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Lifestyle

Monet en Madrid, un viaje al corazón del impresionismo 

Por Marta Díaz de Santos

El recorrido se adentra en las distintas etapas de la carrera del artista, desde sus inicios en las costas normandas hasta su última obra maestra, ‘Los Nenúfares’, pasando por sus viajes a Holanda, Noruega y Londres 

El arte, como el amor, a menudo se describe como un viaje. CentroCentro nos brinda en Madrid la oportunidad de emprender un apasionante trayecto artístico hacia la esencia misma del impresionismo, guiados por la mano maestra de Claude Monet. Más de 50 de sus grandes obras, llegadas del Musée Marmottan Monet de París, se convierten en el vehículo que nos transportará a través del tiempo y el espacio para conocer al hombre detrás del pincel.  

Sus ‘suyas’, como él las llamaba, son esas obras que nunca quiso dejar ir, y entre ellas se encuentran las célebres y emblemáticas pinturas de Los Nenúfares. Nos sumergimos en una exposición que se presenta como un diario abierto a sus pensamientos y emociones, una ventana a su alma, una oportunidad de experimentar la sutileza y el amor que destilaba en cada trazo. ¿Nos acompañas? 

En el corazón de Madrid se despliega una muestra de arte que promete conmover corazones y transportar a todos los visitantes a un mundo de colores, luz y emoción. El CentroCentro se convierte durante unos meses en un santuario dedicado al genio del impresionismo, Claude Monet, quien con su pincel dejó una impronta inolvidable en la historia del arte. 

Más de cincuenta obras maestras, provenientes del Musée Marmottan Monet de París, narran la vida de este maestro impresionista a través de las obras que más amaba, aquellas que conservó celosamente hasta su último aliento, las que llamaba ‘suyas’ (y entre las que se encuentran los icónicos Nenúfares). 

El Musée Marmottan Monet de París alberga el tesoro más grande de las obras del inconmensurable artista francés, el guardián de su herencia -podríamos decir- gracias a la generosa donación de su hijo Michel en 1966. 

Para la exposición en la capital española, el museo ha prestado piezas excepcionales como ‘Retrato de Michel Monet con gorro de pompón’ (1880), ‘El tren en la nieve. La locomotora’ (1875) o ‘Londres. El Parlamento. Reflejos en el Támesis’ (1905). Además, se presentan cuadros de gran formato, como los hipnotizantes ‘Nenúfares’ (1917-1920) y las etéreas ‘Glicinas’ (1919-1920). 

La exposición es fruto de la colaboración entre CentroCentro, el Musée Marmottan Monet de París y Arthemisia. La comisaria principal de la exposición es Sylvie Carlier, del Musée Marmottan Monet, junto con la historiadora de arte Marianne Mathieu y la asistente de conservación Aurélie Gavoille, quienes han tejido un discurso expositivo que permite al público sumergirse en la vida y obra del artista.  

El recorrido se adentra en las distintas etapas de la carrera de Monet, desde sus inicios en las costas normandas hasta su última obra maestra, ‘Los Nenúfares’, pintados en su amado Giverny, pasando por sus viajes a Holanda, Noruega y Londres. La mayoría de los cuadros expuestos son parte de la herencia directa de Claude Monet, aquellas obras que guardó en su estudio, en la casa familiar de Giverny, hasta su muerte en 1926. 

La exposición ‘Monet. Obras maestras del Musée Marmottan Monet, París’ se despliega en varias secciones temáticas que nos sumergen en la profundidad de su mundo artístico. Cada sección es un capítulo de su vida, un rincón de su corazón que se abre para que podamos observar su evolución artística y emocional. 

Sección I – Los Orígenes del Musée Marmottan Monet: Desde el Imperio Hasta el Impresionismo 

La exposición comienza con un homenaje a los orígenes del Musée Marmottan Monet, gracias al legado de Paul Marmottan. Sus pasiones y la donación de Victorine Donop de Monchy en 1940 enriquecieron la institución, convirtiéndola en un tesoro inigualable. En 1966, el hijo de Monet, Michel, dejó su legado en manos del museo, dando vida a una colección única en el mundo. 

Sección II – La Luz Impresionista 

El impresionismo rompió las reglas de la pintura tradicional al sacar a los artistas del estudio y llevarlos a la naturaleza. Monet se convirtió en un maestro en la pintura al aire libre, donde capturó la esencia de la luz y la vida moderna. En sus viajes por lugares como la costa de Normandía y Holanda buscó plasmar las variaciones lumínicas y los cambios de color, desafiando las expectativas convencionales de la pintura. 

