cambios en su presidencia que situaron a Isla como chairman (presidente del consejo) con efecto 1 de octubre de 2025, después de haber sido vicepresidente del consejo y miembro del board desde 2018, consolidándolo como una de las voces más influyentes del gran consumo europeo.
El movimiento se produce, además, con L’Oréal en una coyuntura de “defensa y ataque” a la vez: defensa por un entorno de consumo más exigente y una competencia cada vez más ágil (marcas nativas digitales y empujadas por redes sociales), y ataque por una cartera de marcas y una maquinaria de I+D y marketing capaces de capturar crecimiento cuando el mercado se reactiva. En su último ejercicio, el grupo cerró 2025 con ventas de 44.052 millones de euros (+1,3% reportado), y un beneficio neto de 6.127 millones (-4,4%), descenso que se atribuyó en parte a impactos fiscales extraordinarios en Francia; la compañía también planteó un dividendo de 7,20 euros por acción. En el cuarto trimestre, L’Oréal destacó la recuperación en mercados clave como EE. UU. y China y un crecimiento orgánico que apuntala el inicio de 2026 con más tracción, aunque el mercado ha mirado con lupa cualquier desviación frente a expectativas.
Sobre L'Oréal
Para entender por qué L’Oréal ficha, o intenta fichar, a Isla hay que mirar también el ADN de la empresa. Fundada en 1909 por el químico Eugène Schueller, L’Oréal ha crecido apoyándose en una idea simple y potentísima: convertir la ciencia (formulación, seguridad, eficacia) en industria global, y convertir el marketing en una disciplina casi tan estratégica como el laboratorio.
Esa combinación le ha permitido sostener durante décadas un portafolio multisegmento (gran consumo, dermocosmética, lujo, profesional) y moverse con rapidez cuando cambian los canales, desde el retail tradicional al e-commerce y, más recientemente, a la influencia social y la venta en plataformas.
En ese tablero, Isla encaja por lo que representa. Es un ejecutivo que ha gestionado una compañía global de consumo con presión constante de márgenes, cambio tecnológico y exigencias reputacionales, y que ahora preside el consejo de otra multinacional enorme como Nestlé.
Su aterrizaje como vicepresidente del consejo de L’Oréal, si la junta lo ratifica en abril, no es solo un "gran nombre" para la foto; es una señal de hacia dónde quiere mirar el grupo en la siguiente etapa, con más disciplina de ejecución, más músculo de gobernanza y una lectura muy fina de cómo crecen y se defienden los líderes mundiales del consumo cuando el mercado se fragmenta.


