Cada primavera, la escena se repite: españoles frente al ordenador, revisando el borrador de la Agencia Tributaria, cruzando los dedos para que salga "a devolver" y preguntándose si este año todo está bien. Sin embargo, hay una realidad que conviene tener en cuenta: la declaración de la renta es mucho más que un mero trámite automático. En ella se pueden colar errores que, aunque parezcan insignificantes, pueden implicar pérdida de dinero o sanciones económicas.
Según explican expertos fiscales y fuentes de la Agencia Tributaria, hay una serie de fallos muy comunes que los ciudadanos repiten año tras año. El primero -y quizás el más peligroso- es confiar ciegamente en el borrador que ofrece Hacienda. Aunque parezca una solución cómoda, este documento puede contener omisiones importantes: ingresos que no aparecen, deducciones que no se aplican, datos desactualizados o simplemente errores de cálculo. Y lo más preocupante es que, si el contribuyente acepta el borrador sin revisarlo y hay algún fallo, la responsabilidad es exclusivamente suya.
Uno de los errores más frecuentes es no declarar todos los ingresos obtenidos durante el año fiscal. Muchos trabajadores por cuenta propia o asalariados con empleos temporales olvidan incluir actividades esporádicas, alquileres o subvenciones. También sucede con los rendimientos del capital mobiliario o los beneficios por inversiones, que a menudo no aparecen en el borrador. Hacienda puede no detectarlo en el momento, pero si lo hace más tarde, se abre la puerta a recargos, intereses e incluso sanciones.
Otro despiste habitual está relacionado con la información personal. ¿Te has casado? ¿Tienes hijos o personas a cargo? ¿Has cambiado de domicilio? Todos estos datos influyen directamente en la declaración y pueden suponer diferencias sustanciales en el resultado final. No tenerlos al día o no actualizar el domicilio fiscal -algo tan básico como eso- puede suponer multas de hasta 250 euros.
Especial mención merecen las deducciones autonómicas, un terreno que muchos no pisan por desconocimiento. Cada comunidad autónoma tiene beneficios fiscales propios: por alquiler, por nacimiento de hijos, por estudios, por eficiencia energética… Pero si el contribuyente no los conoce o no los solicita, Hacienda no los aplicará por defecto. El resultado: menos dinero en el bolsillo por no haberse informado.
También hay que prestar atención a los rendimientos en especie, como el uso personal de un coche de empresa o determinados seguros cubiertos por el empleador. Aunque se disfruten como parte del salario, deben declararse. Omitirlos es un error que puede detectarse fácilmente con un simple cruce de datos por parte de la Agencia Tributaria.
Otra trampa que pasa desapercibida es dejar la declaración conjunta cuando convendría hacerla individual, o viceversa. Aunque parezca un detalle menor, el modo de presentación puede marcar la diferencia entre pagar o que te devuelvan una buena cantidad. El consejo aquí es claro: hacer simulaciones de ambas opciones antes de decidir.
Finalmente, y aunque parezca obvio, el error más común es la prisa. Muchos esperan hasta el último momento, aceptan el borrador sin leerlo y lo envían con la esperanza de haber hecho lo correcto. La recomendación de los expertos no puede ser más clara: hay que revisar la declaración con calma, comparar, simular y, si es necesario, acudir a un asesor.
La campaña de este año se extenderá hasta el 30 de junio, y como siempre, quienes quieran que Hacienda les devuelva antes, deberán ser también los primeros en cumplir. Pero rápido no debe ser sinónimo de precipitado. Porque con Hacienda los errores se pagan.