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¿Economía libre, sin Unión Europea?

“Debemos ofrecerle al euroescepticismo soluciones para rechazar las posiciones antiliberales, antidemocráticas o de nacionalismo autárquico”  En junio de 2024 se celebrarán elecciones europeas. En la legislatura de 2014-2019, un 25% de los escaños estaban ocupados por gentes nada o poco afectos a la propia Unión Europea. En la legislatura vigente, 2019-2024, los desafectos están en torno al 44% y pueden crecer, a izquierda y derecha, en menos de un año.  La crisis económica de 2007 nos dejó una ola de pesimismo que invadió a toda la sociedad occidental. En España, una gran masa de jóvenes (el 25% de los cuales nunca acabaría la ESO) descubrió que la sociedad no le ofrecía futuro alguno y fue seducida por cantos populistas de sirenas de diversa escama. Para demasiados, la democracia había fracasado, como si fuera algo más que un sistema de asignación del poder mediante el voto ciudadano. Lo mismo ocurría en Europa. ¡Quizá renegaran de la libertad!   Los dos partidos mayoritarios, con independencia de otras culpas, no supieron enfrentarse al nuevo escenario. El PSOE abandonó la socialdemocracia abrazada desde 1979, sólo por el poder. La desideologización cegata del PP alimentó el populismo de derechas. Llegó el 23-J, y los populismos (zurdo o diestro), cada uno con cerca del 10% de la Cámara, y el “poole” nacionalista, con casi otro 10%, hicieron imposible la esperanza. Este escaso 30% es reflejo de una sociedad enferma de pesimismo autodestructivo.   Y, como decorado, la crisis de la Civilización Occidental, alimentada por el ‘todo vale’ de un relativismo facilón que ha sepultado valores ayer incontestables.  Europa, dijo Macron, “no es un supermercado, sino un destino común” que, además, existía antes que las naciones europeas. Europa es una autentica nación de naciones que desde el final de la II Guerra Mundial ha hecho mucho camino en la…