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Economía

La economía española en 2024: vulnerable por el déficit y con menor previsión de crecimiento

Por Raül G. Peinado

Juan Ramón Rallo: "La economía española ha experimentado una muy notable inflación que ha contribuido a reducir el salario mínimo en términos reales" 

Un nuevo año comienza para la economía española, marcado por la inflación y la moderación de los pronósticos de crecimiento. En Capital hemos querido hacer un repaso económico del 2023, con el objetivo de vislumbrar las previsiones de 2024 tanto para nuestro país como para los del resto de la Unión Europea (UE). 

Un 2023 lleno de dificultades 

Es evidente que este 2023 no ha sido sencillo para los consumidores. Empecemos por España. 

Nuestro país terminaba noviembre con una inflación del 3,2%, un 0,3% menos que la registrada en octubre de este mismo año. Sin embargo, el IPC español se situó por segundo mes consecutivo por encima de la media de la eurozona (casi 1 punto) y también es más alto que en Alemania, Italia o Portugal, lo que implica una pérdida de competitividad.  

El IPC ha llegado a reflejar valores muy por encima de lo habitual, como cuando se disparó hasta el 10,5% en agosto de 2022, aunque el 2023 ha rebajado los datos, manteniéndose las cifras de 2023 en un promedio anual inferior al 4%. 

Por su parte, los países de la Unión Europea han sufrido de forma desigual el carácter cíclico de la inflación. Los datos de noviembre que arroja Eurostat indican que los tres países con más inflación de la UE son República Checa (8%), Hungría (7,7%) y Islandia (7,4%), respectivamente.  

En el conjunto de la UE, la inflación interanual se situó en noviembre en el 3,1%, frente al 3,6 registrado en octubre. Un año antes, la tasa era del 11,1%. De hecho, en agosto de 2022, cuando el IPC comunitario estaba por las nubes, Hungría (18,6%) y Chequia (17,1%) estaban de igual forma en lo más alto de la lista, solo superados por Lituania (21,1%), Letonia (21,4%) y Estonia (25,2%).

En lo que se refiera a la eurozona, se trata del séptimo mes consecutivo que disminuye la inflación, que se sitúa ya en el nivel más bajo desde julio de 2021. El nivel de precios se acerca así al objetivo del 2% que persigue el Banco Central Europeo (BCE). 

En España, lo más preocupante sigue siendo la inflación alimentaria. Si bien las medidas adoptadas por el BCE y el Gobierno han reducido la inflación general, los precios de los alimentos no han parado de subir en el último año. Y lo que es peor, no hay nada que indique que vayan a bajar.  

La consultora EY-Parthenon describe la situación de la siguiente manera: "Entre 2022 y 2023; la inflación alimentaria ha subido al 12,5%, lo que demuestra que este ciclo reciente es un fenómeno anómalo en España durante las dos últimas décadas. La principal consecuencia de la inflación en los mercados de gran consumo es la caída de las ventas en volumen. Si tomamos los datos de ventas minoristas de alimentación del INE, éstas cayeron en 2022 a precios constantes a una tasa media del -1,7%; mientras que a precios corrientes crecieron un +8,7% apoyadas por una inflación del +11,6%".

Lo cierto es que la subida galopante del precio de algunos productos básicos ha hecho mella en los mercados españoles. El más exagerado es, sin duda, el aceite de oliva, cuya subida explicó Capital en un reportaje de octubre del año pasado. 

El aceite de oliva ha visto su precio incrementado en un sangrante 110% en el último año, aunque no es el único producto que se ha vuelto más caro. El segundo y el tercer puesto son para el azúcar (61%) y las salsas y condimentos (47%), aunque les siguen de cerca la mantequilla (45%), la leche entera (38%), la harina (37%), las patatas (37%) y los huevos (36%). 

Menos poder adquisitivo y reformas urgentes 

La OCDE hizo públicos sus datos para con España a finales de noviembre. El organismo ha reducido su previsión de crecimiento para nuestro país, rebajando el esperado 1,9% a un 1,4%. Esas cinco décimas que se perderán en 2024 parece que se recuperarán en 2025, según la propia organización, ya que se espera que durante ese año el PIB español crezca un 2%. Pero, de momento, lo único destacable es que nuestro país necesita reformas urgentes para poder afrontar obligaciones futuras como el aumento del gasto en pensiones.  

Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), la economía española está ya desacelerándose, de acuerdo con los indicadores de confianza. El organismo destaca también que la inflación se ha moderado “de forma significativa”, mientras que los salarios han crecido un 4,3% hasta el tercer trimestre, recuperando algo del poder adquisitivo perdido en los dos últimos ejercicios. 

