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Egipto, el gran tesoro milenario del Nilo

Por Enrique Fernández

Pese a que el antiguo Egipto no fue el primer imperio de la historia de la humanidad, sí se puede decir que fue la cultura primigenia que marcó la historia de Europa y, por extensión, de gran parte del mundo. Siempre se dice que Grecia aportó los cimientos en los que posteriormente el imperio romano edificaría los pilares que han edificado la cultura europea, pero lo que muchos no saben y es importante decir es que la milenaria cultura del antiguo Egipto ejerció de maestra de la cultura griega. 

El tesoro del Nilo reúne piezas de una de las civilizaciones más exitosas, avanzadas y duraderas de la historia de la humanidad. Egipto permite descubrir entre las arenas de sus desiertos y las aguas del Nilo piezas arquitectónicas y culturales capaces de transportar a los turistas 5.000 años atrás para contemplar con asombro la grandeza de esta cultura con más de 3.500 años de vida. 

Adentrarse en las aguas del Nilo y descubrir los restos de las grandes ciudades que dieron vida a este imperio supone un viaje que todo ciudadano debe vivir, al menos, una vez en la vida.

El Cairo, el final del viaje

Este viaje a Egipto comienza por el final, en la capital del país y ciudad más importante y poblada del continente africano. El Cairo, situado a poco más de 20 km de Menfis, la que fuera capital del Bajo Egipto, supone el ‘final del camino’ en la ruta del antiguo Egipto por el Nilo. Ubicado en el epicentro del país, esta urbe cuenta con una oferta cultural formidable, siendo el centro neurálgico de la vida actual e histórica del país.

Para la primera visita dentro de la capital, hay que alzar la mirada al cielo para así poder contemplar las Pirámides de Giza. Las Pirámides de los faraones Keops (o la Gran Pirámide), Kefrén y Micerino conforman uno de los monumentos más antiguos del mundo (construidas alrededor del 2.500 a.C.) y con mayor misterio.

Respecto a la visita de esta maravilla del mundo, el mayor interés está en el exterior, puesto que los tesoros guardados en su interior durante la época de los faraones ya no se encuentran en estas tumbas. Pese a ello, todos los aventureros que quieran sumergirse en el interior de una pirámide pueden hacerlo en la gran pirámide de Keops, previo pago de entrada.

Junto a las pirámides, se encuentra otro de los grandes monumentos del imperio egipcio: la Gran Esfinge de Giza. Una monumental estatua de roca caliza con cabeza humana (se cree que representa al faraón Kefrén, cuya pirámide se encuentra próxima) y cuerpo de león. Y, para conocer un poco más de la época del imperio egipcio, se ofrecen excursiones hasta la necrópolis de Saqqara para contemplar la pirámide escalonada de Zoser (considerada la primera pirámide de Egipto), y visitas a las ruinas de Menfis, la ciudad más antigua del mundo y capital del antiguo Egipto.

Egipto, calles de El Cairo

Junto a las pirámides, se encuentra otro de los grandes monumentos del imperio egipcio: la Gran Esfinge de Giza. Una monumental estatua de roca caliza con cabeza humana (se cree que representa al faraón Kefrén, cuya pirámide se encuentra próxima) y cuerpo de león. Y, para conocer un poco más de la época del imperio egipcio, se ofrecen excursiones hasta la necrópolis de Saqqara para contemplar la pirámide escalonada de Zoser (considerada la primera pirámide de Egipto), y visitas a las ruinas de Menfis, la ciudad más antigua del mundo y capital del antiguo Egipto

Como última pieza cultural del antiguo Egipto, situado en la histórica plaza Tahrir, se encuentra el Museo Egipcio. La gran galera del país guarda entre sus paredes piezas únicas de la historia de Egipto. Pese al ‘gran expolio’ realizado por los arqueólogos británicos siglos atrás y cuyas piezas se encuentran expuestas por todo el mundo destacando la gran colección del Museo Británico de Londres, el Museo Egipcio posee una serie arqueológica formidable entre las que destacan las más de 3.500 piezas del tesoro de Tutankamón. 

Eso sí, si alguno acude a este museo en busca de momias, se llevará una gran decepción, ya que actualmente solo ‘descansan’ los restos de 2 faraones en este museo. Las momias de 18 reyes y 4 de reinas de Egipto que se encontraban antiguamente en este recinto fueron trasladas en 2021 al Museo Nacional de la Civilización Egipcia, inaugurado en 2022, en un desfile digno de celebridades.

