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Economía

Dos de cada cinco trabajadores cambiarían de empleo si pudieran

Por Pablo Poyo

El 12,5% de los trabajadores de la Comunidad de Madrid teletrabaja, casi el doble que la media nacional (6,9%)

Millones de trabajadores están abandonando sus puestos por todo el mundo, y un 40% del total espera hacerlo en los meses venideros. Así lo refleja el informe elaborado por la consultora estadounidense McKinsey & Company. La encuesta, en la que han sido preguntados más de 13.000 empleados alrededor del mundo, refleja con claridad los motivos que están llevando a tantas personas a plantearse abandonar su trabajo.

En Estados Unidos, esta curiosa tesitura se conoce como «La Gran Dimisión», y se calcula que provocó la salida de unos 50 millones de empleados. Estos trabajadores dejan su empleo para buscar uno mejor remunerado, gracias a la competencia del mercado que permite mejores ofertas para los que abandonen su trabajo. Pero no en todo el mundo sucede lo mismo.

Los perfiles de los trabajadores que abandonan su empleo

La consultora McKinsey ha identificado hasta cinco perfiles diferentes de los empleados que han abandonado o están dispuestos a abandonar su trabajo en los próximos meses.

En primer lugar se encuentran los trabajadores tradicionales, que suponen el 60% del total de los encuestados. Estos empleados no suelen estar dispuestos a dejar su puesto, pues consideran que su vida está basada en un equilibrio entre sus relaciones sociales y su trabajo. Es más, consideran que en caso de que fuera necesario, darle prioridad a su vida laboral es una buena decisión.

A los empleadores les gustan los tradicionalistas porque estos empleados son más fáciles de encontrar a través de estrategias comunes de contratación, y lo que estos trabajadores quieren coincide con lo que las empresas han ofrecido históricamente para contratar y retener a las personas.

La gran diferencia entre este grupo con los otros perfiles es que en el caso de abandono, los trabajadores tradicionales suelen intentar volver a su antiguo empleo, siempre que la remuneración sea un poco más alta que la anterior.

Los autodidactas son trabajadores más jóvenes que suelen oscilar entre los 25 y los 45. A diferencia de los empleados tradicionales, este grupo se caracteriza por la búsqueda de la flexibilidad laboral, y priorizan la autonomía por encima de todo. Es habitual que este grupo se mueva entre diferentes trabajos a tiempo y haga del teletrabajo su día a día.

Es por ello que es más complicado para las empresas atraer a esta clase de trabajadores. Durante la pandemia, solo en Estados Unidos más de cuatro millones de empleados de este sector abandonaron su puesto debido al estrés, la toxicidad de su ambiente laboral y el sentimiento de no ser apreciados por sus empresas.

Una forma de atraer a este grupo es mediante el trabajo modularizado, definiendo tareas significativas discretas que se pueden realizar de forma independiente. Esto desvincula el establecimiento de objetivos y la realización de tareas de la semana laboral tradicional de cinco días con horarios fijos en una oficina.

Muchas empresas están comenzando a explorar diversas formas de flexibilidad radical. Por ejemplo, el director ejecutivo de Airbnb, Brian Chesky, anunció recientemente que los empleados de la empresa podrán trabajar desde cualquier lugar y abolió la idea del pago basado en la ubicación.

Porcentaje de personas dispuestas a abandonar su trabajo en algunos países, con una media del 40% en los estados encuestados Fuente: Informe McKinsey

En tercer lugar se encuentran los trabajadores que el informe de McKinsey define como «cuidadores». Los cuidadores son empleados de entre 18 y 44 años que ponen por delante del trabajo la compensación económica, y que tras la pandemia decidieron volver a sus casas para cuidar de sí mismos o de sus familiares cercanos.

Al igual que los autodidactas, necesitan una gran flexibilidad y que la empresa les permita trabajar desde sus casas. Además, priorizan la salud y el bienestar de los empleados, y le dan mucha importancia a su desarrollo profesional.

Estas son personas que han decidido quedarse en casa, algunos buscan trabajo activamente y otros son buscadores pasivos de trabajo con la esperanza de encontrar una oportunidad que justifique volver a ingresar a la fuerza laboral remunerada. 

Las personas en este perfil están listas para prestar su tiempo y talento a empresas que estén dispuestas a trabajar con sus horarios. Para ellos, los lugares de trabajo que son inflexibles y que no brindan un camino hacia el progreso no valen el sacrificio de volver al trabajo mientras continúan con sus deberes de cuidado.

En cuarto lugar nos encontramos con los idealistas. Los idealistas son jóvenes y estudiantes de entre 18 y 24 años, y algunos son también trabajadores a tiempo parcial.

En su mayoría libre de dependientes, hipotecas y otras responsabilidades, este grupo enfatiza la flexibilidad, el desarrollo profesional y el potencial de avance, un trabajo significativo y una comunidad de personas confiables y solidarias, con una compensación mucho más baja en la lista.

Para atraerlos, las empresas deben ofrecer flexibilidad, por supuesto, pero también demostrar la voluntad de invertir en el desarrollo de este grupo y crear una cultura organizacional sólida que enfatice el significado y el propósito.