Además, de esto, la OCDE destaca el crecimiento del gasto relacionado con el envejecimiento -es decir, pensiones- en España, que estima que crezca en 2,7 puntos porcentuales del PIB potencial entre 2024 y 2040. “Un apoyo fiscal considerable ha ayudado a mitigar los efectos del shock inflacionario en las empresas y los hogares, pero el apoyo debería finalizar según lo previsto”, apunta la organización. 

La OCDE cree que nuestro país no será capaz de reducir los desequilibrios presupuestarios 

Otra urgencia para la economía española es saber conjugar la futura subida del salario mínimo interprofesional con la inflación y con la pérdida de poder adquisitivo que vive el país.

Para Juan Ramón Rallo, doctor en economía y profesor en la Universidad Francisco Marroquín, en la IE University y en la IE Business School, "se nos ha vendido como un éxito del gobierno PSOE-Sumar (o PSOE-Podemos) que, al haberse normalizado las subidas del SMI, incluso la patronal entra en las negociaciones proponiendo subidas a las que se negaba en épocas anteriores".

"Durante los últimos años, la economía española ha experimentado una muy notable inflación que, de hecho, ha contribuido a reducir el salario mínimo en términos reales. Mientras que en 2020 el salario mínimo era de 950 euros mensuales (en catorce pagas), hoy es de 1.080 euros mensuales… pese a toda la inflación que se ha acumulado entre medias". 

"Si descontáramos la inflación, el salario mínimo de 2023 sería equivalente a 927 euros con poder adquisitivo de 2020: por consiguiente, la propuesta de la patronal (subida del 3%) tan sólo dejaría el SMI real al mismo nivel que en 2020 (y ello suponiendo que en 2024 no haya inflación)", opina Rallo. 

Esto no es ninguna novedad. Aunque la subida del salario mínimo acaecida durante el último año se ha dado en unas condiciones cada vez más difíciles de cumplir para las empresas, la renta per cápita de los españoles no ha crecido lo más mínimo. 

Con todos los indicadores a la vista (inflación, inflación alimentaria, posibles subidas de impuestos, incremento de costes por la Guerra de Ucrania etc.), lo único que se puede sacar en clave es que los españoles seremos más pobres en este 2024 que en el año 2000. 

 Y no solo eso. España ha pasado de situarse en una renta media un 4,4% superior a la media europea (datos del 2007, antes de la crisis), a caer en picado y obtener unos registros mucho peores que los europeos: ahora mismo, nuestra renta media está un 14,4% por debajo de la media de la UE. 

Si tomamos como medida el PIB per cápita del año 2001 y el del 2023, veremos que la renta en España apenas se incrementó un 5,7%, cifra insignificante, en especial si tenemos en cuenta que el país ha vivido ya varias crisis económicas, como la del 2008 -de la que nunca nos recuperamos del todo- o la derivada de la pandemia de la Covid-19. Este dato contrasta con la media de la eurozona, donde a pesar de las dificultades, el PIB per cápita se incrementó en estos veinte años hasta casi un 16%. 

¿Por qué insiste entonces España en aumentar el gasto público teniendo semejantes dificultades para reactivar la economía y hacer frente a los gastos? 

Rallo lo tiene claro: "El Gobierno se negó inicialmente a evaluar los efectos de políticas que incrementan el gasto, como la subida del SMI en 2019, y llegó a desdeñar que organismos independientes como el Banco de España lo hicieran; pero es que, cuando posteriormente encargó sus propias evaluaciones, escogió mantenerlas en secreto debido a que algunas de sus conclusiones le resultaban políticamente inconvenientes".

Desaceleración en 2024 

La consultora Funcas ha elaborado su propio estudio sobre la situación de la economía nacional en los últimos años y su futuro para 2024 y 2025. "La desaceleración se evidenciará con más claridad en 2024, por el efecto de arrastre del último tramo del presente ejercicio, y el menor impulso de algunos de los actuales factores de crecimiento: la normalización del turismo y los acuerdos de recuperación de poder adquisitivo de los salarios, con su corolario en términos de renta disponible de los hogares y consumo privado. Por otra parte, también se anticipa una menor aportación del consumo público, a tenor de la próxima reactivación de las reglas fiscales europeas", asegura el estudio. 

A pesar de ello, dejan claro que "el ritmo de expansión de la economía española seguirá superando la media europea".  

La parte más negativa -al igual que advertía la OCDE-, hace referencia a la incapacidad de España para equilibrar los desbarajustes presupuestarios. "La ralentización de la economía, junto con las medidas de lucha contra la inflación, la conjetura de las pensiones y el incremento de las cargas financieras generado por la subida de los tipos de interés, dificultarán la corrección de los desequilibrios presupuestarios. A falta de ajustes, el déficit se situará en el 3,6% en 2024 y la deuda pública superará el 106%, por encima de los niveles prepandemia", aseguran. 

