Revista Capital

El talento financiero entra en una nueva era

Por Marta Díaz de Santos

La transformación tecnológica y la irrupción de la inteligencia artificial están redefiniendo el talento y la organización en el sector financiero. Según Ricardo Ramírez, senior manager de Peoplematters, el cambio no es solo de herramientas, sino de mentalidad. “El talento financiero ya no se define por su conocimiento financiero, sino por su capacidad de amplificar el capital con tecnología”, explica. En este nuevo escenario, las entidades compiten no solo por clientes, sino por atraer perfiles híbridos capaces de combinar finanzas, datos y tecnología.

El experto destaca que el flujo de talento se está desplazando hacia fintechs y neobancos, que ofrecen entornos más ágiles y exposición directa a producto. “Los bancos europeos pierden sus mejores ingenieros ante fintechs, algo antes impensable, al ofrecer estas mayor agilidad y exposición a producto. Ejemplo de ello es que muchos neobancos contratan talento que antes iba a Goldman Sachs y lo pagan mejor. De este modo, el talento que aúna finanzas y tecnología está mucho más demandado y retribuido que un perfil con conocimientos que no se complementan entre sí”, resalta.

Esta competencia por el talento se refleja también en los perfiles más buscados. En un entorno de mercados globales y altamente competitivos, el experto subraya que el diferencial no está en acumular conocimiento, sino en interpretarlo con rapidez. “En un mercado tan hipercompetitivo como en el que vivimos, el perfil que más se demanda no es el que más sabe sobre tendencias, capital o inversión, sino aquel que tiene la capacidad de interpretarlo más rápido y construir una ventaja competitiva sobre ello”.

La inteligencia artificial ocupa un lugar central en esta evolución. Las entidades buscan profesionales capaces de entender el funcionamiento de los modelos y sus riesgos. “Se buscan perfiles que entiendan los riesgos del uso de LLMs en contextos regulados como el financiero y sepan controlar y comprender el algoritmo. Igualmente crítico es poder cumplir con las regulaciones en materia de IA, estar actualizado sobre los cambios continuos y hacer delivery al mismo tiempo”.

Además, el auge del código abierto y la digitalización masiva ha elevado la relevancia de la ciberseguridad: “Los perfiles de ciber resultan críticos en un entorno donde toda la información, plataformas y aplicaciones están extremadamente democratizadas; la seguridad de los datos y los sistemas es una obligación estructural”.

El impacto de la IA no se limita al talento, sino que está transformando la estructura de las organizaciones. “Las organizaciones financieras tradicionales tienen muchas capas organizativas, lo que reduce la eficiencia y genera altos costes en sus márgenes. Muchos actores del sector están optimizando sus estructuras mediante el uso de IA”, señala Ramírez. Sin embargo, advierte de un reto creciente: “Existe un problema acuciante relacionado con la gobernanza que, paradójicamente, ralentiza lo que la IA debería acelerar”.

En este contexto, la ventaja competitiva también se redefine. “La ventaja competitiva ya no es tener mejores analistas, sino mejores sistemas de decisión que permitan a los equipos avanzar más rápido que sus competidores en un entorno cada vez más exigente”. Junto a ello, el análisis geopolítico se convierte en una habilidad crítica: “La capacidad de análisis geopolítico es clave. Anticipar lo que va a pasar es esencial en los mercados globales, y para ello se necesita mucho más que conocimiento financiero: hay que entender geopolítica, relaciones internacionales y leyes de comercio”.

Este cambio impacta también en el liderazgo. Los directivos deben diseñar sistemas de decisión híbridos en los que humanos y algoritmos trabajen de forma coordinada. “El nivel de liderazgo que se espera hoy es construir el mejor sistema para decidir. Las decisiones críticas ya no se tomarán solo en comités de dirección, sino que se complementarán con modelos de IA, agentes autónomos, datos en tiempo real y perfiles humanos especializados”.

De cara al medio plazo, el experto anticipa que la capacidad organizativa será el principal factor diferencial. “La capacidad más crítica en el sector financiero no será analizar inversiones, sino diseñar organizaciones capaces de aprender más rápido que el mercado, con equipos de 6 a 10 personas que operen como antes lo hacían equipos de 60”. Este proceso obligará también a redefinir las carreras profesionales y gestionar el impacto de la automatización.

