Donald Trump ha vuelto a encender la mecha del proteccionismo económico. En un movimiento de gran impacto geopolítico y comercial, el presidente estadounidense ha confirmado que el próximo 2 de abril se convertirá en el llamado "Día de la Liberación": una jornada simbólica en la que Estados Unidos recupera -según su visión- el control de sus relaciones comerciales mediante la imposición de una batería de nuevos aranceles.
Las medidas, que entrarán en vigor ese mismo día, incluyen un arancel del 25% a todos los vehículos y piezas de automóviles importados, con excepciones puntuales para México y Canadá, siempre que estos productos incluyan valor añadido de origen estadounidense. Trump ha justificado esta decisión como parte de una estrategia para repatriar la producción industrial y reducir el déficit comercial.
Además, ha anunciado aranceles "recíprocos" a productos de países que, según él, "se han aprovechado de Estados Unidos durante años". Entre los afectados estarían China, la Unión Europea, Japón, Corea del Sur, India, México y otros socios comerciales. Trump ha prometido actuar con dureza contra cualquier economía que, a su juicio, mantenga barreras injustas a los productos estadounidenses.
Uno de los anuncios más controvertidos ha sido la imposición de un arancel del 25% al petróleo y gas comprados a Venezuela por terceros países. Esta medida, que apunta directamente a las exportaciones energéticas de Caracas, también golpea a empresas extranjeras como Repsol, que podrían ver bloqueados sus permisos para operar con crudo venezolano.
Ante esta ofensiva comercial, la Unión Europea ha reaccionado con cautela pero firmeza. Bruselas ya trabaja en una respuesta coordinada, aunque ha decidido posponer su paquete inicial de represalias hasta contar con una lista definitiva de productos estadounidenses a gravar. La Comisión Europea insiste en que estos aranceles suponen una amenaza directa al comercio internacional y estudia denunciar las medidas ante la OMC.
Analistas económicos internacionales advierten de que esta nueva fase de proteccionismo podría tener consecuencias graves: tensiones diplomáticas, encarecimiento de productos clave, distorsiones en las cadenas de suministro globales y un impacto negativo en el crecimiento económico tanto de Estados Unidos como de sus socios comerciales.
Así, Trump redobla su apuesta por una política económica nacionalista y confrontativa, marcando distancias con la diplomacia multilateral. El 2 de abril podría ser, según sus seguidores, un día de recuperación económica... o el inicio de una tormenta global.
Aranceles que prepara Donald Trump para el "Día de la Liberación"
PUno de los pilares centrales de esta nueva política comercial será la imposición de aranceles "recíprocos" a las importaciones provenientes de países que, según su administración, han mantenido barreras injustas contra los productos y servicios estadounidenses. Entre los principales afectados estarían la Unión Europea, China, México, Canadá, Japón, India y Corea del Sur.
Además, Trump impondrá un arancel del 25% a todos los vehículos y componentes de automóviles importados, salvo en el caso de México y Canadá, siempre que el producto incluya un porcentaje significativo de valor añadido de origen estadounidense. Esta medida busca revitalizar la industria automotriz nacional y reducir el déficit comercial del sector.
En el ámbito energético, Trump ha anunciado también un arancel del 25% a cualquier país que compre petróleo o gas de Venezuela. Esta medida, que pretende presionar al régimen de Nicolás Maduro, podría tener efectos colaterales importantes, especialmente para empresas europeas como Repsol, que opera en el país caribeño y podría ver cancelados sus permisos de exportación.
Aunque aún no está confirmado, se especula con la posibilidad de que nuevas rondas de aranceles incluyan productos agrícolas europeos, tecnología asiática y bienes industriales pesados procedentes de Alemania o Japón.
EEUU anula permisos a varias petroleras, incluida Repsol, para exportar crudo de Venezuela