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Lifestyle

Escocia: NC 500, cuando el mar diseñó la ruta

Por Pedro Madera

Inverness podría ser una urbe de Juego de Tronos y tiene el invierno más frío de todas las ciudades de Reino Unido 

Las mansiones se transforman en hoteles, y las granjas, en restaurantes, sabiendo que la calidad es su gran reclamo 

Conducir por las Highlands es recorrer paisajes evocadores, el frío que transmite la soledad y el silencio que solo se ‘oye’ en los sitios más primitivos 

En los mapas antiguos no aparece este nombre. NC 500 es una creación de los que buscan la belleza, porque es mucho más que un nombre. Si se mezclan la A-836, la A-99, la A-832, unos cuantos caminos y muchos paisajes dramáticos, tendremos una de las mejores carreteras costeras del mundo. Un escenario de lujo para conocer la vida de un territorio que mezcla la magia y la realidad hasta crear un paisaje único. Así es la Escocia más salvaje. 

Por eso, conducir por las Highlands es recorrer sus paisajes evocadores, ese frío que transmite la soledad y el silencio que solo se ‘oye’ en los sitios más primitivos. NC 500 es un nombre creado como “marca turística” hace un par de años, que recorre 830 kilómetros, 513 millas, con salida y llegada en Inverness. Exactamente, en su castillo. Es mucho más que un nombre.  

Inverness es una ciudad que tiene un punto delirante. Por su nombre, podría ser una ciudad de Juego de Tronos, aunque la apacible capital de las Tierras Altas no ofrece nada que pueda hacer temer a quienes la visitan, salvo el invierno más frío de todas las ciudades del Reino Unido. Presume de ser la capital de las Highlands y siempre será más conocida por ser el lugar donde desemboca el rio Ness, el mismo del lago con un monstruo que no acaba de manifestarse.  

Por eso, la NC 500 es una gran idea. Tanto, que algunos la llaman la Ruta 66 de Escocia (http://www.northcoast500.com/). Realmente es una ruta circular que sale de Inverness hacia el norte por la costa este hasta John o’Groats, el punto más septentrional de la isla de Gran Bretaña, para continuar hacia el oeste hasta volver a la capital. O viceversa. 

En cualquier caso, el recorrido es perfecto para tomárselo con calma, dedicarle una semana y desviarse a discreción. En coche, moto o bici, hacerlo es un auténtico placer una vez que uno se acostumbra a circular por la izquierda. El camino es largo y sinuoso y se presta para disfrutar de las vistas, la comida, el descanso y las huellas de la Historia.  

Es ineludible, sobre todo, la parte noroeste de la NC500, conocida como Wester Ross. La península de Applecross da la bienvenida a la zona que sirvió de inspiración para las Tierras de Poniente de la célebre saga de George R. R. Martin, a través de Bealach na Ba, que en gaélico significa ‘Paso de Ganado’.  

Desde la segunda curva, se nota que el lugar es mágico. Se trata de un sinuoso puerto de montaña con curvas al borde de vertiginosos barrancos y pendientes impensables. Desde que se abrió este camino, en 1822, sus vistas fueron privilegio de los pastores, que lo aprovechaban para trasladar su ganado. Ahora es punto de interés, de paso a las espectaculares montañas de Glen Torridon, donde puede apreciarse alguno de los paisajes más impresionantes de todo el país.  

Pocos pueblos, pocos árboles, frío y nieve en invierno y, sin embargo, un lugar idílico para los amantes de estos entornos, gracias también a los grandes lagos que completan el escenario. Aquí todo es dramático. Sol, viento y lluvia  se dan al mismo tiempo, pero con esa elegancia. El paisaje tiene una componente primitiva que lo hace diferente. Cada fotografía es un recuerdo y el vinculo con la tierra va más allá de una carretera más o menos estrecha. Llegar hasta el Faro de Stoer es casi una aventura, pero merece la pena.    

