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Economía

Trichet, Draghi y Lagarde: los estrategas de un BCE en crisis desde 2008

Por Pablo Poyo

Analizamos las medidas de la principal institución monetaria de la zona euro, que encadena tres situaciones críticas en los últimos quince años: la crisis financiera, la pandemia y el repunte de la inflación en plena guerra de Ucrania 

Crisis bancaria y de deuda soberana; subidas y bajadas de tipos de interés; inflación; guerra en Ucrania… Como hemos visto durante estos últimos 15 años, no siempre es fácil mantener la estabilidad monetaria en un contexto de crisis, que, como suele ser habitual, se ‘importa’ desde Estados Unidos. Y aunque el país norteamericano puede caer con fuerza y empujar al mundo al pánico bancario, también es el estado con mayor capacidad de recuperación. Pero la Unión Europea (UE), por su propia fisionomía, lo tiene mucho más complicado. 

El Banco Central Europeo (BCE) es la institución de la Unión Europea (UE), con personalidad jurídica propia, que constituye el núcleo del Eurosistema y del Mecanismo Único de Supervisión. Tiene su sede en Fráncfort. El Eurosistema está formado por el BCE y los bancos centrales de los Estados miembros que han adoptado el euro y su objetivo principal es mantener la estabilidad de precios. Es decir, salvaguardar el valor del euro mediante el control de la inflación. Analizamos la gestión de los tres últimos presidentes de la institución: Jean-Claude Trichet (2003-2011), Mario Draghi (2011-2019) y Christine Lagarde (desde 2019). 

“España tardó once años en salir de la crisis financiera e Italia todavía no ha recuperado todo el PIB” 

José María O´Kean, catedrático y profesor de IE Business School

Trichet y el gran error de 2008 

Antes de que la burbuja inmobiliaria iniciada en 2008 estallara por completo y antes de que Lehman Brothers diera el pistoletazo inicial de una crisis de la que apenas nos hemos recuperado a día de hoy, Europa parecía nadar en la abundancia.  

José María O’Kean, catedrático de economía aplicada y profesor en la Universidad Pablo de Olavide y en IE Business School, analiza este momento, y cómo Jean-Claude Trichet, el entonces presidente del BCE, cometió uno de los mayores errores de la historia. 

«El primer error fue la lentitud europea para todo. La UE estaba más preocupada de que los países indisciplinados siguieran haciendo política fiscal expansiva, mientras el gobierno lo compensaba con una política restrictiva, por lo que la inflación no desciende. Subir los tipos de interés en una situación en la que era necesario crear más dinero fue terrible. Los bancos centrales querían controlar la situación, pero el precio de las viviendas y el de los activos financieros estaba estallando: la morosidad potencial que existía era tan grande, que la burbuja estalló, y estas decisiones provocaron la crisis mundial.» 

A pesar de ello, O´Kean no le echa la culpa a Trichet en específico, pues en su opinión, «habría que estar dentro de cada uno de los Consejos Europeos para comprobar si esas medidas las toman los presidentes o el propio consejo, y para ver cuánto influyen los países más punteros de Europa».   

«El último error de Europa en aquel momento fue retrasar mucho la inyección de liquidez. En Estados Unidos tardaron poco, pero Europa, no. Y eso quizás fue lo que a su vez retrasó que muchos países salieran de la crisis. Estados Unidos y Alemania salieron en un año; Francia en dos y el Reino Unido, en un tiempo similar. Sin embargo, los países que tenían mayores problemas de competitividad tardaron más. España tardó once años en salir, e Italia aún no ha recuperado ese PIB». 

«Hay países europeos con políticos indisciplinados que, ante cualquier situación, gastan porque tienen que salvar las elecciones»

Jean-Claude Trichet bajó los tipos de interés entre 2008 y 2009, progresivamente desde el 4,25% hasta el 1%. En 2011 aplicó dos subidas de 25 puntos básicos, hasta el 1,5%, pero el estallido de la crisis de deuda y los rescates de Irlanda, Grecia, Portugal y España obligaron a la institución a revertir este camino. Trichet pasó el testigo al italiano Mario Draghi, que heredó una situación delicada. 

El Plan Draghi  

El 1 de noviembre de 2011, Mario Draghi fue elegido nuevo presidente del Banco Central Europeo, en plena crisis de deuda soberana. El impacto de las palabras que pronunció el 26 de julio de 2012, cuando dijo que el BCE estaba dispuesto a hacer “lo que fuera necesario” (“whatever ir takes”) para conservar el euro, todavía resuena, casi once años después. Y precisamente aquí, el catedrático y profesor de IE Business School observa otra de las debilidades del sistema europeo en relación a la economía americana. 

«El BCE tiene un problema. Sí, tiene que cuidar la inflación y tiene que cuidar el crecimiento, pero también tiene que salvar el euro. El euro sigue siendo una moneda compleja. Los países son muy heterogéneos, y cada uno tiene sus propias características en materia fiscal y en políticas monetarias. Estabilizar esas economías es complicado, porque hay países indisciplinados: ante cualquier situación, sus políticos gastan porque tienen que salvar las elecciones», señala O’Kean. 

