Estée Lauder confirmaba hace un par de días que se encuentra en conversaciones con Puig para una posible combinación de negocios, aunque aseguraba también que no se ha tomado una decisión final y que no existe todavía un acuerdo firmado. Pero, según informa Reuters, sobre la mesa se estudia una fórmula que mezclaría efectivo y acciones, dentro de una operación que podría dar lugar a un grupo de alrededor de 40.000 millones de dólares.
Hablar de “cómo se reparten las acciones” exige precisión. Aún no se ha comunicado ninguna ecuación ni qué porcentaje tendría cada parte en la sociedad resultante. En otras palabras, en esta etapa inicial no se está repartiendo todavía el capital del grupo fusionado; se está negociando quién llegará con más fuerza al diseño de ese reparto.
Estée Lauder acude a esa mesa con una estructura que refuerza claramente el control de la familia Lauder. La compañía tiene acciones Clase A, con un voto por título, y acciones Clase B, con diez votos por acción. Según su documentación remitida a la SEC, a 23 de octubre de 2025 había 234,8 millones de acciones Clase A y 125,5 millones de Clase B en circulación; además, para operaciones como fusiones, reorganizaciones o consolidaciones se exige la aprobación del 75% del poder de voto. Ese mismo documento señala que, antes de una colocación secundaria de noviembre de 2025, la familia Lauder concentraba aproximadamente el 84% del poder de voto, porcentaje que quedaba en torno al 82% tras la operación.
Puig llega con un blindaje distinto. Su informe anual de gobierno corporativo de 2025 recoge un capital de 568,2 millones de acciones, divididas entre 393,4 millones de Clase A y 174,8 millones de Clase B. Las primeras otorgan cinco votos por acción y las segundas, uno. El mismo informe sitúa en el 93,21% los derechos de voto de Exea Inversión Empresarial, el vehículo a través del que la familia Puig controla la compañía. Además, las cuentas semestrales de 2025 mostraban que Exea concentraba el 73,5% de los derechos económicos y el 93% de los derechos de voto.
Esa es la verdadera clave de la primera fase. Antes de fijar un canje de acciones, una prima o la composición del consejo, ambas partes negocian desde posiciones de poder muy protegidas. Reuters incluso apunta a que la fórmula discutida contempla acciones y caja y que la familia Puig podría compartir el control del futuro grupo con la familia Lauder, aunque los términos siguen abiertos y pueden cambiar.
La lógica industrial de la operación existe. La combinación reforzaría el negocio de fragancias, daría más escala internacional a ambas casas y permitiría plantar cara a rivales como L’Oréal en un mercado que vive una nueva fase de concentración. En una posible fusión entre Estée Lauder y Puig, la primera batalla no se libra en los perfumes, ni en el maquillaje, ni en la distribución, sino en el control.
Por eso, el retrato más fiel de este momento es el de una negociación todavía abierta entre dos imperios de la belleza que no han repartido aún las acciones de una futura empresa común, pero sí han dejado claro que ninguno de los dos bloques familiares se sentará a la mesa para perder el mando.
