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Lifestyle

La senda del mármol

Por Pedro Madera

A-334: Cuando la piedra puede al asfalto, el Valle de Almanzora 

Codiciado en todo el mundo, el mármol de Macael se ha utilizado desde hace siglos por todas las civilizaciones que se asentaron en la Península 

El interior de Almería tiene una belleza dramática. Entre huertas, almendros, jamones, montañas, llanuras y canteras, se encuentra una de esas rutas que resulta un auténtico placer descubrir sin prisa.  En el valle del Almanzora, los secretos ya no se pueden esconder. El mármol es la gran seña de identidad y la carretera es un hilo de emociones que siempre está en proceso de mejora.  Aquí, su gran lujo es la autenticidad.  

En alguna de las ventas que quedan junto a la senda natural del río, transformada en una de las mejores Vías Verdes de España, los parroquianos hacen frecuentemente la broma del alfabeto a los recién llegados.  

  • Almanzora es el Valle del Alfabeto 
  • ¿Y eso? 
  • Pues empieza con la A en Alcóntar y acaba con la Z en Zurgena 

Y entre café, bocadillo de jamón del Tío Emilio y patatas de la Tijoleña, sigue la vida. En el valle, la creatividad se integra en un paisaje áspero y duro, pero extremadamente seductor. Algo tiene esta tierra que atrapa al que llega. Puede ser por el color blanco que inunda las calles y fachadas de esta comarca, el mismo color que el de su famosísimo mármol, que ha dado a los pueblos del valle del Almanzora una personalidad y paisajes propios. 

Si a esto le unimos que el genio de Antonio López deja grandes dosis de su arte en plena calle, pues entendemos la motivación para recorrer por primera vez la A-334 o para volver a algunos de sus pueblos. Su escultura de mármol en Olula del Río se ha convertido en un símbolo del valle. Además, contamos también con el Museo Casa Ibáñez y con el Centro de Fotografía Carlos Perez Siquier, el arte aparece en cascada para sorpresa de muchos de los que paran por primera vez.    

Algo parecido sucede son Serón, seguramente, una de las localidades más monumentales de esta ruta. Por eso se merece una visita tranquila con la que conocer a fondo los secretos de este pueblo fundado por nazaríes en el siglo XIII como fortaleza defensiva. Merece la pena pasear y poner a prueba nuestros gemelos en sus estrechas calles, que suben hasta el castillo nazarí, desde donde hay una espectacular panorámica con las casas encaladas de esta población colgando de la ladera. Sus quesos, sus embutidos y el trabajo de un buen panadero de pueblo dicen mucho de esta tierra.  

Los aficionados a carreteras con curvas encaran el desvío hasta Las Menas para conocer el viejo poblado minero y subir luego al Observatorio de Calar Alto, un auténtico mirador natural que demuestra que Almería también entiende de montañas y nieve.  

En todo el recorrido hay sensación de lo inacabado. Siguiendo camino por la A-334 llegaremos enseguida a Tíjola, con su original Plaza Mayor en la que destaca un ayuntamiento sin complejos, con su poderosa fachada amarilla. Sin embargo, todo el mundo conoce ese pueblo por su piscina natural, también conocida como Balsa de Cela, un pequeño paraíso, o no tan pequeño, de aguas termales que emergen de manera natural con un caudal constante de 42 litros por segundo y una temperatura que se mantiene en las distintas épocas del año entre 22 y 24 grados centígrados.  

Curiosamente, la zona puede presumir de la microciudad Cosentino, de sus nieves en invierno y una gran masa forestal. Entre bosque y caminos de cabras, también podemos adentrarnos en los pueblos de la Sierra de Filabres. Alcontar, Laroya, Lúcar o Sierro son pueblos con alma que merecen ser disfrutados sin prisas. 

Purchena es un buen referente. En sus calles se deja ver el legado que los árabes dejaron al pie del pequeño cerro donde se ubica. Si hay tiempo, sorprenderá la Torre del Agua, la Alcazaba y el Museo Municipal de Arqueología Islámica, que son algunos de sus reclamos turísticos. 

Todo este escenario no se entiende sin el mármol. Estamos al lado de Macael y de sus prestigiosas canteras. Hay que prepararse para entrar en un lugar como de otro mundo, al que los más deportistas pueden llegar a través del llamado Sendero del Mármol. 

Se trata de unos cuatro kilómetros y medio que unen el pueblo con las canteras a través del antiguo camino por donde bajaban los bloques de mármol en carretas tiradas por bueyes, un camino que discurre casi en paralelo al circuito del mítico rally ‘Subida del Mármol’ que lleva más de seis décadas celebrándose. 

La imagen al alcanzar el punto de entrada impresiona, y mucho. Tanto, que no ha pasado desapercibida para directores de cine que dan mucha importancia a las localizaciones espectaculares. Entre ellos, Ridley Scott, que rodó en este lugar secuencias de ‘Exodus’ mostrando la majestuosidad de un paisaje imposible. 

Codiciado en todo el mundo, el mármol de Macael se ha utilizado desde hace siglos por todas las civilizaciones que se asentaron en la península. Hay una parte de él en la Alhambra, en la mezquita de Córdoba, en el Teatro de Mérida, en el monasterio de El Escorial… Cuentan la historia de esta materia prima que es el centro de la actividad económica del valle del Almanzora. Desde hace unos años, hay visitas guiadas por las canteras para los que quieran conocer aún más sobre el mármol, que por supuesto forma parte de las calles de la localidad con toda naturalidad. 

Pero las manos de muchos de los habitantes del valle no solo trabajan el mármol. La cerámica y la alfarería también llevan siglos siendo actividades de la zona muy reconocidas en el mercado. Al igual que los trabajos con esparto especialmente en Serón, donde se creó una pequeña industria artesana debido a la gran demanda de sogas y cuerdas de buques desde finales del XVIII. Creatividad y trabajo son dos conceptos que, en el Valle de Almanzora, se conocen muy bien. 

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