Un estudio internacional liderado por investigadores americanos y españoles ofrece nuevas perspectivas sobre el debate en torno al aporte nutricional de las dietas vegetales. Publicada en la revista Biology, esta investigación revisa más de cien referencias para desafiar la idea de que comer menos nutrientes de alimentos de origen vegetal implica necesariamente una menor disponibilidad de estos en el cuerpo a largo plazo.
El estudio concluye que el cuerpo humano se adapta para mantener un equilibrio nutricional, incluso cuando cambia la dieta. A través de estudios de intervención y observacionales en cinco sistemas biológicos, los investigadores revelan cómo el organismo ajusta la absorción de hierro, síntesis de creatina y carnosina, y el uso de proteínas de manera eficiente. La microbiota intestinal también se modifica para mejorar la fermentación de la fibra. Este proceso de adaptación, más allá de la cantidad de nutrientes consumidos, es crucial para el estado nutricional a largo plazo.
El cuerpo humano no actúa como un conducto pasivo; cuando se producen cambios dietéticos, se ajusta para mantener una función estable
El equipo de investigación, compuesto por Hana Kahleova del Comité de Médicos para una Medicina Responsable, Miguel López-Moreno de la Universidad Francisco de Vitoria y colegas de otras instituciones, destaca que el enfoque tradicional en nutrición subestima esta capacidad adaptativa. Kahleova destaca que, en sus observaciones clínicas, los síntomas digestivos en pacientes que adoptan dietas basadas en plantas disminuyen significativamente después de los primeros meses.
La revisión aborda cinco áreas consideradas desafíos nutricionales en dietas vegetales: hierro, creatina y carnosina, proteínas, fibra fermentable y polifenoles. Aunque el hierro no hemo de las plantas se absorbe menos eficazmente, el cuerpo compensa esta deficiencia con un aumento en la proporción de absorción. Los alimentos vegetales suelen igualar o superar la ingesta de hierro de las dietas omnívoras.
La creatina y la carnosina, concentradas en productos animales, también son producidas por el cuerpo a partir de precursores de aminoácidos. Los vegetarianos pueden tener niveles más bajos, pero su capacidad funcional y respuesta a la suplementación son generalmente satisfactorias. Las dietas vegetales bien planificadas igualmente mantienen masa muscular y fuerza.
Con respecto a la fibra fermentable, las molestias iniciales se reducen con el tiempo a medida que la microbiota intestinal se adapta. En cuanto a los polifenoles, los consumidores de dietas vegetales presentan niveles más altos de metabolitos bioactivos.
Los autores advierten que esta capacidad de adaptación no es ilimitada. Factores como el embarazo o enfermedades crónicas pueden superar las capacidades del cuerpo, lo que sugiere la necesidad de asesoramiento individualizado. Kahleova enfatiza la importancia de considerar no solo la dieta en sí, sino también el tiempo que se ha seguido y la adaptación fisiológica resultante.
Se propone que futuras investigaciones sean longitudinales, registrando la adaptación en el tiempo y usando biomarcadores que diferencien estados temporales de cambios dietéticos de adaptaciones estables. Este enfoque es aplicable no solo a dietas vegetales, sino a cualquier estudio nutricional que busque entender el balance nutricional a largo plazo.
