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Economía

¿Cómo afecta el envejecimiento a la economía española?

Por Pablo Poyo

El proceso de envejecimiento poblacional supone uno de los mayores retos que afronta la economía española

Que España es uno de los países más envejecidos del mundo no es algo que coja a nadie por sorpresa. Nuestro país es, de igual forma, un ejemplo en cuanto a nivel de desarrollo humano, pues se sitúa en el puesto 27 (IDH muy alto) según los cálculos del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

Sumado a una demografía irregular, a un modelo económico muy manido y a una tasa de natalidad cada vez más baja, el envejecimiento de la población va a suponer uno de los mayores retos para el futuro de la economía española.

El impacto negativo en la tasa de actividad

El Banco de España, en su informe El impacto del envejecimiento poblacional sobre la evolución de la tasa de actividad en España, evidencia el problema que tiene nuestro país con la población envejecida y cómo afecta esto a la tasa de actividad nacional.

Durante los últimos 15 años, el proceso de envejecimiento poblacional ha ido cobrando importancia. En la distribución de la población por grupos de edad han ganado peso entre 2007 y 2022 los colectivos en los que esta es más elevada.

De hecho, aumenta el porcentaje que representan los mayores de 65 años sobre la población en edad de trabajar, pasando del 19,5% al 23,8%. Este creciente peso de las personas más envejecidas se ha traducido en un incremento de la edad mediana en España, que aumentó siete años en este período, pasando de 38 a 45 años.

La participación laboral también es especialmente reducida entre las personas mayores de 55 años que, sin embargo, han ido incrementado notablemente su tasa de actividad en los 15 últimos años. No obstante, la participación de este grupo de edad se mantuvo algo por debajo de la del promedio de la UEM. Dichas diferencias por grupos de edad generan, de modo mecánico, un efecto composición sobre la tasa de actividad según se modifica la estructura de la población por edades.

Así, a medida que los grupos de población más numerosos (los pertenecientes al baby boom) llegan a edades cercanas a la jubilación, la tasa de actividad agregada se recorta por un mero efecto composición. Este efecto del envejecimiento explicaría una parte del recorte observado de la tasa de actividad española de cerca de 2 puntos porcentuales, hasta el 58,7%, entre 2012 y 2022, que contrasta con la evolución prácticamente plana de la tasa de participación de la UEM en esa década.

Las cifras no tienen pinta de ir a mejor. El Banco de España prevé que el proceso de envejecimiento poblacional se acelerará en España en las próximas décadas y será más intenso que en el conjunto de la Unión Europea. Por lo tanto, la reducción del número potencial de trabajadores va a seguir en aumento en la próxima década.

El Banco de España explica que esta situación «previsiblemente tendrá importantes repercusiones tanto sobre el funcionamiento del mercado de trabajo como sobre el crecimiento potencial y la sostenibilidad de las finanzas públicas», dado que la disminución del número de trabajadores supone también menos cotizantes y, por tanto, menos ingresos para las arcas públicas.

En ese sentido, el informe prevé que en los próximos años se produzca un incremento continuado de la tasa de dependencia hasta situarse en 2030 en el 35,1%, casi cinco puntos por encima del dato de 2022. Esto significa que, según la proyección, dentro de tres lustros el volumen de personas mayores de 65 años supondrá más de un tercio de la población en edad de trabajar, de la que dependería el pago de las pensiones, por ejemplo.

¿Es la inmigración la solución al problema?

Con unas cifras tan complejas que van a empeorar en el futuro, es normal que una de las soluciones al problema pase por plantearse el contexto de los flujos migratorios. Aunque esta política no es exclusiva de España y, además, ya lleva un par de décadas aplicándose. La escasa natalidad española es lo que lastra a una balanza que cada vez está más desequilibrada.

Según el informe publicado este jueves, la participación laboral de la población extranjera en el mercado laboral habría contribuido a mitigar el impacto del envejecimiento sobre la tasa de actividad en unos 0,8 puntos porcentuales desde 2012. De hecho, la inmigración habría permitido amortiguar el impacto del envejecimiento observado en la última década sobre la tasa de actividad en todas las comunidades autónomas, salvo Andalucía.

La institución apunta a que en adelante cabe esperar que la inmigración siga funcionando como contrapeso, ya que la población extranjera que llega a España es generalmente más joven y presenta mayores tasas de participación en el mercado laboral. En ese sentido, el Banco de España avisa de que si se dieran unos flujos nulos de entrada y salida de inmigrantes a partir de 2023, la tasa de actividad caería 4,4 puntos porcentuales hasta 2030, por lo que se espera que la inmigración contenga la caída 1,6 puntos.

Las proyecciones del INE, en las que se basan los datos del Banco de España, prevén un fuerte reemplazo de la población nacida en España por extranjeros, especialmente en los tramos de edades de entre 25 y 54 años, que es en el que se concentra la mayoría de trabajadores.

El INE apunta a que, de continuar las tendencias demográficas actuales, en 2030 la población inmigrante asentada en España alcanzaría los 11 millones de personas, frente a los 7,8 actuales, mientras que el volumen de población nacional se mantendría estable, ligeramente por debajo de los 40 millones de personas.

Por ello, aunque la inmigración podría ser la llave si se diera de forma controlada, también resulta un riesgo para la propia actividad económica del país, dadas la formación y capacidades de esta fuerza laboral, que podrían no encajar con las necesidades de las empresas españolas.

En lo que atañe a la población, las cifras que publica el INE reflejan esta nueva realidad. La población en España ha aumentado en 136.916 personas en el primer trimestre de 2023, pero esa ganancia se debe exclusivamente a que el número de extranjeros creció en 149.530 personas desde el 31 de diciembre hasta el 1 de abril, mientras que la población española disminuyó en 12.614 personas.

Esto supone que en estos primeros tres meses del año, España perdió 140 ciudadanos nativos y ganó 1.661 extranjeros cada día, con lo que la población total del país se sitúa en 48,19 millones de habitantes, de los que 6,22 millones son de origen extranjero. Otros dos millones más han obtenido ya la nacionalidad, por lo que el total de personas de origen extranjero es de 8,3 millones, según el INE.

Así, mientras el país perdió 44.556 niños de menos de 14 años de origen español, ganó 22.385 niños extranjeros en el primer trimestre; en la franja de 25 a 35 años. Solo en los mayores de 65 años la ganancia fue superior entre los españoles (+37.345 frente a +9.242 extranjeros).

Con ello, queda claro que España tiene un problema grave de envejecimiento de la población que afecta (y afectará) notablemente a su economía y, que ni siquiera un gigantesco flujo migratorio podrá frenar. Solo un cambio de modelo económico y el aumento de la tasa de natalidad, unido a un incremento de la productividad nacional y a la formación de trabajadores más capacitados podría cambiar la deriva.

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