La salud de las mujeres continúa siendo analizada principalmente desde el punto de vista de la maternidad, aunque la mayoría de las muertes femeninas ocurren fuera de este periodo. Así lo señala un reciente informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que alerta sobre la longevidad de las mujeres sin asegurarles buena salud y destaca las desigualdades en la mortalidad vinculadas al lugar de residencia.
Natasha Azzopardi-Muscat, directora de Sistemas de Salud de la OMS/Europa, afirma que "las mujeres son más que madres, y los sistemas de salud deben tratarlas como tal". Además, hace un llamado a los Estados Miembros de la Región Europea para que eliminen las barreras que impiden el acceso de mujeres y niñas a la atención sanitaria. También subraya la importancia de mejorar los datos sobre las causas de muerte y de integrar la prevención de la violencia en las políticas nacionales de salud.
El informe destaca que en las últimas dos décadas, la mortalidad materna general ha disminuido en la Región Europea de la OMS. Este progreso se debe a mejoras en la atención clínica, mayor vigilancia y sostenido interés político. Sin embargo, la OMS enfatiza que casi todas las muertes maternas se pueden prevenir con intervenciones de salud pública efectivas y atención de calidad. A pesar de ello, más de 3.500 mujeres fallecieron por causas maternas entre 2018 y 2022 en esta región.
A pesar de una reducción general en la mortalidad femenina desde 2000, persisten importantes desigualdades geográficas que afectan la calidad de vida de las mujeres según su lugar de residencia
El informe revela que las mujeres de Asia Central, Europa Oriental y Asia Occidental enfrentan tasas de mortalidad superiores a las de Europa Septentrional, Meridional y Occidental. Esta brecha permanece inalterada desde hace más de 20 años.
Además, entre las mujeres mayores de 45 años, es común encontrar causas de muerte clasificadas en términos poco específicos, como fragilidad o insuficiencia cardíaca. En este grupo, las mujeres tienen un 14% más de probabilidades que los hombres de tener una causa de muerte mal definida, lo cual podría atribuirse a diagnósticos tardíos, menos pruebas y su escasa representación en la investigación clínica, especialmente en enfermedades cardiovasculares.
La violencia también subyace como un problema infravalorado; su impacto y prevalencia son potencialmente mayores de lo que sugieren los datos. Muchas veces, la violencia contra las mujeres es subestimada debido a estigmas, normas sociales o problemas legales, dificultando su medición real. Además, aunque se percibe como un problema de las mujeres jóvenes, la violencia continúa en las etapas avanzadas de la vida, con riesgos persistentes para el feminicidio.
Finalmente, el informe señala que la presencia femenina en la investigación clínica sigue siendo deficiente, especialmente en cuanto a enfermedades cardiovasculares, lo que retrasa el diagnóstico y tratamiento efectivos.