Además, el equilibrio entre tecnología y juicio humano será decisivo. “Otra capacidad imprescindible es saber detectar cuándo los modelos fallan. El equilibrio entre humanos e IA siempre superará tanto al humano por sí solo como a la IA por sí sola. Las entidades que entiendan esto tendrán una ventaja estructural difícil de replicar”.

España, inversión y cambio de modelo productivo

Más allá del ciclo financiero, España afronta un cambio cualitativo en la inversión. El Ministerio de Economía subraya una transformación relevante en su composición: “Comparando los periodos 2012-2018 y 2018-2025, el crecimiento trimestral medio es similar en ambos, pero en el segundo la inversión en I+D y propiedad intelectual —sectores clave para la productividad— se ha duplicado”.

Este giro impulsa el crecimiento potencial: “La inversión en sectores de alto valor añadido es uno de los motores del aumento del crecimiento potencial de la economía española, estimado por la Comisión Europea en torno al 2,5% para el periodo 2025-2027”.

España también destaca en inversión internacional: “En inversión extranjera directa, España se posiciona como el segundo país del mundo en nuevos proyectos de energías renovables entre 2018 y 2025, y entre los seis primeros globalmente en inversión en digital e inteligencia artificial, reflejo de la confianza internacional en el modelo productivo español”.

Perspectiva mundial: el capital en un mundo más fragmentado

El año 2026 marca un momento de redefinición para la inversión global. Tras un periodo de volatilidad, inflación y endurecimiento monetario, el escenario internacional se caracteriza por un crecimiento moderado pero resiliente, acompañado de una profunda transformación estructural. La economía mundial avanza a distintas velocidades, con divergencias crecientes entre regiones, políticas y sectores.

Las previsiones apuntan a un crecimiento global en torno al 3% en 2026, apoyado en el consumo en economías avanzadas, la recuperación de la inversión empresarial y el dinamismo de sectores ligados a la innovación. Sin embargo, persisten riesgos como el elevado endeudamiento público, las tensiones comerciales, la fragmentación de la globalización y la incertidumbre política.

Uno de los rasgos clave del nuevo ciclo es el protagonismo del gasto en productividad. La inteligencia artificial se ha convertido en el principal motor de inversión mundial, impulsando el desarrollo de semiconductores, centros de datos, redes digitales, ciberseguridad y automatización. Este fenómeno eleva la inversión estructural, pero también concentra el capital en sectores con altas barreras de entrada.

Junto a la tecnología, la transición energética sigue siendo una gran oportunidad de inversión a largo plazo. La electrificación, las energías renovables, el almacenamiento y los minerales críticos movilizan capital público y privado, aunque en un entorno más selectivo donde los inversores exigen mayor estabilidad regulatoria y rentabilidad.

Otro vector clave es la reconfiguración de las cadenas de suministro. Tendencias como el nearshoring o el friendshoring están generando oportunidades en infraestructuras, logística y manufactura avanzada, beneficiando a regiones como el sudeste asiático, India, México o Europa del Este.

En este contexto, la inversión extranjera directa muestra señales mixtas, con un mayor peso de operaciones financieras frente a proyectos productivos. Los inversores priorizan entornos con seguridad jurídica, estabilidad institucional y acceso a grandes mercados.

Al mismo tiempo, los mercados privados y los activos alternativos siguen creciendo, aunque con mayor disciplina tras el fin del dinero barato. El foco se ha desplazado hacia la calidad de los activos, la generación de caja y la capacidad de refinanciación.

La evolución del inversor global también es relevante: los grandes fondos aumentan su exposición a activos reales y estrategias de largo plazo, mientras que la digitalización y la tokenización democratizan el acceso a nuevas oportunidades de inversión.

Sin embargo, el principal condicionante sigue siendo la deuda, en máximos históricos, lo que introduce vulnerabilidades ante posibles shocks financieros. La geopolítica, por su parte, se ha convertido en un factor central en la asignación de capital, con tensiones comerciales, rivalidad tecnológica y conflictos regionales influyendo cada vez más en las decisiones de inversión.

De cara al futuro, el equilibrio entre innovación, sostenibilidad y estabilidad será determinante. La capacidad de atraer talento, desarrollar tecnología y garantizar seguridad jurídica marcará la diferencia en un mundo donde la inversión ya no responde solo a la rentabilidad financiera, sino también a objetivos estratégicos, industriales y de seguridad.

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