El informe publicado recientemente por el Banco de Pagos Internacionales (BPI) destaca el impacto potencial de la inteligencia artificial (IA) en indicadores cruciales como los tipos de interés naturales y el empleo. Según el documento, la creciente presencia de la IA podría aumentar el riesgo de una gestión inadecuada por parte de los bancos centrales en términos de política monetaria.
Los autores del estudio señalan que la incertidumbre asociada con los efectos de la IA genera desafíos significativos para la estabilidad financiera y la política monetaria. La inteligencia artificial puede influir tanto en la oferta como en la demanda de manera cíclica y estructural, complicando así la evaluación de las tendencias económicas. Además, una elevada actividad económica puede ser reflejo de factores de demanda temporales, no de un incremento sostenido en la producción, mientras que las mejoras en productividad se manifiestan de forma desigual y son difíciles de cuantificar.
El auge de la IA tiene el potencial de modificar indicadores esenciales para la política monetaria, como los tipos de interés naturales y el desempleo
El BPI advierte que la IA puede ejercer una presión al alza sobre la inflación en el corto plazo, antes de producir efectos desinflacionarios al incrementar la productividad. Este escenario requiere que los bancos centrales adopten un enfoque gradual y basado en datos para evitar políticas monetarias excesivamente expansivas o restrictivas. El Banco Central Europeo defiende esta perspectiva como una forma de minimizar riesgos asociados.
Por otro lado, el auge de la IA también podría tener implicaciones significativas para la estabilidad financiera, alterando modelos de negocio en sectores específicos y afectando a sus cotizaciones y perspectivas laborales. Esto ya se observó en el sector de software como servicio en febrero de 2026. Además, los beneficios elevados de las exportaciones pueden llevar a la formación de burbujas en los precios de activos nacionales.
Finalmente, el informe resalta que las expectativas excesivamente optimistas sobre el impacto de la IA podrían provocar sobreinversión, mala asignación de recursos y deterioro de la calidad crediticia. Una corrección en los precios de los activos podría endurecer las condiciones financieras, frenar la inversión y debilitar la demanda agregada.