Dejando atrás el imperio egipcio, la ciudad de El Cairo cuenta con otros muchos enclaves que visitar. Como pieza histórica del control otomano del país, se encuentra la ciudad de Saladino. Esta antigua fortaleza situada en la colina de Mokattam fue construida por mandato del gobernante islámico como baluarte defensivo ante los ataques de los ejércitos cruzados. En su interior se encuentra la gran Mezquita de Muhammad Alí, cuyas paredes de alabastro, los mosaicos y piedras preciosas de su interior la convierten en una visita obligada dentro de la ciudad.

Siguiendo con la cultura otomana, en el centro histórico de la ciudad de encuentra la Mezquita de Al-Azhar. Construida en el siglo X, esta mezquita actúa como punto de encuentro de la sociedad islámica en la ciudad al actuar como universidad, centro de estudio y organismo jurídico. En su interior, destaca el gran caravasar de 5 pisos, las salas de estudio y el impresionante patio de mármol blanco. 

Para conocer la vida de la metrópoli actual, merece la pena sumergirse por el laberinto de calles que conforman Khan El Khalili, ir de compras al Bazar de Jan el-Jalili, situado en el corazón de la ciudad; y acercarse a tomar un café o un té en el famoso El Fishawi, más conocido como el café de los espejos. Esta visita por las principales calles de la ciudad permite conocer de primera mano cómo es la vida egipcia en la actualidad. 

Los más atrevidos pueden completar esta visita con una ruta en autobús por la ciudad de los muertos. El antiguo cementerio musulmán es el hogar de más de 1 millón de personas. Un choque cultural entre la vida y la muerte, en el que se puede ver cómo la población pobre de la ciudad vive en casas construidas sobre las tumbas o en los propios mausoleos.

Como piezas de la historia judeocristiana de la ciudad, se encuentra el barrio Copto, con edificios de estilo bizantino y árabe, la fortaleza de Babilonia, la sinagoga de Ben Ezra, edificada donde supuestamente encalló la cesta que transportaba a Moisés por el rio Nilo, y la iglesia de Santa María Virgen, conocida como la iglesia colgante.

Luxor, cuna de reyes

Dejando atrás El Cairo y sus pirámides, la mejor forma de conocer el Alto Egipto es embarcándose en uno de los cruceros organizados que recorren el gran Nilo. Y, como punto de embarcación y primer puerto de la travesía, se encuentra su gran joya: Luxor.

La otrora Tebas, capital del Alto Egipto durante más de 1.500 años, cuenta con algunos de los principales monumentos del país, siendo además un enclave sin igual para conocer la vida egipcia en la antigüedad. Como punto de partida, se encuentra el templo de Luxor.

El templo mejor conservado del país está presidido por dos imponentes estatuas de más de 15 metros de Ramsés II sentados junto al gran obelisco, en cuyas paredes se narran exitosas batallas del faraón. En su interior, los diferentes patios, salas y pinturas permiten visualizar a la perfección el funcionamiento de un templo de hace más de 2.300 años.

Saliendo del templo, en un recorrido de casi 3 km por la Avenida de las Esfinges (calzada de piedra custodiada a ambos lados por cientos de esfinges), se alza el templo de Karnak. Este monumento cuenta con edificaciones elaboradas por diferentes faraones entre los años 2.200 y 360 a.C.; entre las que destaca la sala hipóstila con 134 columnas engalanadas con jeroglíficos pintados en bellos colores restaurados.

Dejando atrás la ciudad y tras cruzar el Nilo de camino al Valle de los Reyes, se encuentran los Colosos de Memnon. Dos imponentes estatuas del faraón Amenofis III de 18 metros de altura talladas cada una de ellas en un único bloque de piedra. Estos colosos presidían el complejo funerario de Amenhotep III, del que actualmente apenas quedan restos. 