El caso es que el denominado Plan Draghi, sumado al recorte de tipos hasta el nivel del 0%, se tradujo en una intervención en la zona euro que tiene su fundamento teórico en la herramienta de política monetaria denominada expansión cuantitativa (QE, por sus siglas en inglés). Consiste en un programa de compras de activos públicos y privados por importe inicial de 60.000 millones de euros al mes. El proyecto se inició en marzo de 2015 y las adquisiciones se mantuvieron en activo hasta julio de 2022, ya con Christine Lagarde al frente, cuando el BCE dejó de adquirir nuevos títulos. Retiene, eso sí, la cartera ya adquirida en su balance, comprometiéndose a mantenerla durante un «periodo prolongado». 

La compra de títulos, amparadas por este programa, fueron llevadas a cabo materialmente por los bancos centrales de cada uno de los países de la zona euro. El riesgo fue compartido hasta el 20% de la inversión, mientras que el resto lo asumía el banco que hubiera adquirido los títulos. Esto se considera una concesión a las reticencias alemanas al plan. 

El plan tenía como límite de compra el 33% del total de los bonos emitidos por un Estado. Ese tope motivó que el BCE no adquiriera títulos griegos, ya que la cartera adquirida por intervenciones anteriores ya superaba ese tope.  

Las compras acumuladas de activos de este programa han ascendido en todo el periodo en que ha estado activo, desde 2015 hasta julio de 2022, a 2,56 billones de euros. Del total, 2,09 billones correspondieron deuda pública, 176.878 millones deuda de empresas, 262.211 millones en cédulas hipotecarias y 27.775 millones en titulizaciones. 

Lagarde lidia con la Covid-19, la guerra y la inflación 

Christine Lagarde asumió su cargo como nueva presidenta del BCE el 1 de noviembre de 2019. Pero en aquel momento, nadie podía imaginarse la que se venía encima. Apenas unos meses más tarde, el mundo se detenía completamente por culpa de la pandemia provocada por la Covid-19. 

La economía mundial quedó absolutamente paralizada durante varios meses. El comercio quedó muy dañado y los ciudadanos de la mayor parte de los países industrializados comenzaron a perder poder adquisitivo.  

Cuando por fin parecía que Europa vislumbraba la luz al final del túnel, apareció un nuevo enemigo inesperado: Vladimir Putin. Rusia comenzó su campaña en Ucrania, y pronto los aliados se vieron obligados a no dejar al país, a enviar equipamiento y dinero, y sobre todo, a buscar soluciones a los paulatinos cortes de gas rusos. Esa ventaja energética que recibía Europa de Rusia en forma de precios más bajos, acababa de desaparecer para siempre. 

Y llegó la inflación. La situación comenzó a volverse descontrolada, y la Reserva Federal de los Estados Unidos (Fed) comenzó a subir los tipos de interés. Lagarde se vio obligada a seguir su estela. 

El 27 de julio del año pasado se produjo la primera subida, que fue de 50 puntos básicos. Pero tras esta, el BCE decidió que, dada la situación, septiembre era un buen mes para volver a darle un empujoncito a los tipos, 0,75% más. El dos de noviembre, de nuevo, los tipos volvieron a subir en 75 puntos básicos. Y finalmente, el 21 de diciembre, el Banco Central volvió a incrementar el valor de los tipos hasta alcanzar el 2,50%, otros 50 puntos. 

La última subida del BCE, siguiendo el ejemplo de la Reserva Federal (Fed), se produjo el 8 febrero, y volvió a ser de 50 puntos básicos. Pero la situación en Europa es completamente diferente a la del país de las barras y las estrellas. La realidad es la que es. En febrero, la Unión Europea vio como la inflación continuaba estancada en el 8,5%, apenas un 0,1% menos que el dato del mes anterior. 

Mientras tanto, Estados Unidos ha mantenido una cifra que raya el 6%. La fulgurante caída del Silicon Valley Bank forzó a la Fed a frenar en seco; frenazo que no podría haber sido posible si el IPC no se hubiese moderado cuatro décimas por debajo del dato de enero.  

«El BCE seguirá subiendo los tipos, pero también inyectando liquidez a la banca que lo necesite mientras dure la inflación»

Es decir, con los datos en la mano, la economía americana le ha dado un respiro a la Fed, a pesar del pánico por las caídas del SVB y de Signature. José María O’Kean sabe que los tipos van a seguir al alza. 

«Los tipos van a seguir subiendo. Ahora mismo se ha solucionado el tema de los bancos, porque al subir los tipos de interés, el precio de los bonos y de los activos financieros baja. El Silicon Valley Bank fue muy conservador: el bono americano ha dejado su balance muy reducido, y se ha producido una pérdida de valor. Los depositantes, presas del pánico, huyen, y agravan todavía más la situación. Europa seguirá subiendo los tipos, pero también inyectando liquidez a la banca que lo necesite mientras dure la inflación. ¿Durante cuánto tiempo van a seguir subiendo? Yo creo que todo el año, hasta que la inflación no se empiece a moderar». 

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