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Opinión

Por Antonio Crespo

Tecnología e inversión alternativa 

"Muchas empresas tecnológicas, especialmente aquellas de mayor tamaño y capacidad financiera, ven la compra de compañías especializadas como una alternativa a la contratación” 

Hace apenas una década, los mercados de inversión alternativa apenas prestaban atención a las tecnologías de la información, especialmente en Europa. Existían razones de diversa índole: por un lado, Estados Unidos era el claro dominador del sector tecnológico, tanto por los mayores índices de innovación como por la masa crítica de su mercado, que facilita una mayor escalabilidad. A ello se unía una mentalidad tradicional en los inversores y gestores europeos ante un sector menos maduro, más volátil y difícil de predecir en una proyección de balances y cuentas de resultados. 

En los últimos dos años, se ha producido un cambio estructural en el posicionamiento de este sector. En primer lugar, la pandemia puso de relieve la necesidad de acelerar un cambio en el modelo productivo. De la noche a la mañana, las TIC pasaron a ser un elemento esencial para garantizar la supervivencia del tejido empresarial. 

Junto a la abundancia de capital, este hecho provocó un crecimiento de los múltiplos en el sector y el refuerzo de las capacidades digitales y tecnológicas de las firmas españolas de capital riesgo. Las políticas gubernamentales de refuerzo de los instrumentos públicos de financiación y la atracción de fondos internacionales han contribuido a acelerar la inversión en proyectos tecnológicos. 

Durante el primer semestre de este año, la actividad de fusiones y adquisiciones (M&A) del sector se ha visto igualmente afectada por los mismos factores que para el resto de las industrias -inestabilidad geopolítica, elevados tipos de interés y nuevos aspectos regulatorios-. No obstante, en el mercado español se materializaron, en este mismo periodo, la nada despreciable cifra de 26 operaciones corporativas. 

Las mayores empresas compradoras han sido Seidor, Izertis, Plenius y Sngular, sumando entre las cuatro un total de 12 operaciones. Y, aunque siguen existiendo temores a una recesión económica global, la inflación se está desacelerando, la escalada de tipos de interés parece estar llegando a su fin, y una nueva revolución ha irrumpido con fuerza en el mercado. 

El lanzamiento de ChatGPT por parte de OpenAI en noviembre del pasado año, y de la nueva versión de GPT4 en marzo del presente, están suponiendo un cambio de paradigma en muchos verticales. Sin duda, la inteligencia artificial (IA) va a cobrar un renovado protagonismo en la mejora de la productividad de las empresas, en la expansión hacia otros servicios y en la potencial entrada en nuevos mercados, a través de una amplia variedad de casos de uso. A ello se une una mayor madurez por parte de las empresas en la adopción de modelos basados en la nube que, desde el punto de vista del inversor, ofrecen una mayor predictibilidad y recurrencia de ingresos, con flujos de caja estables. 

Adicionalmente, la escasez de perfiles cualificados unida a la fuerte demanda experimentada en los últimos dos años ha supuesto una inflación significativa en los salarios de los perfiles tecnológicos y una dificultad añadida para atraer y retener talento. A ello se suma un cambio de mentalidad en las nuevas generaciones, en búsqueda de proyectos personales y de culturas empresariales más afines a los nuevos tiempos. 

Estos factores ahondan en la dificultad de crecer de manera orgánica y están llevando a muchas empresas, especialmente aquellas de mayor tamaño y capacidad financiera, a entender la compra de compañías especializadas como una alternativa a la contratación y una solución a la falta de talento experto y suficientemente cualificado. 

Todo esto se va a traducir en nuevas oportunidades y en un crecimiento del mercado de transacciones, que serán protagonizadas por grupos corporativos o por fondos de capital privado. Debido a la todavía escasa madurez y consolidación del sector tecnológico, serán operaciones de tamaño mediano, pero con buenas expectativas de retorno en el medio y largo plazos. 

En definitiva, el mercado de tecnologías de la información supondrá durante el próximo año una oportunidad para que los inversores pongan foco en su reposicionamiento estratégico, optimizando sus carteras y apostando por los cambios estructurales derivados de la digitalización. 

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