Y tras los colosos, el famoso Valle de los Reyes. La necrópolis de Tebas cuenta con 63 tumbas excavadas en la roca de la montaña (los expertos sostienen que quedan muchas tumbas por descubrir escondidas en el valle), en las que descansaban los restos de faraones del Imperio Nuevo. Esta visita supone una de las mejores experiencias de Egipto, al permitir contemplar la cuidada arquitectura y decoración de los mausoleos reales. Todas las tumbas fueron saqueadas por arqueólogos a excepción de la del joven faraón Tutankamon, descubierta en 1922 por Howard Carter y cuyos tesoros están expuestos en el Museo Egipcio de El Cairo.

Siguiendo el recorrido, se encuentra el Valle de las Reinas, con más de 65 tumbas. Estos sepulcros completan la necrópolis real del imperio, estando algunas de ellas conectadas por laberintos internos con las tumbas de sus esposos o familiares, situados en el otro valle. Separando ambos valles y, al igual que ellos, esculpido dentro de la roca de la montaña, se encuentra el Templo de Hatshepsut. Un santuario único por su arquitectura de tres terrazas escalonadas comunicadas por una gran rampa central. 

Los templos de Edfu y Kom Ombo

Una vez atravesada la esclusa Esna, la siguiente parada del crucero es en la ciudad de Edfu. El edificio más importante por visitar es el Templo dedicado a Horus, el dios halcón. Este santuario es uno de los más grandes y mejor conservados del país, gracias a haber quedado oculto al mundo durante siglos, sepultado bajo la arena del desierto (no se descubrió hasta 1860). 

De nuevo al barco, y traslado hasta el Templo de Kom Ombo para contemplar desde su exterior el atardecer en el Nilo. Este es el único templo egipcio dedicado a dos dioses: Haroeris y Sobek. Junto al templo se encuentra el Nilómetro, utilizado en la antigüedad para medir el nivel de las aguas del río y el museo de los cocodrilos momificados. Un museo peculiar que cuenta con las momias de los cocodrilos que antiguamente residían en el templo como ‘mascota’ (el dios Sobek era mitad hombre, mitad cocodrilo).

Aswan, secretos del desierto

El crucero echa el ancla en Aswan, antiguo puerto comercial del Reino de Nubia y otro de los grandes tesoros del desierto de Egipto. La diversidad de monumentos en la zona y la distancia entre algunos de ellos exige que, al menos, se dediquen dos días de visita.

Para el primer día, aun sin salir las primeras luces de la mañana, hay que madrugar para desplazarse 280 km hasta Abu Simbel. Esculpidos en el acantilado occidental del gran desierto, se erigen los majestuosos templos del gran faraón Ramsés II y el de su esposa favorita, Nefertari (templos trasladados a esta ubicación en 1968 para evitar que quedasen sepultados bajo las aguas del Nilo tras la creación de la presa de Aswan).

Al igual que en el caso del templo de Luxor, este complejo se conserva en unas condiciones formidables tras haberse ‘conservado’ alejado de la mano del hombro, bajo las arenas del desierto. Es cautivadora la imagen de las grandes esculturas de Amon Ra, custodiando los mausoleos desde la fachada al corredor interior de la cripta, al igual que los miles de jeroglíficos que bañan las paredes narrando las victorias bélicas de Ramsés II.

A la vuelta de Abu Simbel, se puede visitar la Alta Presa de Aswan y la cantera de granito rojo, utilizada como fuente de minerales por los antiguos egipcios y ‘hogar’ del famoso Obelisco Inacabado, de 40 metros de altura y cerca de 1200 toneladas de peso. 

De vuelta en Aswan, toca adentrarse de nuevo en el Nilo, pero cambiando el crucero fluvial por las falucas. Estas típicas embarcaciones de madera, utilizadas por los pescadores de la zona, actúan como medios de transporte para llevar a los turistas a las islas de Agilkia (donde visitar el templo de Filae) y Elefantina. En esta última es donde reside actualmente la comunidad Nubia, pudiéndose disfrutar de la visita a las ruinas del templo de Khnum montado en dromedario; o degustar un té dentro de una casa nubia en el pueblo Gharb Soheil.

Descubrir Egipto emulando las hazañas de los arqueólogos del siglo XX supone una oportunidad única para conocer la historia de una de las primeras grandes civilizaciones. Una experiencia de valor incalculable, capaz de transportar a las personas 5.000 años atrás hasta los tiempos de los grandes faraones. La fusión de la arena del desierto con la riqueza de las orillas del Nilo es un viaje único para vivir, al menos, una vez en la vida. 

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