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Opinión

Por Redacción Capital

El humanismo que nos salvará

“Debemos apostar por una tecnología al servicio de las personas, tenemos el deber moral de revertir la situación de la sociedad” 

En los medios de comunicación hay muchos artículos e informes que coinciden en destacar los beneficios que nos va a ir proporcionando el internet de las cosas, la digitalización de las cosas y la inteligencia artificial (IA) aplicada a las cosas… Se nos está poniendo cara de ‘cosa y somos personas. 

Si tomamos la IA/apps como una herramienta al servicio de necesidades habituales o no tan habituales, es sin duda un gran avance que simplificará y hará más fáciles algunos procesos o actividades. ¡Obvio! Sin embargo, debemos ser conscientes de que esto traerá, antes o después, una gran dificultad asociada: la frialdad en las relaciones humanas. 

Tal y como sostiene Adela Cortina, catedrática de sociología de la Universidad de Valencia, “un tigre nace, crece, se reproduce y muere tigre. Es imposible que se pueda ‘destigrar’”. Sin embargo, un ser humano sí se puede deshumanizar. La digitalización debe ser complementaria al ser humano, nunca sustitutiva. Si no, tendremos la deshumanización en bandeja y la estaremos fomentando. 

Nos deshumanizamos cuando dejamos de ofrecer cercanía y reducimos a mínimos el contacto personal con quienes compartimos sociedad, por pura comodidad, pereza o incompetencia social. Nos da vergüenza descubrirnos inmaduros en lo emocional e inseguros en la habilidad de comunicarnos… “Al fin y al cabo, con la IA/apps lo puedo resolver sin exponerme”. Nos quejamos repetidamente de la sociedad, pero se nos olvida que en realidad nos estamos quejando de nosotros mismos y de nuestros deshumanizados comportamientos. 

Cuando rechazamos a quien tiene una forma de pensar distinta a la nuestra, le señalamos, juzgamos y arrinconamos. ¿Y qué tal si hiciéramos por descubrirle como una persona legítima con dignidad y nos esforzásemos en salir a su encuentro, dejando atrás etiquetas y nuestra trinchera ciber-digital? ¿Cuántos de nosotros nos comunicamos de manera constante con nuestros compañeros; equipos; maridos; mujeres; padres; hijos y amigos por medio de las aplicaciones de mensajería? Y en el plano profesional y de trabajo, ¿cuántos malentendidos generamos por una deficiente redacción y una lectura sesgada? ¿Qué tal una sana conversación para debatir? 

¿Podrá la IA/apps demostrar lealtad, transmitir humildad o apreciar la belleza interior de alguien? ¿Quién es capaz de dar un abrazo entrañable en un mensaje de texto? Para esto hace falta poner el alma, algo de lo que carecen todas las maquinas que inventemos, por muy bien diseñadas que estén. 

Que una IA/app de atención al cliente nos pida perdón, nos importa bien poco; que lo haga un compañero de trabajo reconociendo una mala praxis, nos emociona. Que una IA/app nos envíe un mensaje de condolencias tras cruzar datos, nos importa bien poco; que lo haga un amigo en el momento preciso, nos emociona. Que un banco nos ofrezca un crédito en condiciones ventajosas tras analizar nuestro perfil en el universo Big Data, nos importa bien poco; que un familiar nos tienda la mano y nos ofrezca una ayuda económica para salir de un apuro, nos emociona. Y así hasta el infinito. ¡Recuerda que te emocionas cuando los comportamientos de los otros te tocan el alma porque les salen del corazón! 

Sin restarle importancia a las oportunidades que nos ofrece la tecnología para la sociedad, debemos apostar decididamente por una tecnología al servicio de las personas, que, por ejemplo, apoye el conocimiento y la comunicación, complementando la iniciativa humana. Es crítico que le demos el lugar que le corresponde y el protagonismo que merece. Nada más y nada menos. 

Dicho esto, hagamos siempre todo lo que esté a nuestro alcance para llevar rectitud de afecto, cercanía y serenidad a la vida de alguien, tanto en el ámbito profesional, como en el privado. Al igual que hacen las abejas en el proceso de polinización, seamos todos protagonistas polinizadores en el proceso de rehumanizar nuestra sociedad. Si en algún momento fuimos generadores de daño y vacío -que seguro que sí-, ya va siendo hora de que lo reparemos, al margen de que sigamos siendo usuarios de IA/app. 

Tenemos el deber moral de revertir la situación de la sociedad. Seamos amables, hagamos el bien, tendamos la mano, prestemos atención a quien necesita escucha, miremos a los ojos, etc. Es el humanismo que nos salvará. 

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