Buscar
Cerrar este cuadro de búsqueda.

Economía

La ‘mochila austriaca’: una inversión de 9.000 millones que liberaliza el empleo 

Por Pablo Poyo

El Banco de España defiende sustituir la indemnización por despido con esta medida, que fomenta la movilidad laboral y podría ser financiada con fondos europeos 

Durante el año 2018, el por entonces líder de Ciudadanos, Albert Rivera, tenía como puntos fuertes de su agenda dos propuestas para solucionar el problema laboral y de pensiones en España. 

La primera fue el llamado contrato único, muy criticado por los partidos de izquierda porque supondría un despido mucho más fácil del trabajador promedio. La segunda, también muy controvertida, fue la ‘mochila austriaca’, algo que por aquel entonces era una expresión bastante desconocida para el electorado español. 

Aunque no era así para los economistas y los líderes políticos. El propio Luis Garicano, la mente más influyente del partido en materia de economía, llevaba proponiéndolo desde su llegada al grupo naranja en 2015. Estas propuestas fueron dadas a conocer como punta de lanza del programa para las elecciones generales de 2015 y 2016.  

Posteriormente, a pesar de que dentro del PSOE había voces que reclamaban su implantación como método de reactivación económico, tras el pacto de gobierno con Podemos la medida fue inmediatamente descartada. Ahora, sin embargo, parece volver con más fuerza. Su coste: 9.000 millones de euros. 

Cómo funciona la mochila austriaca   

La mochila austriaca es un sistema implementado en Austria desde la reforma laboral aprobada en 2003, cuando se eliminó la indemnización por despido a los trabajadores y se obligó a las empresas a poner una parte del salario bruto en un fondo individual a cada trabajador.  

Los trabajadores acumulan dinero en ese fondo individual a lo largo de su vida laboral, ya que todas las empresas en las que trabajen tienen que aportar la parte correspondiente. Esa cuantía acumulada en la mochila se invierte a través de una entidad financiera para buscar un rendimiento. 

Estamos hablando de un fondo de capitalización individual que se nutre de las aportaciones de los empresarios de una parte del salario bruto de cada trabajador. Este fondo es lo que se denomina ‘mochila austriaca’. 

“Los sindicatos no tienen ningún interés en su implementación, prefieren que la gente esté ‘atada’ a las empresas” 

José Ramón Pin (IESE)

«Lo ideal de la ‘mochila austriaca’ es que la empresa lo aporte a una compañía de seguros o a un banco. A una entidad privada externa a la compañía. Y que eso sea considerado como parte desgravable por parte de las empresas, como un coste laboral. Esto supondría una modificación del IRPF, y al Estado puede no interesarle, ya que los sindicatos están muy sujetos a su puesto de trabajo», explica José Ramón Pin, economista y profesor emérito del Departamento de Dirección de Personas en las Organizaciones de IESE Business School

Este dinero tiene nombre y apellidos, y cuando llega el despido, el trabajador, en vez de percibir la clásica indemnización, se lleva esa ‘mochila’ de dinero que puede hacer efectivo o reservarlo como complemento futuro de su pensión.  

Por otro lado, este sistema, tal y como explica Pin, asegura la movilidad de los trabajadores y es posible que tuviera un coste mayor para las empresas, por lo que necesita un correcto tratamiento fiscal. 

Juan Ramón Rallo, economista, profesor de IE Business School y decano de la Universidad de las Hespérides, entre otros cargos, señala que «si queremos que funcione desde ya, habrá que meter dinero público o cobrar un impuesto extraordinario muy cuantioso. Si no queremos que entre en vigor ya, con una subida de cotizaciones para ir llenándola, con el paso del tiempo se terminaría capitalizando». 

La defensa del Banco de España 

Además de la formación ‘naranja’, hay una entidad que lleva años defendiendo la viabilidad del modelo austriaco. Y es, nada más y nada menos, que el Banco de España. De hecho, en 2013 la institución elaboró un informe sobre cómo repercutiría tanto en trabajadores como en empresas la implementación de esta medida. 

