Europa vive el cambio de ciclo económico enfrascada una encrucijada política que se traslada a las principales variables macroeconómicas de sus grandes países, fuertemente endeudados. Alemania sufre para sostener su PIB industrial, Francia es incapaz de aprobar un necesario ajuste de gasto público de 44.000 millones de euros y España no puede ni siquiera sacar adelante los Presupuestos Generales del Estado cada año.
La práctica ausencia de mayorías absolutas en el Viejo Continente obliga a los gobiernos a tener que pactar prácticamente todo con partidos de espectro político distinto -cuando no directamente opuesto, como el caso germano-, lo cual debería ser algo positivo en términos de máximo consenso social. No obstante, la realidad es que las negociaciones se alargan en el tiempo, por el interminable juego de intereses cruzados, y ello resta competitividad a las economías europeas.
El lastre de la deuda pública, en niveles históricos, y el escaso margen de actuación en materia fiscal es otro elemento común de muchos de estos países. En términos tributarios, varias economías europeas son perciben a nivel global como lo más parecido a un ‘infierno fiscal’. Y esto es especialmente relevante, porque el nivel de impuestos que exige un Estado es al menos igual de relevante para los inversores que el tamaño de un mercado o que la normativa laboral.
De los 10 países con peor ‘nota’ en términos de competitividad fiscal de la OCDE, ocho son europeos -entre ellos, España, en sexto lugar, Francia, en el tercero, e Italia, en el segundo-, según se desprende del informe ‘International Tax Competitiveness Index 2025’ de Tax Foundation. El estudio analiza el escenario tributario de 38 economías desde la visión de la tributación individual, societaria, de patrimonio y de consumo, y sitúa a Colombia como el Estado desarrollado menos atractivo.
El ‘infierno fiscal’ de las economías desarrolladas es el Estado colombiano, por tanto, y en la parte alta de las economías más ‘laxas’ en términos tributarios están los países nórdicos, con Estonia y Lituania a la cabeza. En materia de impuestos, hay claramente dos Europas, la del Norte y la del Sur.
Por cada euro de más que produce España, Hacienda ingresa casi cuatro. Somos la sexta economía menos competitiva en materia fiscal de la OCDE
En un contexto en el que las subidas de impuestos son más ‘faciles’ desde el punto de vista de la negociación parlamentaria -básicamente, porque no es necesaria en casos como el de España, gracias al ‘decretazo’ salvador-, cualquier incremento del esfuerzo fiscal que decidan estas economías iría directamente en contra de su competitividad global. Pero estas clasificaciones no tienen prácticamente ningún efecto en el ‘día a día’ de la gestión de lo público.
En los últimos años, hemos que, si el necesario ajuste de gasto es imposible de pactar, la ‘vuelta de tuerca’ a los tipos fiscales y sus exenciones escritas en letra pequeña parece el recurso fácil del débil gobernante en coalición. El maná tributario parece inagotable en economías como la española, cuya recaudación crece a un ritmo interanual del 10% -según datos de la Agencia Estatal de la Administración Tributaria (AEAT) a cierre de junio-, casi cuatro veces más que el PIB -+2,8% en el segundo trimestre-.
En términos relativos, por cada euro de más que produce España, Hacienda ingresa casi cuatro. Es algo histórico, se mire por donde se mire, aunque ello tenga como efecto el escaso nivel de gasto que los españoles han realizado estas vacaciones y nuestra pérdida de competitividad fiscal. Si sumamos la subida de impuestos a la inflación, el gobernado tiene mucho menos dinero en el bolsillo, pero el gobernante presume de que todo va mucho mejor porque las cifras macroeconómicas así lo dicen. Bendito PIB creciente, estimulado por el dispendio del Estado.
Esta aparentemente inagotable fuente de ingresos anima a los gobernantes a seguir perforando techos de gasto y a favorecer, desde el BOE, a aquellos gobiernos autonómicos cuyos políticos apoyan al Ejecutivo en el Congreso. Lo que no se puede entender es que España, con el nivel de recaudación que está registrando, no haya sido capaz de reducir su déficit público hasta el deseado equilibrio presupuestario. Los actuales 1,7 billones de euros de deuda pública se quedarán pequeños en el medio plazo, y el pasivo hay que devolverlo… algún día.