Sección III – El Plein Air 

El ferrocarril y la pintura en tubos liberaron a los pintores para crear al aire libre (Johan Barthold Jongkind y Eugène Boudin fueron sus maestros en esta técnica). Monet recorrió Francia y más allá, plasmando paisajes, marinas y la vida cotidiana. Cada trazo de su pincel nos sumerge en la belleza de la naturaleza y en la emoción del momento. 

Sección IV – El Jardín de Monet en Giverny. Más allá del Impresionismo 

En Sección IV, el viaje nos conduce al jardín de Monet en Giverny. A partir de 1883, Monet hizo de este lugar su hogar y su fuente de inspiración. A medida que su situación económica mejoraba, pudo dedicarse casi exclusivamente a diseñar su jardín, lo que le permitió explorar la naturaleza y pintar todos los aspectos de las plantas y flores que lo rodeaban. 

Aquí nace la obsesión de Monet por los nenúfares, que se convierten en su tema predilecto. Su casa y su jardín son el escenario de esta sección, y las obras aquí expuestas son, por su excepcionalidad y dimensiones, un conjunto único en el mundo. 

Sección V – Las Grandes Decoraciones 

En esta sección, el viaje nos lleva a las grandes decoraciones de Monet. Desde 1914 hasta su muerte en 1926, pintó su jardín acuático de Giverny en 125 paneles de gran formato, donando una selección a Francia, conocida como Los Nenúfares de la Orangerie. 

Estas pinturas monumentales, pintadas en su estudio, llevan sus investigaciones al extremo, eliminando la perspectiva y sumergiendo al espectador en la extensión de agua convertida en espejo. Aquí, el arte se convierte en una experiencia contemplativa, invitándonos a adentrarnos en su inmensidad. 

Sección VI – La Abstracción en Cuestión 

Finalmente, Sección VI – La Abstracción en Cuestión nos muestra a un Monet en lucha contra la ceguera, causada por las cataratas. Esta etapa de su vida se refleja en su paleta, que se llena de marrones, rojos y amarillos. 

La forma se difumina frente al movimiento y el color, y su pintura se vuelve más gestual. Estos cuadros, sin parangón en su trayectoria, dejaron una huella profunda en los pintores abstractos del siglo XX. 

Monet, maestro de la emoción y poeta de la luz 

Lo que le hace inigualable es su filosofía de la pintura, retratar la naturaleza tal como es: siempre cambiante 

Claude-Oscar Monet nació en París el 14 de noviembre de 1840, pero su legado no se limita a la capital francesa, más bien se extiende a través del tiempo y el espacio. Conocido por muchos como el fundador del impresionismo, es un faro de creatividad y expresión artística. 

De hecho, la palabra ‘impresionismo’ se acuñó a raíz de una de sus obras más emblemáticas, ‘Impresión, sol naciente’ (1872). Monet fue un pionero, un innovador, un visionario que transformó la forma en la que el mundo veía y experimentaba el arte. A través de su paleta mágica, capturó la esencia misma de la vida y la naturaleza en sus lienzos. 

Pero lo que le hace inigualable es su filosofía de la pintura. Su enfoque, que se puede apreciar en sus famosas series de pinturas, era retratar la naturaleza tal como es: siempre cambiante. 

Cada vez que abordaba el mismo motivo, no era una mera repetición; era una exploración de la variación y la evolución constante de la luz, el color y la atmósfera. Entendía que el mundo no es estático, que el viento y las sombras danzan en constante armonía, y que los ojos de un artista deben reflejar esta danza eterna. 

Los campos de nenúfares, los jardines floridos, los amaneceres y atardeceres, los puentes japoneses y los reflejos en el agua, todos se convirtieron en sus musas. A través de sus ojos, el mundo se volvía lírico, vibrante y efímero. Las estaciones, las horas del día y las condiciones climáticas eran pinceles en sus manos, y los lienzos eran su lienzo, donde tejía la poesía de la luz y el color. 

A lo largo de su vida prolífica, creó series de pinturas que siguen inspirando a generaciones de artistas y admiradores del arte. Sus Nenúfares, su Catedral de Ruan, sus Puentes japoneses, sus Series de estaciones de tren, cada una de estas colecciones es un testamento a su visión única y a su dedicación inquebrantable. Cada trazo de pincel es un suspiro de la naturaleza, un reflejo de la impermanencia de la vida. 

Monet falleció el 5 de diciembre de 1926, pero su legado sigue vivo. Sus pinceladas, impregnadas de amor por la naturaleza y la vida, siguen inspirando a artistas de todo el mundo. El artista es un faro que ilumina el camino de aquellos que buscan la belleza en lo efímero, la emoción en la luz que cambia y la impresión de un momento que nunca volverá. En sus obras encontramos la esencia de la vida misma, capturada en un lienzo para la eternidad. 

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