Gairloch merece también una parada, si de lo que se trata es de apuntarse a alguna actividad al aire libre, como el avistamiento de ballenas y delfines. Dicen que la ballena minke, el delfín común o el tiburón peregrino se dejan ver si se observa con cuidado desde una sencilla zodiak o barco con pinta más estable. Alcatraces y otras aves marinas ponen el acento en el cielo. El pueblo en sí también vale la pena, por el aire pesquero y su fantástica playa de arena, que invitaría a no abandonarla si estuviera en otras latitudes.  

Sin embargo, lo más llamativo de la zona son los Jardines de Inverewe, que disfrutan de un microclima excepcional. Plantas de Costa Rica, China, Japón o Nueva Zelanda crecen sin esfuerzo en esta especie de oasis en medio de un paisaje más propio de tormentas y naufragios. El faro Ru Reidh, más en consonancia con el entorno, se encuentra entre el lago Gariloch y el Ewe, azotado por olas que más bien parecen de mar abierto. 

La parte del alojamiento y la gastronomía también es importante. Las mansiones se transforman en hoteles, y las granjas, en restaurantes, sabiendo que la calidad es su gran reclamo. Casi al borde de la NC500 se encuentra The Torridon, un palacete típico inglés que alberga un hotel de lujo. La finca de 23 hectáreas ofrece paseos estupendos a orillas del lago, escalada, kayak, senderismo hasta la localidad de Liathach o, sin ir tan lejos, degustación de los mejores whiskies escoceses en su elegante bar. 

Lo mismo sucede en Colin Craig y Lesley Crosfield, se encargan personalmente de recibir a los huéspedes de su pequeño y exclusivo hotel rural y de mantener el listón a la altura de la Estrella Michelín que le fue concedida a su restaurante en 2009. Pescados y mariscos del propio pueblo de Lochinver y del vecino Ullapool, huevos, carnes y verduras de granjas y huertos vecinos para una carta elaborada con mimo y servida en platos de cerámica artesanal de un artista del pueblo. Atención a la colección de whiskies de su carta.  

Muy distinto es el ambiente en Ullapool, el pueblo más grande de Wester Ross. Con poco más de 1.500 habitantes, tiene fama de animado a la vez que remoto. Desde hace 13 años, acoge el Loopallu, uno de los festivales de música norteña más conocidos. Desde Ullapool también salen los ferris para ir a Las Hébridas, que eso siempre da un cierto prestigio.  

El extremo norte de la principal isla británica empieza a despuntar de aquí en adelante. Comienza lo que se conoce como Southerland, un lugar para alejarse de todo y encontrarse de frente con la naturaleza escocesa en estado puro, cosa fácil realmente en todo el recorrido por la NC500. 

Ovejas, playas y castillos se dejan descubrir y parecen ponerse a punto para el turista. Las ruinas de Ardvreck son de foto obligada para recordar las Highlands, por lo que queda de su torreón y parte de la muralla en lo alto de una colina rocosa junto al lago Assynt, además de por su halo de misterio por los supuestos fantasmas que aún residen en la zona.   

Es tierra de marisco, buena comida y buenos, aunque escasos, restaurantes, que presumen de tener más y mejores whiskies que el vecino. La cueva de Smoo es uno de los principales atractivos del pueblo, por haber estado habitada hace unos 6.000 años y por tener una curiosa cascada interior. Descender el acantilado sobre el que se encuentra Durness no es complicado y de paso es una experiencia de cómo podría verse Escocia desde el nivel del mar. 

Estas paredes de roca son a partir de aquí las auténticas protagonistas del viaje. La carretera discurre en paralelo al verde Mar del Norte, con vistas a las islas Orcadas, con focas tomando el sol en alguna piedra que se asoma entre las olas y frailecillos y alcatraces que planean o descansan en sus nidos construidos en la piedra. Así hasta Dunnet Head, el cabo que se disputa con John O’Groats el ventoso extremo más al norte de Gran Bretaña.

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