Una propuesta de valor atractiva para estos trabajadores incluiría combinar los subsidios de matrícula tradicionales con horarios de trabajo flexibles para adaptarse a las clases, junto con programas de desarrollo que ofrezcan trayectorias claras de avance.

El 65% de las personas que abandonaron su trabajo en los últimos dos años no regresaron al mismo sector; un 48% por cambiarse de sector y un 17% por quedarse sin empleo Fuente: Informe McKinsey

Por último nos encontramos con el grupo de los relajados. En contraste con las personas anteriores, las personas de esta cohorte son una mezcla de jubilados, aquellos que no buscan trabajo y aquellos que podrían regresar al trabajo tradicional en las circunstancias adecuadas.

Como muchos que se jubilaron antes de tiempo durante la pandemia, los relajados han completado sus carreras tradicionales y es posible que no necesiten más dinero para vivir cómodamente. Por lo tanto, querrán más que la propuesta de valor tradicional para ser atraídos nuevamente a la fuerza laboral, incluida la promesa de un trabajo significativo. 

Compuesto por jubilados anticipados y jubilados en edad natural a los que aún les quedan muchos años productivos, representan el segmento más grande de la fuerza laboral latente.

Como se puede observar, en la gran mayoría de los países industrializados un gran porcentaje de trabajadores está dispuesto a abandonar su empleo si las condiciones laborales no cambian. Es por ello que las empresas de la competencia están atentas a estas posibles dimisiones. ¿Qué pueden ofrecer las empresas para atraer a los trabajadores más cualificados?

Teletrabajo, España y otras flexibilidades

En vista de que el mundo laboral cambia cada vez más rápido, las empresas también deben adaptarse para poder sacar el mejor rendimiento a sus trabajadores. Estados Unidos es pionero en conceptos como el teletrabajo, una forma de organización laboral que cada vez está más presente el muchos países del mundo.

Durante la pandemia era una de las pocas formas mediante la cuál millones de empleados de todo el mundo podían ejercer sus funciones. Y aunque el grupo tradicional ha suspirado de alivio con la vuelta a la oficina, el resto de los sectores no ve con tan buenos ojos la vuelta a la forma de trabajo habitual.

Por este motivo cada vez se demanda más la flexibilidad que permite el teletrabajo. Randstat ha elaborado un informe sobre la situación del teletrabajo en España, basándose en las propias estadísticas del INE.

En nuestro país, el teletrabajo ronda el 7% del total, según el INE. Cada vez son más los jóvenes que demandan puestos en los que puedan realizar sus labores desde su propia casa, pero la mayoría de empresas aún no se han adaptado a este método, y lo consideran como una excepción que tras la pandemia debe volver al antiguo cauce.

Teletrabajo en España Fuente: INE, Epdata

Como se puede apreciar, el teletrabajo en España no está nada consolidado, pero las nuevas generaciones presionan fuerte para que en caso de ser posible, se implemente éste método. Durante la pandemia, solo el 16% de los españoles teletrabajaron habitualmente, lo que refleja de buen grado que incluso en los peores momentos las empresas seguían requiriendo de la presencialidad laboral. Desde entonces, el indicador no para de caer, hasta el 6,9% actual a nivel nacional.

 Randstad destaca que la Comunidad de Madrid, donde el 12,5% de los ocupados trabajan desde sus casas más de la mitad de los días, y Cataluña, donde lo hacen el 7,6%, son las comunidades donde mayor peso tienen estos trabajadores. Junto a Asturias, donde teletrabajan el 7,3% de los profesionales, son las tres únicas autonomías por encima de la media nacional (6,9%).

Estos datos contrastan enormemente con los de países más habituados a este método, como Estados Unidos. En el país de las barras y las estrellas, casi el 50% de su fuerza laboral trabajó desde su casa en los peores momentos de la pandemia, y aunque la cifra ha bajado levemente, los trabajadores se están rebelando para que los jefes les permitan seguir operando desde sus domicilios.

Esta rebelión puede darse porque como decíamos al principio, muchos de los empleados que están dudando sobre su futuro laboral, pueden permitirse dejar su empleo buscando una empresa que le ofrezca mejores condiciones.

Volviendo a nuestro país, el teletrabajo aún tiene varios retos pendientes. Hay debate sobre qué cuál debe ser el grado de teletrabajo que tienen que adoptar las empresas tras la pandemia.

Según datos del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), al 62,6% le gustaría continuar trabajando de manera remota, mientras que el 30,6% no comparte este planteamiento. Esta misma encuesta muestra que el 75,7% de los encuestados considera que el teletrabajo es una buena forma de organizar y realizar el trabajo al margen de la pandemia.

Randstad destaca que el 41,5% de las viviendas en España no son adecuadas para el teletrabajo, lo cual no solo redunda negativamente en la productividad de los profesionales, sino también en sus posibilidades de conciliar la vida familiar con la profesional.

Por otro lado, la delimitación del tiempo del teletrabajo es uno de los principales escollos a los que se enfrenta esta modalidad laboral. El trabajo y lo personal pueden llegar a mezclarse. Lo que está claro es que los trabajadores españoles más jóvenes cada vez demandan más flexibilidad empresarial.

 

 

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