La inteligencia artificial (IA) está cambiando la concepción de los procesos de negocio y ha puesto de relieve la importancia de su materia prima: el dato. En la actualidad, las compañías han acogido con los brazos abiertos un avance sin precedentes, que supera en impacto a la llegada de Internet y se han lanzado a integrar soluciones basadas en IA. Según un estudio de McKinsey, un 65% de las organizaciones implementa este tipo de soluciones en sus radios de acción.
Asimismo, la IA no solo es aplicable a procesos externos, sino que, correctamente utilizada y con una formación apropiada, se está convirtiendo en un pilar fundamental en el día a día de todos los trabajadores, incluyendo la alta dirección. De hecho, son muchas las veces en las que se reflexiona sobre cómo puede implementar un trabajador la IA en su rutina, pero la cuestión no es esa. A estas alturas, la pregunta es: ¿cómo puede un trabajador no implementar la IA en su rutina?
A día de hoy, es prácticamente inevitable no aplicar la IA en nuestro día a día. Si nos paramos a pensar, cuando usamos asistentes virtuales como Siri, Google Assistant o Copilot para delegar tareas administrativas, desde buscar la mejor ruta para llegar a una reunión o redactar y enviar un correo electrónico, estamos haciendo un uso directo de la IA.
Por ejemplo, uno de los casos de uso más extendidos es el del análisis de información. Las empresas no se limitan a emplear un modelo de machine learning para analizar el comportamiento de los visitantes a una página web, por ejemplo, sino que están yendo más allá, aprovechando las capacidades de análisis que incorporan las herramientas que utilizamos en nuestro día a día, como Acrobat Reader. La popular solución de Adobe cuenta con un asistente basado en IA que analiza cada documento que abrimos para resumirlo de forma automática y ofrecer una serie de sugerencias, en forma de preguntas, sobre el texto.
Las ventajas de la IA son numerosas, pero esta ha de implementarse de forma paulatina y consciente, por lo que es de vital importancia hacerlo de forma gradual y empezando por la automatización de tareas sencillas. Además, se han de elegir las herramientas adecuadas y, para ello, se ha de investigar y seleccionar las que mejor se adapten a las necesidades de cada organización.
“Es primordial que los perfiles técnicos y responsables de la toma de decisiones -CIOs, CISOs o CDOs- estén alineados con el departamento de recursos humanos”
Con todo, hay un aspecto que es fundamental y sin el que los anteriores carecen de valor: la formación. Para poder trabajar de forma eficiente, segura y obtener el máximo rendimiento de este tipo de soluciones es fundamental contar con una formación ad hoc y ser consciente de que la capacitación es el mayor aliado para poder sacar el máximo rédito.
Para ello, es primordial que los perfiles técnicos y responsables de la toma de decisiones, como CIOs, CISOs o CDOs, estén alineados con el departamento de recursos humanos y, de este modo, poder trabajar de forma colaborativa para trazar un plan formativo que se adapte a las necesidades del puesto y permita a los empleados obtener las mayores ventajas competitivas, eficiencia y productividad de las soluciones basadas en IA.
Un ejemplo de las ventajas que supone la integración de estas herramientas en las organizaciones pasa por la automatización de tareas recurrentes. En el departamento de RRHH cada vez son más los softwares que emplean la IA para automatizar la gestión de la nómina, contestar dudas frecuentes en el portal del empleado o filtrar perfiles laborales de forma objetiva y sin sesgos. Al asumir estas tareas, la tecnología libera a los trabajadores para que realmente centren su actividad en aquellas acciones que requieren de un valor humano diferencial.
Así, independientemente de la posición laboral, la inteligencia artificial ofrece un amplio abanico de ventajas que, correctamente utilizadas, pueden redundar en un aumento de la productividad, competitividad y eficiencia. Factores ampliamente diferenciales en un mercado cada vez más globalizado y exigente.