“El mercado es soberano y tiene más poder que el propio parlamento de un país”. Con esta reflexión resumió un conocido gestor de renta variable la situación que vive Estados Unidos a ojos de los inversores: un dólar débil (al cierre de esta edición, cotizaba en el entorno de 0,85 euros) y elevados intereses de deuda (el bono estadounidense a diez pagaba un rendimiento del 4,2%-4,3% en el mercado secundario) en un contexto plagado de conflictos bélicos y geopolíticos -internos y externos- que lastran la confianza en el gobierno de Donald Trump.
Históricamente, el bono estadounidense ha sido considerado como la referencia de la solvencia soberana en prácticamente todo el mundo, al estilo de la deuda germana en Europa. Esta percepción parece haberse roto en los últimos años, con los distintos cambios en los modelos de crecimiento y con los movimientos de los bancos centrales, más centrados en garantizar la supervivencia de los propios estados que en el control efectivo de una inflación que sigue ahogando a las principales economías.
Si tomamos con referencia el cierre de 2020, el año del Covid, vemos que el interés de la deuda norteamericana a una década cotizaba con un cupón del 0,92%. Cinco años después, por esa misma referencia, el Tesoro estadounidense paga casi cinco veces más -el citado 4,2%-. En este periodo, es decir, cinco años, el volumen de pasivo público estadounidense ha pasado de 26,9 a 38,2 billones de dólares, un 42% más en términos brutos. En relación con su PIB anual, la ratio de endeudamiento de EEUU ronda el 125%.
En el mismo periodo, y aunque no sean economías comparables ni por tamaño ni por estructura, Alemania ha elevado su deuda menos de un 20% y España, alrededor de un 27%. El interés del bono germano, por su parte, estaba en terreno negativo en 2020 -los inversores ‘pagaban’ alrededor de un 0,2% para tener deuda germana en cartera-, mientras que ahora paga algo más del 2,8%. Esto ha provocado que la prima de riesgo de nuestro país (el cupón español a diez años es del 3,2%, aproximadamente) se haya estrechado hasta el entorno de los 40 puntos básicos.
Es más, si comparamos la percepción de riesgo del mercado y seguimos la máxima de que, a mayor interés de la deuda, mayor riesgo de impago, actualmente los inversores perciben que tendrán más problemas de recuperar la inversión en deuda estadounidense que si lo hacen en los títulos españoles. Solo el tiempo dirá si esta situación se prolonga, pero el mercado cotiza ya que la capacidad de crecimiento de nuestro país en los próximos años será suficientemente fuerte -en términos porcentuales, la mayor de la UE- como para que pueda atender a sus compromisos financieros. En 2025, el PIB español creció un 2,8%.
De vuelta a EEUU, como comentábamos, parece que el mundo empieza a dar la espalda a Donald Trump. La tentativa anexionista de Groenlandia promete generar un efecto rechazo en los inversores europeos que cumpliría la máxima que encabeza este artículo (el citado ‘poder del mercado’). Muchos grandes fondos europeos, especialmente los soberanos, podrían comenzar a vender sus títulos de deuda pública estadounidense en una espiral de ‘ataques silenciosos’ en respuesta a los conflictos bélicos que lidera el controvertido presidente norteamericano.
El proceso de ‘sell America’ (‘vende América’) recuerda a situaciones pasadas vividas en Europa, salvando las distancias. Portugal, Grecia, Irlanda y España tuvieron que ser rescatadas por problemas de acceso al mercado, ya que el interés de sus bonos escaló tanto en el mercado, por el desplome de la demanda, que la maquinaria comunitaria -y el BCE- tuvo que intervenir. En el caso de EEUU, probablemente será la propia Reserva Federal la que tendrá que ‘auxiliar’ al Ejecutivo de Donald Trump. Una vez más.
En cualquier contexto, lo que parece claro es que viviremos en un mundo con estados muy endeudados, estrechos márgenes fiscales y delicados equilibrios presupuestarios. En paralelo, por cierto, con una creciente fragmentación en los distintos parlamentos.