Como ejemplo práctico, imaginemos un trabajador que percibe 1.500 euros al mes, cuyo contrató comenzó el 1 de enero del 2019 y que ha sido despedido por razones económicas el 31 de diciembre de 2022. 

Con este sistema, el trabajador percibe 60 días de sueldo (20 por cada año anterior a la reforma y 10 por cada uno posterior), es decir, 3.000 euros de indemnización. Además, dispondría de otros 600 euros en su fondo individual (seis días por año después de la reforma) para un total de3.600 euros. Con el modelo actual, ese mismo trabajador percibiría 80 días (20 por cada uno de los cuatro años de antigüedad), es decir,4.000 euros.  

¿Entonces, cuál es la ventaja del sistema austriaco? Si un trabajador que percibe esos 1.500 euros mensuales decide abandonar la empresa voluntariamente, dispondría de un fondo extra de 600 euros, mientras que en el modelo actual no recibe absolutamente nada.  

Por ejemplo, el autónomo, sea o no exitoso, tiene que ir acumulando una cantidad externa además de la pensión oficial para complementar dicha pensión. Así, explica Pin, “también se le podría obligar a hacerlo, pero sigue suponiendo un coste mayor para las empresas”. En el fondo, con la cuota de trabajador por cuenta propia, ya está obligado a aportarlo, por lo que habría que sumar este extra. 

Esta medida es clave para fomentar la movilidad del trabajador, aunque desde el punto de vista económico, deja pendientes muchas dudas sobre la forma en la que podrá ser financiada. 

¿De dónde saldría el dinero para impulsar el modelo austriaco? 

«Para impulsar el sistema de mochila austriaca en nuestro país necesitamos una decisión política, pero no es fácil. Los sindicatos, entre otros, no están a favor de la mochila austriaca. ¿Por qué? Porque supone más facilidad de movilidad por parte de los empleados. Ellos no tienen ningún interés, prefieren que la gente esté ‘atada’ a las distintas empresas. En especial, a las compañías sindicadas”, expone Pin. 

Según Rallo, «lo que puede provocar –la ‘mochila austriaca’- es que algunos trabajadores que ya no encajen en un determinado puesto de trabajo o que no sean los más adecuados para el mismo puedan ser despedidos, para incorporar a otros que sí lo sean. Por tanto, da flexibilidad para no ‘enquistar’ en un puesto de trabajo a una persona que ya no encaja en él». 

El gasto público es uno de los mayores quebraderos de cabeza para los sucesivos gobiernos democráticos. En principio, la financiación de la fórmula austriaca proviene de los propios empleadores, que supone el 1,53% del salario bruto del trabajador.  

Esta medida supondría en España un porcentaje que ronda el 3% o 4% del salario, ya que la indemnización por despido en nuestro país es mucho más elevada que la que había en Austria en 2003. Sin embargo, hay discrepancias en la forma de financiación. 

El ex secretario general del Partido Popular, Pablo Casado, quien también quería impulsar el desarrollo del modelo austriaco, proponía en 2019 que el dinero llegara desde los fondos europeos, algo que también gusta al Banco de España. 

“Este sistema da flexibilidad para no ‘enquistar’ en un puesto de trabajo a una persona que ya no encaja en él” 

Juan Ramón Rallo (IE, Universidad de las Hespérides)

En este sentido, Pin subraya que es lógico que el Banco de España publicite esta medida, ya que la gran ventaja es que asegura la movilidad de los buenos trabajadores y que ahora mismo, cuando un buen trabajador quiere moverse de empresa y tiene la oportunidad de hacerlo, no lo hace por el miedo a perder la antigüedad y, por tanto, por el beneficio acumulado que perdería al marcharse.  

El problema es que sería aprovecharse de las ayudas europeas para no perjudicar al propio empleador, y desde Bruselas no están muy de acuerdo en que los fondos se gasten (aún más) en esta clase de experimentos.  

Si el Estado se hiciera cargo, lo cual sería lo normal, tendría un coste aproximado de 9.000 millones de euros, según los informes del Banco de España. De estos, la entidad bancaria propone que al menos 8.000 millones sean financiados con dinero europeo.  

