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'Una batalla tras otra' reina en los Oscar en una gala con un In Memoriam para el recuerdo

La 98ª edición de los premios de la Academia, celebrada en Los Ángeles el domingo 15 de marzo, coronó a Paul Thomas Anderson, encumbró a Michael B. Jordan y Jessie Buckley y encontró su momento más conmovedor en los homenajes a Rob Reiner, Diane Keaton y Robert Redford

Por Marta Díaz de Santos

Hollywood amaneció este lunes con un ganador claro y varios relatos cruzados. La 98ª gala de los Oscar, celebrada en el Dolby Theatre de Los Ángeles, confirmó a Una batalla tras otracomo la gran vencedora de la noche con seis estatuillas, entre ellas mejor película, mejor dirección y mejor guion adaptado para Paul Thomas Anderson. Fue la culminación de una ceremonia en la que la Academia premió tanto la ambición autoral como el cine de género, repartiendo también un botín importante para Sinners y dejando un In Memoriam de un peso emocional muy superior al habitual.

La gran foto final la dejó Anderson abrazado a su equipo mientras recogía el Oscar principal. Su película, una comedia negra de resistencia política protagonizada por Leonardo DiCaprio, cerró la noche con los premios a mejor película, dirección, guion adaptado, montaje, actor de reparto y casting. Este último, además, tenía un valor añadido: era la primera vez que la Academia entregaba un Oscar competitivo al mejor casting, la primera categoría nueva en décadas. Anderson, que hasta ahora acumulaba una larga historia de nominaciones sin victoria, salió del Dolby con sus primeros triunfos en la Academia y convertido por fin en el gran nombre de una noche que parecía diseñada para él.

Sinners, que llegaba como la película más nominada con 16 candidaturas, no logró el premio gordo, aunque sí sostuvo hasta el final la tensión competitiva y acabó con cuatro premios de mucho peso: mejor actor para Michael B. Jordan, mejor guion original para Ryan Coogler, mejor banda sonora para Ludwig Göransson y mejor fotografía para Autumn Durald Arkapaw. La victoria de Jordan, la primera de su carrera en los Oscar, fue uno de los grandes estallidos de la noche; la de Durald Arkapaw, uno de sus hitos históricos, al convertirse en la primera mujer y la primera directora de fotografía negra en ganar esa categoría. Jordan recogió el premio por su doble interpretación de los hermanos Smoke y Stack con un discurso de agradecimiento a quienes le abrieron camino antes que él, en especial a los grandes nombres negros que le precedieron en la historia del cine estadounidense.

Jessie Buckley y Michael B. Jordan posan con sus premios Oscar a mejor actriz y actor.

En paralelo, Jessie Buckley confirmó otro de los pronósticos fuertes y ganó el Oscar a mejor actriz por Hamnet, donde interpreta a Agnes Hathaway, esposa de William Shakespeare; su premio la convirtió en la primera intérprete irlandesa en imponerse en esa categoría.

Las categorías interpretativas completaron una noche de veteranos y consagraciones. Sean Penn ganó el Oscar al mejor actor de reparto por Una batalla tras otra, sumando el tercer Oscar de interpretación de su carrera, aunque no acudió a la ceremonia y fue Kieran Culkin quien recogió el galardón en su nombre. Amy Madigan, por su parte, firmó uno de los regresos más celebrados al llevarse el premio a mejor actriz de reparto por Weapons, 40 años después de su anterior nominación. En una edición que combinó prestigio y cine popular, esos dos nombres terminaron de subrayar que la Academia quiso premiar tanto trayectorias largas como interpretaciones con fuerte impacto industrial y emocional.

En el resto del palmarés, Frankenstein fue la gran dominadora de los apartados artesanales, con los premios a diseño de producción, vestuario y maquillaje y peluquería. KPop Demon Hunters se llevó mejor película de animación y mejor canción original por Golden, primer triunfo del K-pop en esa categoría. Sentimental Value dio a Noruega su primer Oscar a la mejor película internacional, Mr. Nobody Against Putin ganó el premio al mejor documental y Avatar: Fire and Ash se impuso en efectos visuales, mientras F1 se llevó el de sonido. Incluso hubo una rareza estadística: empate en mejor cortometraje de ficción entre The Singers y Two People Exchanging Saliva. Marty Supreme, en cambio, fue una de las grandes derrotadas de la madrugada y se marchó sin premios.

La ceremonia, presentada de nuevo por Conan O’Brien, osciló entre el espectáculo clásico, la ironía política y una industria consciente de sus propias tensiones. El presentador abrió la gala con bromas sobre la inteligencia artificial, Netflix, Donald Trump y el estado de la cultura popular, en un monólogo más afilado de lo habitual en él. Sin embargo, el alma de la noche estuvo en otro sitio... el extenso y muy emocional bloque de homenaje a los fallecidos del último año. Billy Crystal abrió el In Memoriam recordando a Rob Reiner, amigo íntimo y compañero generacional, en una intervención que sirvió también para reivindicar su cine y su influencia humana. Después se fueron sucediendo los nombres de una generación central del cine estadounidense, pero el segmento quedó marcado por dos momentos muy precisos.

Primero, Rachel McAdams subió al escenario para recordar a Diane Keaton y la definió como una “leyenda sin final”, repasando no solo su peso como actriz, sino también como autora, artista, activista y madre. Más tarde, Barbra Streisand apareció para el homenaje a Robert Redford, evocó su relación artística y personal con el actor y director y cantó unas líneas de The Way We Were.

Rachel McAdams homenajea a la gran Diane Keaton

Hubo guiños, como la reunión de Anne Hathaway y Anna Wintour en clave El diablo viste de Prada, y también lecturas más profundas: la Academia premió una película de resistencia política como Una batalla tras otra, encumbró a un título tan singular como Sinners, abrió una nueva puerta con el Oscar al casting y dejó que el recuerdo de sus muertos ocupara un espacio inhabitualmente largo y central. Warner Bros. fue, además, el gran estudio vencedor de la noche con 11 estatuillas, impulsadas sobre todo por Una batalla tras otra y Sinners, en un momento en el que Hollywood vive con inquietud la concentración empresarial, el pulso del streaming y el debate sobre la inteligencia artificial.

El balance final es el de una gala más sólida que estridente, menos entregada al escándalo instantáneo que a la construcción de un relato de industria. Ganó Paul Thomas Anderson, sí, pero también ganó una cierta idea del Oscar: la de una Academia que quiere seguir siendo clásica sin dejar de reconocer los nuevos lenguajes del cine popular, que se permite bromear con el presente pero todavía encuentra su verdad más honda cuando mira al escenario y recuerda a los ausentes. Por eso, más allá del palmarés, la imagen que probablemente perdure de los Oscar 2026 no será solo la del equipo de Una batalla tras otra alzando la mejor película, sino también la de Streisand cantando a Redford y la de McAdams poniendo voz al recuerdo de Diane Keaton.

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