El estudio también pone de manifiesto los riesgos existentes para nuestro mercado. Por ejemplo, se habla de una posible estanflación a corto plazo, generada por las tensiones geopolíticas, que podrían desencadenar una nueva disrupción de los mercados energéticos. 

A medio y largo plazo, la persistencia de un déficit público elevado es un factor de vulnerabilidad para la economía española, en un contexto de reactivación de las reglas fiscales europeas y de retirada del apoyo del banco central, tanto en materia de tipos como de compra de deuda. 

De hecho, el estudio asegura que "en ausencia de medidas de ajuste, no está garantizado que la deuda en relación al PIB vaya a seguir una senda coherente con los compromisos europeos". 

Funcas: "El ritmo de expansión de la economía española seguirá superando la media europea"

Juntando todos los factores, en especial el problema del elevado gasto en pensiones, la inflación, el aumento del precio de los alimentos y la propia idiosincrasia del mercado español, es evidente que el problema es grave. 

El capital humano perdido  

Un estudio de la Fundación BBVA y el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (Ivie), que se nutre de datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), apunta a que el valor del capital humano perdido en 2022 mayor de 25 años ascendería a 154.800 millones de euros, un 40% más que en 2019. Es más, en el primer semestre del año pasado se superó en un 11,7% las cifras de españoles que tienen que abandonar el país. Y con una población que envejece muy rápido, los datos son preocupantes. 

Parece que, en España, anteponer economía a política es, ciertamente, muy complicado. Rallo asegura que "combinar un bajo crecimiento (fruto de un bajo aumento de la productividad) con un expansivo gasto en materia de pensiones nos aboca a un expolio pauperizador de las generaciones jóvenes venideras". 

Analizadas las debilidades y fortalezas del sistema nacional, nos queda hacer un repaso por la zona euro. 

En principio, el Banco Central Europeo (BCE) asegura que "la disminución gradual de las presiones sobre los costes y los efectos de la política monetaria del BCE deberían permitir una bajada de la inflación general desde el 5,4 % en 2023 hasta el 2,7 % en 2024, el 2,1 % en 2025, y el 1,9 % en 2026". 

Pero en cuanto hablamos de crecimiento económico, el futuro es mucho más incierto. Desde el BCE confirman que "el crecimiento económico seguirá siendo débil a corto plazo dadas las restrictivas condiciones de financiación y el bajo crecimiento de las exportaciones”. 

De todas formas, hay alguna que otra buena noticia. Desde el BCE afirman que "con el descenso de la inflación, la recuperación de la renta de los hogares y el fortalecimiento de la demanda externa, la economía de la zona del euro debería crecer un 0,6 % en 2023, un 0,8 % en 2024 y un 1,5 % en 2025 y 2026". 

Los países que más crecerán 

Y ya que estamos analizando el PIB, sería conveniente hacer hincapié en los países que más van a crecer en 2024 y 2025.  

Según la OCDE, Irlanda será el país de la Unión Europea con mayor crecimiento en 2024, un 2,5%. Aunque, para 2025, las previsiones apuntan a que incluso lo hará al 3,5%. España va a ser otro de los países que más arriba estarán en el ranking, creciendo este año un 1,4% y un 2% o 2,1% en 2025. Economías como Alemania (0,6%) o Francia (0,8%) crecerán levemente, con un repunte que llegará al 1,2% en 2025. 

Italia también crecerá mínimamente, un 0,7% en 2024, al igual que el Reino Unido, fuera ya de la UE. Ambos países mejorarán sus datos el año que viene, hasta el 1,2%. 

Estados Unidos, por su parte, crecerá casi un 1% menos que en 2023, llegando a un máximo del 1,5% en 2024, aunque su PIB volverá a mejorar para aumentar un 1,7% en 2025. 

Fuera de los países occidentales, Japón crecerá un 1% (1,2% en 2024). Incluso Rusia, acosada por las sanciones internacionales, crecerá un 1,1%, aunque el año que viene ese aumento se verá reducido un 0,1%. 

Corea (2,3%), México (2,5%) o Turquía (2,9%) son algunos de los nombres más destacados de esta lista que crecerán en 2024, aunque se quedarán lejos de los dos primeros: China e India. El gigante asiático reducirá paulatinamente su ritmo de mejora al 4,7% en 2024 (un 0,5% menos que en 2023) y al 4,2% en 2025. Por su parte, India continuará con las cifras esperadas; un 6,1% este año y un 6,5% en 2025. 

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