En cualquier caso, la propuesta del Banco de España no se queda ahí. Se completa con la rebaja hasta los 16,5 días por año trabajado en el caso de los despidos improcedentes, hasta los 10 días en caso de despido objetivo y hasta los seis días en el caso de que se termine un contrato temporal. 

El miedo a perder la antigüedad 

Por otro lado, la crisis provocada por la pandemia y la coyuntura inflacionaria actual son dos factores que evitan que muchos trabajadores cambien de empleo, por miedo a perder sus años de antigüedad acumulados. Esta medida vendría a paliar precisamente ese problema.  

La mochila austriaca también supondría un cambio en el paradigma de las pensiones, ya que cada trabajador acumularía dinero en su propia hucha para la pensión gracias a las aportaciones de las empresas y no en una hucha colectiva. Es decir, se evitaría el problema intergeneracional que trae de cabeza a jóvenes, pensionistas y, sobre todo, al propio gobierno. 

La idea de implantar la mochila austriaca se ha debatido en varias ocasiones en España. A raíz de la crisis financiera, esta medida se incluyó en la reforma laboral de 2010, aprobada durante el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, pero luego no se puso en marcha. 

Posteriormente, tanto el PP como el PSOE han defendido su implantación, aunque de forma tibia. Ahora, a raíz de la crisis económica provocada por la pandemia del coronavirus y ante los malos augurios sobre el sistema de pensiones por la jubilación de la generación del baby boom, el debate se ha vuelto a poner sobre la mesa. 

Tal y como está diseñado el sistema en Austria, cuando acabas tu vida laboral, si todavía te quedan fondos, te llevas el dinero y por él pagas un 6% de impuestos, pero si lo depositas en un fondo privado de pensiones obtienes exoneración fiscal. La mochila austríaca es por lo tanto un instrumento que fomenta las pensiones privadas, de ahí el interés que suscita este modelo en la banca privada. 

Los autónomos ante el impulso de mochila austriaca  

Esta medida parece relativamente interesante respecto a los trabajadores asalariados que temen dar el salto a otra empresa por miedo a perder lo que ya tenían ganado allí. Pero no hay que olvidar que el 90% de nuestras empresas las forman autónomos, y que se trata más bien de pequeñas o incluso de microempresas, con apenas un par de trabajadores. ¿Cómo afectaría la implantación de la mochila a estas personas? 

El coste del despido siempre ha sido un problema para los autónomos empleadores cuando, desgraciadamente, han tenido que prescindir de parte o la totalidad de su plantilla. De aplicarse la medida tal y como está concebida en origen, la ‘mochila austriaca’ sustituiría la indemnización por despido tal y como la conocemos actualmente.  

«La ‘mochila austriaca’ no provocaría más despidos, sino todo lo contrario. Los trabajadores más cualificados se mueven, y el resto, tomando su ejemplo, hace lo mismo. Gracias a esto, se mejora la calidad de mano de obra», sentencia el economista y profesor emérito del Departamento de Dirección de Personas en las Organizaciones de IESE Business School. 

Sin embargo, beneficiaría especialmente a los trabajadores por cuenta propia que, en los momentos más críticos del negocio, y ante la necesidad de prescindir de empleados, muchas veces se veían obligados a hipotecarse o a vender parte de sus bienes para hacer frente a las indemnizaciones por despido. Algo que, con esta medida, no debería ocurrir, ya que éstas (o buena parte de ellas) ya estarían consignadas en la ‘mochila’ del empleado. 

Vistas las ventajas, podemos hablar también de los efectos negativos. Para José Ramón Pin, la gran desventaja es que esta medida, insiste, «necesita de un tratamiento fiscal adecuado». 

Únete a nuestra Newsletter

A través de nuestra Newsletter con Capital te hacemos llegar lo más importante que ocurre en el mundo de la #economía, los #negocios, las #empresas, etc… Desde las últimas noticias hasta un resumen con toda la información más relevante al final del día, con toda comodidad.