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Economía

Manuel Pimentel: “Durante el periodo 2000/20 disfrutamos de la alimentación más económica de nuestra historia” 

Por José Francisco Rodríguez

“La sociedad pensó que la comida aparecía por generación espontánea en los supermercados y dejó de valorar el campo y la agricultura” 

“La globalización no volverá a ser lo que fue, los productos importados tenderán a encarecerse” 

La evolución alcista de la inflación ha impactado de lleno en el sector primario y el coste de la alimentación ha crecido de forma alarmante. Este contexto, el campo y la agricultura han sufrido una importante disrupción que, unida a la falta de precipitaciones, ha obligado a diseñar un nuevo escenario competitivo. Manuel Pimentel, ex ministro de Trabajo y Seguridad Social en el gobierno de José María Aznar, analiza en esta entrevista las claves del nuevo modelo agrario.

Después de tantos años fuera de la primera línea política, nos gustaría conocer su opinión sobre la situación de la economía española…

Durante el año 2021 se produjo una fuerte recuperación, lógica tras el parón de la pandemia del 2020. El crecimiento continuó y continúa durante 2022 y 2023, aunque ya comienza a presentar preocupantes síntomas de agotamiento. Esto lo percibiremos de pleno en 2024, con un crecimiento que rondará el 1% -la mitad que este año- y con una creación de empleo ralentizado. Apenas si hemos ganado productividad, y eso, al final, se paga. 

Durante la pandemia, fuimos conscientes del valor estratégico que tiene el sector primario en la economía. ¿Cuál es la situación del campo en España? 

En España y en todo Europa, en general, el campo ha sido el gran olvidado, y sus profesionales, agricultores, ganaderos y pescadores, despreciados y acusados de enemigos del medio ambiente, maltratadores animales y parásitos de la Política Agraria Comunitaria (PAC). ¿Por qué? Pues porque durante la década 2000-2020 disfrutamos de la alimentación más económica de nuestra larga historia como humanidad. 

Esto fue posible gracias a la combinación de cuatro factores: la globalización, la extensión de las cadenas de distribución, una razonable climatología y una mejora continua de las técnicas agronómicas. La sociedad pensó que la comida aparecía por generación espontánea en los anaqueles de los supermercados y dejó de valorar la importancia del campo y de los agricultores. 

Mientras, los nuevos, hermosos y positivos valores ambientales y de sostenibilidad tomaban fuerza en esa sociedad, que ya no valoraba a los agricultores y a la que molestaban sus tractores, regadíos, invernaderos o granjas cuando salían al campo. Esa sociedad hizo leyes limitando la producción agraria y ahora se encuentra con la lógica reacción de la subida de los alimentos que no ha hecho sino comenzar. 

Los agricultores están desmotivados, se sienten despreciados y, encima, obtienen bajísima rentabilidad. Por eso, entre otras cosas, se abandonan tierras y los jóvenes no quieren ser agricultores. 

Parece, a priori, que las políticas europeas deberían ir dirigidas a impulsar políticas de apoyo al sector primario e impulsar su protección y desarrollo. ¿Qué medidas se deberían adoptar?

Hemos perdido una importante oportunidad con la nueva PAC, un artefacto ininteligible de burocracia y requerimientos que olvida la necesaria producción de alimentos y la garantía de suministro. Europa, al igual que ha establecido en un tiempo récord una estrategia energética, debería consensuar una estrategia alimentaria, máxime en estos tiempos de conflictos y guerras.

Quizá entramos en un tema complejo, como son las importaciones. ¿Debemos impulsar criterios de proteccionismo?

Por regla general, el proteccionismo debilita nuestro músculo competitivo y termina encareciendo la alimentación. No soy partidario. Otro tema es que exijamos las mismas normas, controles y exigencias de garantía alimentaria a todas las producciones por igual, lo que, a día de hoy, en muchas ocasiones no se cumple. 

Pero, nos guste o no, estamos en pleno proceso de desglobalización parcial, en el que vuelven a aparecer trabas aduaneras, tasas y demás, lo que tiende a encarecer los alimentos. En vez de un mundo global, tendremos grandes bloques. Las tensiones geopolíticas hacen más inseguros los mares, lo que encarece el transporte marino. La globalización no volverá a ser lo que fue, por lo que los productos importados tenderán a encarecerse, lo que viene a ser una forma de proteccionismo sobrevenido.

¿Qué deberíamos hacer para favorecer que los empresarios del sector primario quieran invertir en este contexto marcado por la inflación? 

Todas y cada una de las normas que se han aprobado estos últimos años encarecen, limitan o complican la actividad productiva. La agraria, todavía en mayor medida. El campo se vengará en forma de subida de precios, que nadie lo dude. Hace falta una estrategia alimentaria europea que garantice la producción de alimentos saludables y a un precio razonable. 

Para ello, son fundamentales los agricultores, ganaderos y pescadores. Debemos respetar su trabajo, valorarlos, crear un ecosistema de servicios amable y garantizarles una razonable rentabilidad, no perseguirlos como hasta ahora hemos hecho. 

El litro de aceite de oliva sigue encareciéndose y ya ronda los 13 euros. ¿Cómo se puede revertir esta evolución? 

La sequía y la consiguiente reducción de la producción ha impulsado esta tremenda alza de precios. Si llueve, volverán las producciones habituales -acrecentadas por las nuevas plantaciones- y el aceite bajará. Puede, incluso, que con fuerza.

¿De qué manera pueden los criterios de sostenibilidad ayudar al campo y a la ganadería en España? 

La sostenibilidad y el respeto al medio ambiente es un requerimiento irrenunciable. El derecho a una alimentación sana, variada, abundante y a un precio razonable, también. Tenemos que conjugar en equilibrio ambos principios. No podemos sólo guiarnos por el primero olvidando el segundo, porque, si no, ya lo vemos, el campo se venga en forma de fuerte subida de precios.

No quiero acabar esta interesante entrevista sin preguntarle por su pasión por los libros a través de su editorial, Almuzara…

Desde mi infancia sentí pasión por los libros. He tenido la fortuna de desarrollarla, junto a un formidable equipo, en Almuzara y sus sellos. Pese al pesimismo de muchos, el libro tiene futuro y nosotros esperamos estar ahí para contarlo. 

 



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