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Opinión

Por Francisco J. Delgado

A propósito del Día Mundial de la Ciencia (para la Paz y el Desarrollo) 

El investigador y el innovador deben tener el reconocimiento que se merecen, social incluido, igual que otros actores fundamentales como empresarios o mecenas

El Día de la Ciencia, el pasado 10 de noviembre, es una buena excusa para revisar el estado de la cuestión en nuestro país, identificar nuestras fortalezas y emprender acciones para mejorar nuestras debilidades. Sin duda, en buena medida, los fondos europeos Next Generation EU están llamados a transformar e impulsar a nuestro país en estos ámbitos.  

Siendo un campo extenso, y dejando necesariamente puntos fuera del análisis en un artículo de estas características, podemos comentar brevemente algunos aspectos relevantes. Claramente, la I+D no es nuestro fuerte. Nuestra intensidad (en porcentaje del PIB) ronda el 1,4%, bien lejos de los objetivos (2% y 3%) y de la media de la UE, en torno al 2,3%. Y, por supuesto, muy alejados de los líderes europeos -en torno al 3,5%- y mundiales. Además, es necesario destacar que el sector privado presenta cifras más bajas en comparativa internacional que el sector público. Estas mismas tendencias son válidas también para los recursos humanos involucrados en actividades de I+D. 

En cuanto a innovación, según el European Innovation Scoreboard 2023 de la UE, estamos en el tercer grupo, de cuatro bloques, denominado ‘innovadores moderados’. En este segmento, estamos junto a países como Italia, Portugal o Grecia. En el grupo de cabeza están Dinamarca, Suecia y Finlandia. 

Las exportaciones high-tech (2021) representaron el 6,8% en España, frente al 17,7% de la UE. Y el empleo en industria de alta tecnología y servicios intensivos en conocimiento, un 4%, frente a la media europea del 5,9%. Unos datos que revelan, muy a las claras, la necesidad de un fuerte impulso en sectores de alta tecnología en nuestro país. 

En las patentes, uno de los principales indicadores de innovación en la literatura académica, también tenemos mucho recorrido. En 2022, registramos 40,6 invenciones por millón de habitantes -más allá del debate sobre su consideración-, mientras que en la UE27 son 151,1. En este aspecto, destacan Luxemburgo (531,5), Suecia (481,8) y Dinamarca (453,2). 

Tenemos un buen sistema universitario, que avanza en publicaciones científicas y extensión por el territorio. Aunque no tenemos ninguna entre las 100 mejores del mundo, por su relativa juventud y limitados presupuestos, amén de varias rigideces y fallos (contratación, evaluación...). 

Entre las distintas clasificaciones mundiales de universidades, sin duda, el ranking de Shanghái (ARWU) es el más destacado, donde los criterios incluyen, por ejemplo, los Premios Nobel. Esta clasificación la encabezan las universidades Harvard, Stanford, MIT, Cambridge y Berkeley. Según este listado, las mejores universidades españolas son las de Barcelona y Granada (200-300).   

Si atendemos a la conexión entre universidad y empresa, aunque se ha incrementado en los últimos años, podemos afirmar que están bastante desconectadas en general, con excepciones, claro. Faltan programas públicos ambiciosos, valoración mutua entre universidad y empresa y reconocimiento de estas actividades para los universitarios. Estoy convencido de que el desconocimiento se puede superar, y que ambos pueden beneficiarse enormemente de una mayor interacción. 

Y en lo relativo a la percepción social y política de la ciencia, aunque la sociedad la valora, debemos seguir trabajando en la divulgación para mejorar la percepción por parte de la sociedad, que vea la bondad de invertir más, así como el retorno social. El investigador y el innovador deben tener el reconocimiento que se merecen, social incluido, al igual que otros actores fundamentales como empresarios o mecenas. Asimismo, es importante fomentar el papel de la ciencia en la política, tarea donde la iniciativa ‘Ciencia en el Parlamento’ puede tener repercusión.  

En suma, el Día mundial de la Ciencia debe servir para concienciar de la necesidad de dar un importante salto en I+D, innovación y alta tecnología, acercar definitivamente a universidades y empresas, y trabajar intensamente para que la percepción social sea la que se merece, así como extender la ciencia en el ámbito político como una forma de hacer mejor lo público.   

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